Opinión

De los Nobel españoles (y los científicos)

Medalla del Premio Nobel. Fotografía: Dr. Osama Shukir (Fuente: Wikimedia).

No cabe duda de que los Premios Nobel gozan del mayor prestigio y hoy en día recibir este galardón es uno de los mayores motivos de orgullo para la persona premiada. También, los Premios Princesa de Asturias en España gozan de gran predicamento. España ocupa en el mundo el puesto 22 en cuanto al número de galardonados. No es cantidad despreciable, pero podría ser más numerosa la representación.

Hasta la fecha, contamos con ocho Premios Nobel, todos varones, y entre ellos hay solamente dos científicos, Severo Ochoa y Santiago Ramón y Cajal, ambos en Fisiología y Medicina. El primero se formó en Estados Unidos, ante la precariedad de medios en España, pero luego, a su vuelta, pudo contribuir al desarrollo de la investigación en nuestro país. El segundo hizo dentro de España toda su trascendental investigación, pese a la modestia de los recursos, aunque empleó gran calidad e inteligencia.

El resto de galardonados lo han sido en Literatura, aunque hay que hacer unas precisiones. Echegaray fue Nobel de Literatura, pero también destacó (yo diría que incluso más) en Ingeniería y en Matemáticas. Está considerado uno de los principales matemáticos españoles de su época, dentro de la Matemática aplicada. En este Nobel hubo algo de influencia política, tema al que en el curso de este trabajo haremos alusión por ser una nota importante en lo referente a estos premios, que otorga anualmente la Academia sueca.

Otra precisión que hacemos se refiere a Mario Vargas Llosa, que tiene la nacionalidad española, pero la comparte con la peruana. No obstante, la vinculación con España es grande y en nuestro país desarrolla una buena parte de su actividad.

Presentación de los galardonados al Premio Nobel. Fotografía: Bengt Nyman (Fuente: Wikimedia)

Carácter científico-político de los premios

Incluso añadiría yo a mis comentarios, otra precisión. Los Nobel tienen un cierto matiz político y una influencia que sobrepasa a veces con creces el capítulo de merecimientos. Podemos afirmar que todos los Nobel se lo merecen por sus méritos y en esto la Academia sueca es justa. Pero hay otros muchos que gozan de parecidos méritos o merecimientos. El problema es que solamente se da un Nobel al año por especialidad y podemos decir esa frase bíblica: “Muchos son los llamados y pocos los elegidos”. Incluso hay premios compartidos, sobre todo en el campo científico, en donde hay equipos de investigación, a veces de diferentes países, pero que trabajan de forma coordinada.

Llama la atención, en cierto modo, que, a lo largo de los casi cien años de existencia de estos premios, nuestra patria tan solo ha tenido a cinco investigadores en el conjunto de galardonados, pero es cierto que España dedica pocos recursos a la ciencia y a la investigación y los que trabajan aquí lo hacen más bien “por amor al arte”, pues aquí los científicos están mal retribuidos y son poco apreciados. La investigación española es la cenicienta de los Presupuestos Generales del Estado, donde dominan otras prioridades y a veces hay partidas dedicadas a extravagantes destinos. Mal endémico en nuestro país. Ya el gran pensador Miguel de Unamuno acuñó la acertadísima frase: “¡Que inventen ellos!”

Cierta dejadez de nuestros gobiernos

Pese a ser una de las naciones con más inventores, España, o mejor sus gobiernos, no dan excesiva importancia al caudal humano y al posible potencial de la investigación y muchas patentes se esterilizan o se pierden por el camino, cuando este es un capítulo que a España puede proporcionarle un rédito económico fundamental. Pero está desaprovechado.

