Opinión

El atuendo de los políticos

Felipe VI conversa con Azzam Abdulkarim Algain, embajador del Reino de Arabia Saudí, acompañado por María Celsa Nuño, subsecretaria de Asuntos Exteriores (Fotografía: Casa Real).

Un tema al que a veces no se le da excesiva importancia es el referente al atuendo, en general, y al de los políticos, en particular.

La palabra “atuendo” (sinónimos: atavío, vestidura, vestimenta…) tiene su raíz etimológica en el latín, “attonitus”, “attonare”, y es “el conjunto de vestidos y adornos que lleva una persona”.

El atuendo refleja múltiples rasgos de nosotros, de nuestra personalidad, de nuestro estilo, de nuestra idiosincrasia. No hay reglas mágicas y cada persona es libre, no puede ser de otra manera, para elegir el atuendo que considere adecuado y apropiado.

Se ha escrito que la ropa dice mucho acerca del que la lleva, dado que la persona se expresa a sí misma a través del atavío que escoge para vestirse. Una vestimenta desaliñada y descuidada nos habla de alguien que no consigue poner orden en sus asuntos. Una ropa escandalosa y chocante es el síntoma de alguien que busca “desesperadamente” llamar la atención. Por el contrario, el atuendo modesto (o mejor, austero) y pulcro refleja el espíritu de una persona de conducta clara y sin dobleces. Debemos siempre ser conscientes de la importancia de la ropa que utilizamos y de la trascendencia, incluso, que esta puede llegar a tener. Hay cierta libertad, aunque la sensatez y el sentido común deben prevalecer.

Pero en el caso de los políticos, y a mayor abundamiento el de todos aquellos que ejercen cargos de responsabilidad, y no digamos de los cargos públicos de muy elevada representación, en que la cuestión cobra una especialísima relevancia.

No es lo mismo ir paseando por la calle, acudir a una fiesta informal, estar en una reunión de amigos o circunstancias parecidas que, por ejemplo, acudir a una conferencia de prensa como ministro, alcalde o presidente de una comunidad autónoma, o recibir a un embajador como representante del país ante la toma de posesión de un gobernante extranjero.

Hay casos y casos.

El atuendo, dentro del marco del protocolo, es realmente importante. Todos hemos visto en la nueva etapa de nuestro país, con la irrupción de nuevos partidos que pusieron fin al bipartito, esa entrada “novedosa” en el Congreso de los Diputados de “padres de la patria”, en mangas de camisa, con rastas, a medio afeitar, desaliñados e incluso “sucios”, con vaqueros y zapatillas de deporte, exhibiendo vistosos tatuajes… En fin.

El protocolo

Se entiende por protocolo el conjunto de reglas que, ya sea por norma o por costumbre, se establece para actos oficiales o solemnes, ceremonias y otros eventos de análoga naturaleza. El protocolo es la serie de instrucciones o recomendaciones que deben seguir aquellos asistentes que acudan a un evento formal.

Entre los tipos de protocolos existentes, mencionemos: el protocolo social, el oficial, el de empresa y el diplomático. El oficial es el más común, y suele aplicarse cuando hablamos de actos diplomáticos con reyes o presidentes del gobierno, entre otros. No cabe la menor duda de que el atuendo es una parte, y muy notable, del protocolo, y sus reglas en este punto deben ser observadas, por respeto a lo establecido. Una transgresión del protocolo dice muy poco en favor del político que la realiza.

Yo pienso que los políticos, en los actos oficiales, han de dar ejemplo de pulcritud, decoro y respeto a la ciudadanía. No hace falta ir de frac o de etiqueta, pero en los hombres, zapatos “de vestir” y traje de chaqueta, camisa y corbata es lo menos que se puede pedir. O un atuendo asimilable al antes comentado. Y en la mujer, aunque hay más “permisividad protocolaria”, también hay sus límites razonables. Un discreto vestido, con falda y chaqueta, o sustituyendo la falda por unos pantalones (así la canciller Merkel, amiga de los pantalones, pero llevando el atuendo con elegancia…) y en suma, una vestimenta adecuada al cargo y pensando que el personaje político (hombre o mujer) es el espejo en el que nos miramos (o deberíamos mirarnos).

