Trescientas... y pico

Con los bancos nunca pasa nada

Fotografía: Michal Jamouluk (Fuente: Pixabay).

Donde antes había servicio, personas, cercanía, ahora solo queda vacío, maltrato, telarañas. Acaso un ligero remordimiento de no saber muy bien cómo hemos llegado hasta aquí, de no entender del todo cómo hemos aceptado la situación como si lo ocurrido fuera algo inevitable, de ver cómo nos han arrebatado algunas de esas pequeñas cosas a las que casi no prestábamos atención porque-estaban-ahí pero que, sin embargo, su ausencia nos revela que, de alguna manera también, son la masa madre que hace más transitable la vida.

Hay realidades cotidianas esquivas que hemos asumido como si necesariamente tuvieran que ser así. Como si su natural fuera esta forma de ser deshumanizada, como si su puesta en escena tuviese que ser inevitable, sin alternativas posibles y contra las que rebelarse no tendría tampoco sentido alguno.

Una de estas “realidades inevitables” es, probablemente, el grado creciente, casi asfixiante, de dependencia que tenemos de los bancos y de las entidades financieras. Son estas entidades cada vez más agentes extraños y lejanos para millones de ciudadanos, como lo señala el hecho cierto de que casi 4.500 municipios carecen de este servicio tras la gran desbandada. Primero, en una operación diabólica, se comieron a los pequeños, después echaron el cerrojo a las oficinas de cercanía. Ahora se limitan a mirar a sus clientes a todos nosotros– altaneros y ufanos.

Fuente: RTVE.

Y todo esto sucede a pesar de que como bien sabemos cualquier tarea cotidiana, desde el simple cobro de una nómina, la pensión, pagar los recibos domésticos de luz y agua, las tasas universitarias, hasta disponer de una tarjeta de crédito para comprar en internet, adquirir un paquete vacacional o comprarse un coche, llevan todas ellas la marca indeleble que nos une a una cuenta corriente y sin la cual pareciera que no somos nada. Que estamos fuera, un cero. Parias de una realidad que nos circunda y ahoga.

Entonces, si todo eso es así, si el dinero –el que haya– no podemos guardarlo debajo del colchón como metáfora del ayer, por qué vemos como normal que al otro lado solo quede vacío, maltrato, telarañas, nada ni nadie, acaso chips desmemoriados, corazones fríos y de acero. ¿Por qué nadie se hace responsable de este silencio que dificulta gravemente la vida cotidiana de millones de personas en este nuestro país, más cuánto más vulnerable se es? ¿Por qué los gobiernos –todos– permiten esta sinrazón sin hablar alto, sin legislar, sin ofrecer luces al final del túnel? ¿Qué extraños y oscuros intereses hay detrás de tanta sinrazón?

En un tiempo muy corto –¡a veces, como sabemos, el paso del tiempo es tan relativo!– hemos asistido casi en silencio, con la complicidad hiriente de las cosas que hemos terminado por creer que son como un destino inevitable, a la continua desaparición de los servicios bancarios básicos, los que afectan a la gente más humilde y corriente en su día a día, como si todo tuviera que ser exactamente así. Hemos observado, casi silentes y casi obedientes, como una parte nada despreciable de la población de este país, especial y gravemente la población más mayor en todos los lados y toda la que habita en las zonas menos pobladas, esa que hemos decidido calificar como “España vaciada” pero que solo es la España despoblada, ha sido expulsada hacia los márgenes sin que pase absolutamente nada.

Fuente: Onda Cero Extremadura.

Con los fríos datos estadísticos en la mano sabemos que desde 2008 la gran banca ha cerrado en España más de la mitad de sus oficinas, pasando de las 45.707 existentes en aquel año a las 21.612 de marzo de 2021. Y así, vemos como cada día es más difícil acceder a sus servicios si hay servicios (horarios ridículos para sacar dinero, horarios restringidos para pagar recibos, citas previas telefónicas que se eternizan…), pero lo más grave de toda esta huida son las crecientes zonas de sombra que su estampida ha dejado en el paisaje, con amplias capas de la sociedad que, como decíamos antes, han quedado simplemente marginadas, olvidadas, porque sus ratios de rentabilidad (así les llaman a ganar menos) en ese submundo rural dicen está por debajo del umbral que predican sus gurús y aconsejan sus cuentas de resultados y su reparto de dividendos.

¿Y qué hacen las administraciones ante esta sangrante realidad de abandono y soledad donde ya había abandono y soledad y calificada por algunos como “el último golpe” a esa misma España vaciada? Más bien nada. O poco, que es como no hacer nada pero cuando aún quedan briznas de vergüenza. En el mejor de los casos hay algunas comunidades autónomas –o algunos ayuntamientos– que se ponen de rodillas antes esos mismos altares del dinero y les ofrecen jugosas subvenciones para que, ¡al menos!, no se vayan del todo y acepten abrir cajeros automáticos donde hasta hace poco había oficinas.

Eso hace la Generalitat Valenciana y su presidente Ximo Puig. Arrodillarse, postrarse, ante el altar de esas mismas entidades ofreciéndoles jugosas subvenciones para que pongan uno de esos malditos cajeros en algunos de los 123 pueblos pequeños de la Comunidad que se han quedado sin servicio bancario. Por ahí anda también Núñez Feijóo, rogante él, penitente, ofrendando millones de euros para lo mismo. ¿Y el Estado, y la Unión Europea? Nada. Se limitan a hacer discursos contra la despoblación, contra el abandono de los pueblos, pero hacer, ciertamente, no hacen nada. Debe ser que cuando hablamos de los bancos nunca pasa nada.

Sending
User Review
4 (4 votes)

Pepe López

3 Comments

Click here to post a comment

Responder a RAMÓN GÓMEZ CARRIÓN Cancel reply

*

code

    • Estimado Ramón… dejar el servicio en manos de las autonomías es, como dices, un acto de cobardía, pero, sobre todo, de sumisión a unas entidades que, cada vez más, actúan como un oligopolio, con prácticas mafiosas que afloran un concepto que podríamos empezar a llamar “pobreza financiera” o algo similar. No solo quieren que les hagamos su trabajo (internet y todo eso), si no que encima nos tratan a patadas, más cuanto más lejos de los centros de poder y los grandes núcleos de población vives, más cuanto más dependiente de las nuevas tecnologías eres… Sé que hay casos e investigaciones abiertas por parte de algunos “defensores del pueblo”, pero eso llega hasta donde llega… y ¡feliz año! también para ti.

Patrocinadores

Pactos