Y no digamos el desaprovechamiento, además, del poder de investigación de la mujer, lo que es algo digno de resaltar. Sigue prevaleciendo aún con cierta fuerza el concepto de la mujer como poco dotada para la ciencia y la investigación. Este concepto es totalmente equivocado pues contamos con una creciente influencia de la mujer en la investigación, como se demuestra dando un repaso al nombre de algunas de las científicas más eminentes. Afortunadamente, se va corrigiendo algo esta errónea forma de pensar y hoy en día son muchas las mujeres en la universidad que se decantan por la ciencia.

Fotografía: Michael Jarmoluk (Fuente: Pixabay).

Tenemos ejemplos eminentes. Veamos los nombres españoles que están en el cuadro de honor de los Nobel:

  • José Echegaray (1904).
  • Santiago Ramón y Cajal (1906).
  • Jacinto Benavente (1922).
  • Juan Ramón Jiménez (1956).
  • Severo Ochoa (1959).
  • Vicente Aleixandre (1977).
  • Camilo José Cela (1989).
  • Mario Vargas Llosa (2010).

Importancia de nuestra lengua

La lengua española es una de las más habladas del mundo y goza de un gran predicamento. Por eso no es de extrañar el que seis nombres españoles hayan obtenido el galardón, pero pienso que es también un balance pobre por el gran plantel de escritores de prestigio que tenemos y que serían merecedores de este reconocimiento.

Trascendencia de la ciencia y la investigación

Hoy en día la investigación en el campo de la microbiología, de una parte, y en el del cambio climático, de otra, centran las preocupaciones de la humanidad. La pandemia causa estragos y el descubrimiento de vacunas efectivas es una de las prioridades. En cuanto al estudio del cambio climático supone una vital aportación a la supervivencia del género humano. No obstante, aquí contamos con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que supone la gran esperanza española en el campo de la investigación.

Por otra parte, la medicina española es de las más avanzadas del mundo y nuestro sistema sanitario es, en muchos aspectos, modélico. Por poner unos ejemplos, citemos la oftalmología y la oncología (o estudio del cáncer), tenemos grandes científicos y algunos de ellos son muy prestigiosos a nivel internacional. Confiemos en que algún año se reconozca esta gran labor por la Academia sueca.

Los nombres de estos investigadores están en la mente de todos, pero en el curso de nuestro trabajo, baste citar, como ejemplos, a los oftalmólogos dentro del ámbito alicantino José Luis Rodríguez Prats y Jorge Alió Sanz, que recibieron uno de los premios más prestigiosos a nivel mundial, los de la Academia Norteamericana de Oftalmología (Troutman Award y Life Achievement Honor Award, respectivamente). Prácticamente unos Nobel en la rama de la oftalmología.

CSIC edificio central en Madrid. Fotografía: Luis García (Fuente: Wikimedia)

Las ciencias sociales y el pensamiento

En las ciencias sociales y el pensamiento podemos esgrimir nombres insignes, pero ya vemos la importancia que se da a este tema a nivel gubernamental, cuando la asignatura de Filosofía prácticamente ha desaparecido de nuestro maltrecho sistema educativo.

Y si miramos los aspirantes al Nobel de la Paz, ¿qué podemos pensar en un país dividido por el odio de las izquierdas contra las derechas y viceversa, con un crecimiento del comunismo y del populismo en la política, y ante un elevado crecimiento del clima de crispación existente? Poco podemos hacer, asimismo, en este terreno. Las cosas pintan mal.

Pérdida de prestigio de España

Uno de telones de fondo o background de la despreocupación de la Academia sueca hacia nosotros es el desprestigio de este nuestro querido país, pues la Academia sueca tiene en cuenta como uno de los factores de sus decisiones el prestigio del país. Y España está desvalorizada o poco apreciada en el mundo, máxime con nuestra errática política, la enemistad con otras naciones y ese filo-comunismo que no es precisamente la mejor carta de presentación que podemos hacer ante la Academia. Como país desprestigiado, influye mucho este factor en las concesiones, mal que nos pese. En los Presupuestos Generales el Estado es evidente que la cultura, la ciencia y la investigación tienen escasa cabida, y las preocupaciones esenciales del Gobierno van en otra dirección (satisfacer las necesidades económicas del independentismo, contentar a los pro-etarras para obtener un apoyo en el Gobierno, que España pueda ser una “nación de naciones”…). Una pena. Y el tema que nos ocupa es de plena actualidad. Una precisión necesaria en lo literario se refiere a Mario Vargas Llosa, que tiene la nacionalidad española, pero la comparte con la peruana. No obstante, la vinculación con España es muy alta.

