Envejecimiento saludable

El impacto de la no digitalización de la salud

Fotografía: Robert Hundley (Fuente: Pixabay).

Durante años se han estado desarrollando nuevas tecnologías en otros sectores (finanzas, viajes, transporte, comunicación, comercio…) que han supuesto una revolución y que hoy en día han creado nuevos hábitos en cómo consumimos estos productos y servicios a diario, tanto a los más mayores como a los más pequeños. Pocas personas nos asombramos ya de que Amazon tarde horas en traerte a casa tu último producto, que hables con un amigo en tiempo real que vive en otro huso horario o que puedas reservar un viaje completo para la familia a la otra punta del planeta en minutos.

Esta revolución ha abierto un abanico de nuevas posibilidades para que la oferta sea prácticamente infinita y que tengamos una mayor capacidad de decisión cuando tenemos que adquirir aquello que necesitamos. Los canales habituales de consumo continúan existiendo pero muchos de nosotros, y cada vez somos más, preferimos usar el canal digital en muchas ocasiones por su rapidez, comodidad y capacidad de comparación entre otros motivos.

Así lo confirma el Instituto Nacional de Estadística (INE),  no sólo para las personas de mediana edad, en quienes solemos pensar siempre en primer lugar cuando hablamos de uso de la tecnología, sino también en personas mayores entre 65 y 74 años donde se encuentra el grupo con mayor incremento de uso de las TIC  (Tecnologías de la información y la Comunicación) desde el año 2020, con 3,6 puntos y 9,7 puntos más que en 2019. Reduciendo la brecha digital que existía en 2007 entre los más jóvenes (16 a 24 años) de un 78,6 % de diferencia a menos de un 35 % en la actualidad.

Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares. Año 2021 (Fuente: INE).

Sin embargo, en sectores como la salud, esta transformación y cambio de hábitos se están produciendo desde la famosa pandemia y no es casualidad. Todos conocemos o hemos experimentado los problemas de nuestro sistema sanitario, listas de espera por encima de lo recomendado por instituciones científicas (en 2022 batimos el récord  de la serie histórica con más de 706.000 pacientes esperando más de 6 meses), elevado burnout (agotamiento) de nuestros profesionales sanitarios por sobrecarga de trabajo (más del 60 % de los profesionales de urgencias tienen al menos un síntoma de este síndrome y se plantean abandonar la profesión), servicios de urgencias saturados (regiones con más de 8 horas de espera en Urgencias) entre otras situaciones.  Estas ineficiencias o “resultados mejorables” no son gratuitos, tienen un impacto directo en nuestra salud poblacional, en nuestros profesionales sanitarios y en nuestros bolsillos.

Fotografía: Ernesto Eslava (Fuente: Unsplash).

Hasta hace unos años, los gurús mundiales en materia de gestión sanitaria nos decían que las estrategias para mejorar los sistemas sanitarios tenían que estar enfocadas en: mejorar la experiencia de los pacientes (satisfacción y calidad), mejorar los resultados clínicos en la población y reducir costes per cápita de la atención sanitaria (lo que se conoce por Triple objetivo —Triple Aim—). Sin embargo, recientemente han incorporado un nuevo ítem, Satisfacción del profesional sanitario (cuádruple objetivo —Quadruple Aim—). Así lo enseñan en instituciones como la Universidad de Harvard o el   Massachusetts Institute of Technology (MIT) a los líderes que acuden a formarse para transformar la actual situación sanitaria en un futuro mejor.

No es coincidencia que estas situaciones anteriormente mencionadas coincidan con la elaboración y despliegue de los planes estratégicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) por digitalizar la salud (Estrategia Mundial sobre Salud Digital 2020-2026) y que España tenga el suyo propio (Estrategia de Salud Digital – 2021) con un presupuesto de unos 230 millones de euros para la transformación Digital de la Atención Primaria. Esto que ocurre en nuestro país está sucediendo en toda Europa,  Estados Unidos y en el mundo. Necesitamos un sistema sanitario que sea sostenible y siga los 4 objetivos mencionados anteriormente para responder a las situaciones que ponen en riesgo nuestra salud en la actualidad y aquellas que están por venir. Para ello, estos gurús nos dicen a las personas que trabajamos en este campo que necesitamos ayudar a los sistemas sanitarios a través de la digitalización como vehículo para conseguir esta mejora. Pero tampoco es coincidencia que se plantee como una de las posibles soluciones, ya que en España el 93,9 % de la población de 16 a 74 años ha usado Internet en los tres últimos meses, lo que indica que somos una sociedad familiarizada con este vehículo para conseguir aquello que necesitamos.

Fotografía: National Cancer Institute (Fuente: Unsplash).