Macron, Putin y Merkel. Fotografía: Пресс-служба Президента Российской Федерации (Fuente: Kremlin.ru).

Esa imagen del rey, todo en señorío, junto a un importante político de nuestro país en mangas de camisa, arremangado, con peinado “snob”… es patética. Ello, en una recepción en el Palacio de la Zarzuela, ante los ojos atónitos de los espectadores contemplando las imágenes televisivas. Y este es solo un ejemplo entre muchos otros que se pueden esgrimir.

Pero, ¿esto ha de ser así? ¿No hay libertad para el atuendo y la vestimenta? ¿No se debe respetar la forma de vestir de la persona? No me imagino, por ejemplo, al primer ministro de Francia, de Italia o de Holanda, en una recepción oficial recibiendo a un primer ministro de otro país, y acudiendo en mangas de camisa o en camiseta de baloncesto… Sería inconcebible.

En algunos países hay un traje tradicional, como sucede con Bolivia o los países caribeños (la “cuasi oficial” guayabera o cubana). O mandatarios africanos que acuden con su atuendo oficial tradicional para las grandes ocasiones, y que a veces es algo chocante para nosotros, pero es siempre respetable y un homenaje a sus costumbres a veces de raigambre ancestral.

Atuendos especiales.- Completando lo escrito anteriormente, vemos que hay determinados casos, según el político y el país, en que el atuendo reviste unas características singulares. Pondremos algunos ejemplos. Primero, mencionemos a nuestro monarca, Su Majestad Felipe VI. En los actos protocolarios militares (Pascua Militar, desfile del Día de las Fuerzas Armadas, entrega de despachos a los cadetes de las Academias de tierra, mar y aire…) nuestro rey viste el uniforme militar. Unas veces lo luce con el del arma de Infantería, otras con el uniforme de la Armada, otras con el del Ejército del Aire… Y porta las medallas que le han concedido, pues hay que recordar que pasó por las tres Academias en su formación como futuro monarca.

Otra indumentaria especial y singular, era la del dictador cubano Fidel Castro, con su uniforme color verde olivo de comandante en jefe de la Revolución. También es característico el atuendo de Kim Jong-un, el dictador de Corea de Norte, con su uniforme caqui y ese corte de pelo rapado en los lados y mechón largo en el tope del cuero cabelludo. Y el famoso “traje Mao”. Mao Zedong (Mao Tse-tung), el que fuera presidente de China, llevaba la chaqueta maoísta utilizada por el ejército chino, símbolo de la soberanía nacional. Indira Gandhi solía ir ataviada con un vestido con coloridos “saris”, vestimenta típica del país, India. Los jeques árabes suelen llevar la chilaba, túnica tradicional que arropa desde el cuello hasta los tobillos y en muchos casos suele tener capucha. Los ayatolás iraníes, visten con la tradicional “ghaba” del país.

Fidel Castro y Adolfo Suárez (Fuente: Moncloa).

En suma, vemos que el atuendo tiene más importancia, trascendencia y repercusión de lo que en un principio parecería, y no es una nimiedad. Forma parte, en el político –en nuestro caso–, de su modo de ser, de la imagen que da o proyecta ante la gente (incluido, mirando a lo práctico, ante su posible electorado). El atuendo refleja a la persona, su manera de comportarse, y es una proyección de cómo esta persona actuaría (si es un político destacado), en el caso de decisiones notables para su país, su comunidad o su localidad.

Reflexionemos. El atuendo de los políticos es algo siempre a considerar.

Sending
User Review
3.33 (6 votes)

José Moratinos Iglesias

Doctor en Ciencias de la Educación, diplomado en Psicología, profundo conocedor de la Psicopedagogía e Instructor de Tiempo Libre con sus estudios de Magisterio.

3 Comments

Click here to post a comment

*

code

Patrocinadores

Pactos