Perfil de los galardonados

Examinemos, finalmente, el perfil de los galardonados, por orden cronológico, y pensemos que ellos pueden ser una avanzadilla y una esperanza de que un día alborozado pueda llegar, para cambiar la concepción sociopolítica actual con un gobierno de conciliación, de categoría, que vuelva a situar a nuestro país, en todos los niveles, a la altura que por su historia y trayectoria se merece. Como reza el dicho: “Todo es posible en Granada”. Estos son algunos datos de los hasta ahora galardonados:

José Echegaray

José Echegaray. Fue nuestro primer Nobel español en el año 1904. Se trata de un polifacético personaje de finales del siglo XIX. Está considerado como el más grande matemático español del siglo XIX. Llegaría a ser ministro de Hacienda. Como literato fue un prolífico escritor, especialmente como autor teatral. Destacan sus obras: El gran galeoto, El hijo de Don Juan y La calumnia por castigo.

Santiago Ramón y Cajal

Autorretrato mirando un microscopio. Fotografía: Instituto de Neurobiología “S. Ramón y Cajal” (CSIC). (Fuente: Wikimedia).

Santiago Ramón y Cajal obtuvo en 1906 el Premio Nobel de Medicina, compartido con Camilo Gorgi, en reconocimiento de su trabajo sobre la estructura del sistema nervioso. Fue pionero en la descripción de las diez sinapsis que componen la retina. Desarrolló una teoría nueva y revolucionaria que comenzó a ser llamada la “doctrina de la neurona”.

Humanista, además de científico, está considerado como cabeza de la denominada “generación de sabios”. Se le cita frecuentemente como padre de la Neurociencia. En cuanto escritor es autor de obras tales como Recuerdos de mi vida, Charlas de café y El mundo visto desde los ochenta años.

Creó escuela. Discípulos suyos fueron, entre otros, Fernando de Castro, Jorge Francisco Tello, Pío del Río Hortega y Rafael Lorente de No.

Jacinto Benavente

Jacinto Benavente ganó el Nobel de Literatura en 1922. Prolífico escritor, este insigne madrileño fue dramaturgo, director, guionista e incluso productor de cine español. En 1912 ingresa en la Real Academia Española y en 1918 obtuvo un escaño en el Congreso de Diputados. Entre sus obras principales, destacan: Rosas de otoño, Los intereses creados (su obra maestra), Señora ama, La malquerida y El príncipe que todo lo aprendió en libros. Fue presidente honorario de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles. Se le nombra Hijo Predilecto de Madrid en 1924. Formó la famosa tertulia de la Cervecería inglesa de la Carrera de San Jerónimo. Frase suya es: “Todos creen que tener talento es cuestión de suerte; nadie piensa que la suerte puede ser cuestión de talento”.

Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez, pintado por Joaquín Sorolla, 1903 (Fuente: Wikimedia).

Juan Ramón Jiménez ganó el Premio Nobel de Literatura en 1956 por el conjunto de su obra, en la que destaca la obra lírica en prosa Platero y yo. Pertenece al movimiento del modernismo y poesía pura. Se casó con Zenobia Camprobí, su gran amor. Además de Platero y yo, sus títulos más conocidos son La soledad sonora y Diario de un poeta recién casado. Su estilo literario se caracteriza por un ansia total de perfección, así como por su absoluta subjetividad. Platero y yo pertenece a su “etapa sensitiva” (1898-1916).