Sin embargo, digitalizar la salud no es lo mismo que no volver a ver al médico y a la enfermera nunca más o que Google me prescriba el fármaco que debo tomar para el dolor de garganta. Digitalizar la salud es ofrecer herramientas a nuestros profesionales sanitarios para que puedan ayudarnos a gestionar mejor nuestras enfermedades, pasar menos tiempo en el hospital y más en casa y mejorar las ineficiencias a la hora de solicitar que nos atiendan en la vía en la que preferimos (presencial, híbrida u online) reduciendo así parte de la presión asistencial. Del mismo modo, no sólo nos ayudan a nosotros como “clientes o usuarios” sino también permite ofrecer más tiempo a nuestros sanitarios para poder combinar la asistencia clínica con la investigación (no nos olvidemos que mejoramos gracias a la investigación e innovación). Y por supuesto, la gestión de los datos, pudiendo tener un mayor control y conocimiento de dónde están los problemas en tiempo real y dónde se invierte el dinero y esfuerzos. Estos son algunos ejemplos donde la digitalización podría tener un mayor impacto pero el potencial es infinito.

Pero todo esto debemos hacerlo sin sobrecargar todavía más a nuestros profesionales sanitarios porque ya están manifestando su hartazgo por la cantidad de pacientes que deben atender. Y por supuesto, hay que realizarlo teniendo en cuenta no sólo a aquellas personas con acceso y conocimiento para usar estas herramientas sino también a aquellas que no lo tienen. No parece particularmente sencillo.

Fotografía: Julio César Velasquez Mejía (Fuente: Pixabay).

Estas instituciones como Harvard, MIT, IHI (Institute of Healthcare Improvement) y organizaciones como la OMS que forman no sólo a sanitarios, ingenieros, investigadores y empresas sino también a políticos encargados de facilitar esta transformación en el sector de la salud les enfocan en que estas soluciones deben estar centradas en la persona (person centred). ¿Esto qué significa? Que el objetivo no debe ser la tecnología en sí, ni sólo llegar a aquellas personas que tienen un reloj inteligente en su muñeca tipo iWatch sino en tener un interés genuino en que estas soluciones aborden a la totalidad de la población sin exclusiones.

¿Y todo esto cómo afecta a las personas mayores? Muchas de estas soluciones que se están implementando están enfocadas precisamente a este grupo poblacional. Tampoco es coincidencia, como ya os habréis imaginado. Las personas mayores representan un número creciente de densidad poblacional y son los grandes consumidores de recursos del sistema sanitario entre otros motivos, por la presencia de enfermedades crónicas (más del 50 % de los recursos sanitarios está destinado a las enfermedades crónicas).

Fotografía: CDC (Fuente: Unsplash).

Hoy en día existen un gran número de soluciones que sólo van en aumento enfocadas en el diagnóstico, tratamiento, prevención y seguimiento de este tipo de enfermedades. Este tipo de soluciones se gestan a través del trabajo de todo tipo de perfiles técnicos y del campo de la salud basando sus esfuerzos en la evidencia, innovación y mejora continua. Hay una gran cantidad de propuestas con financiación pública y privada liderando este competitivo escenario en el que el principal objetivo no es pasar a formato digital, tal como funciona el sistema sanitario actualmente, sino transformarlo. Incluso, existen proyectos financiados por la Unión Europea enfocados en acelerar este proceso para intentar reducir algunos de los catastróficos datos que hemos visto antes, incluyendo aquellas enfermedades cuya muerte es evitable si se consigue un correcto diagnóstico, tratamiento, prevención y seguimiento.  Algunas de las recomendaciones para la elaboración de este tipo de soluciones digitales además de la no exclusión son no infantilizar a las personas mayores, utilizar herramientas visuales y auditivas adaptadas a las limitaciones asociadas a la edad y evitar el aislamiento social.

El futuro del sector de la salud es incierto todavía, su mejora es necesaria pero lo que está claro es que seguirá formado por excelentes profesionales sanitarios que podrán hacer más con menos esfuerzos apalancando su energía en estas nuevas herramientas. Por supuesto, formado también por personas como nosotros que lo consumiremos, parte del tiempo a través del mismo medio que está usted leyendo este artículo, pero esta vez desde casa, en el trabajo o desde el mismo autobús.

Jorge Riquelme Galindo
Miembro de la Asociación Gerontológica del Mediterráneo

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Asociación Gerontológica del Mediterráneo

La Asociación Gerontológica del Mediterráneo (AGM) fue creada en 1989 y está formada por un equipo de profesionales de diferentes ámbitos con el objetivo común de impulsar iniciativas enfocadas a un envejecimiento positivo, activo y saludable.
La AGM trabaja por una sociedad inclusiva y amiga de las personas mayores y los valores que acompañan su andadura son el desarrollo, implicación, colaboración y apoyo en áreas estratégicas como: envejecimiento positivo, envejecimiento activo y saludable, calidad de vida y envejecimiento, nutrición y dieta mediterránea en el envejecimiento, factores protectores para un envejecimiento saludable, salud y envejecimiento, formación y aprendizaje a lo largo de todo el ciclo vital, estrategias ante el deterioro cognitivo y la patología neurodegenerativa y las nuevas tecnologías orientadas a un envejecimiento de calidad.
La página web de la AGM es: https://asogeromed.es/ y el correo para solicitar información: info@asogeromed.es.

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