Severo Ochoa

Severo Ochoa obtuvo el Nobel de Fisiología y Medicina en 1956. Natural de Luarca, se formó en la Universidad Complutense, completando estudios en las Universidades de Glasgow, Berlín y Londres, así como en institutos especializados de Heidelberg y Londres, y en Laboratorios de Meyerhof, Plymouth y Oxford, siempre dentro de las disciplinas de la Bioquímica. Emigró a Estados Unidos en 1941, donde llega a ser profesor y director del Departamento de Farmacología de la Universidad de Nueva York y más tarde profesor de Bioquímica y jefe del Departamento de Bioquímica de esta Universidad, ya hasta su jubilación. Consigue por primera vez la síntesis del ARN en laboratorio, a partir de un sustrato adecuado de nucleótidos (sus componentes elementales y esenciales) y contribuye al descubrimiento del código genético.

En 1985 se traslada definitivamente a España donde sigue investigando pese a estar jubilado, y ya como catedrático emérito dirige diversos grupos de investigación en nuestro país, especialmente referidos a la biosíntesis de las proteínas. En 1993 presenta en Madrid su biografía La emoción de descubrir. Contribuyó grandemente al impulso de la investigación bioquímica en España.

Dr Severo Ochoa en su laboratorio en 1950. Fotografía: Associated Press. (Fuente: Wikimedia)

Vicente Aleixandre

Vicente Aleixandre obtuvo el Nobel de Literatura en 1977. Pertenece a la generación del 27. Ingresó en la Real Academia Española el 22 de enero de 1950, ocupando el sillón de la letra O. Entre sus obras más importantes figuran: Espadas como labios, Pasión en la Tierra y Sombra del paraíso. Para él no se concibe un ser humano huido o perdido en la sombra, el amor es el único sentimiento que nos acerca a ese panteísmo dominador donde la luz habita el mundo. Pero esa luz que domina el mundo y que es el amor, no siempre nos permite su cercanía o conquista. Su obra poética tiene varias etapas: pura, surrealista, antropocéntrica y de vejez.

Camilo José Cela

Camilo José Cela ganó el Premio Nobel de Literatura en el año 1989. Su primera gran obra fue La familia de Pascual Duarte. Otras obras suyas son: La colmena y Viaje a la Alcarria, dentro de una vastísima producción. El rey don Juan Carlos I le concede el título de Marqués de Iria Flavia. Es elegido en 1957 para ocupar el sillón Q de la Real Academia Española. Participó en la revisión del texto constitucional elaborado por el Congreso. Su primera publicación fue un libro de poemas, Pisando la dudosa luz del día. Es sin duda uno de los más eminentes escritores en la historia de la literatura.

Mario Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa tiene doble nacionalidad. Nació en Perú, pero adquirió además la nacionalidad española en 1993. Obtuvo el Nobel de Literatura en el año 2010. Es nombrado miembro de la Real Academia Española en 1994 y ese mismo año gana el Premio Miguel de Cervantes. Ha sido definido como uno de los más completos narradores de su generación y una figura destacada de la literatura hispanoamericana. Su obra narrativa se caracteriza por la importancia de la experimentación técnica, aspecto por lo que es reconocido como un maestro de la composición novelística. Se le considera un notable innovador de posibilidades narrativas y estilísticas. De entre sus innumerables obras, podemos destacar: La ciudad y los perros, La casa verde, Conversación en la Catedral, Pantaleón y las visitadoras y La fiesta del Chivo. Tiene numerosos premios y distinciones. Cultiva la novela, el cuento, el cuento infantil, la memoria y el ensayo, el teatro y la poesía, entre otros géneros literarios.

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José Moratinos Iglesias

Doctor en Ciencias de la Educación, diplomado en Psicología, profundo conocedor de la Psicopedagogía e Instructor de Tiempo Libre con sus estudios de Magisterio.

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