Qué es la hipocresía: un hábito enfermizo. Fruto amargo de despistes, por desidia inepta o interés personal espurio (falso, ilegítimo o bastardo). O por debilidad. Y como existe la bondad (felicidad): existe también la maldad (infelicidad). Lo descubrimos conforme nos relacionamos con seres humanos (ellas y ellos).
En ocasiones, un instante por observar y aprender en todo, veo programas de televisión donde una o un animador indica (ordena) y señala a los espectadores (invitados a cuenta de un bocadillo) el instante de lanzar sus aplausos vehementes. Sin pensarlo (capacidad humana identitaria), aplauden como si la vida (y el bocadillo prometido) les fuera en ello. Y sonríen, sonríen y sonríen en la impostura del ninot o títere inerte.
Clase de sumisión
Como en origen somos monas (por educación, siempre ellas por delante) y monos imitadores desde las cavernas trogloditas (salimos de ellas ayer), por subsistencia innata en nuestro gen social, hoy todavía a flor de piel, aceptamos las clases de sumisión sin pensar ni sopesar las consecuencias de nuestros vasallajes.

Pregúntate: A quién o quiénes beneficia que nos comportemos como manada que renuncia a la libertad individual. Y a quiénes perjudica que conservemos nuestra libertad de acción, nuestra libertad económica y política.
Sumisión por un bocadillo. Sumisión de ciudadanas y ciudadanos, sumisión de jueces y magistradas, sumisión de los servidores públicos justos y ecuánimes, sumisión del periodismo libre y riguroso que respeta (aunque llegue a interpretarlo) el hecho en origen (la verdad).
Títeres rumiadores
Más irresponsable, imperdonable, es el comportamiento y acciones infames de la inmensa mayoría de políticas y políticos profesionales. Ellas y ellos trajeadas y trajeados (lista que nos amenaza con tornarse sin fin), sin moralidad democrática, casi siempre son manada que rebuzna y ríe las gracias y las mentiras tergiversadoras del jefecillo de turno (Trump o Sánchez, en ocasiones) en la subsistencia de rumiar una brizna de hierba seca.
Si te atreves a preguntarte cómo resolver el anterior problema y cómo aniquilar a la mesnada amoral, aunque sea sólo por evitarles hipotecas y salvar de esclavitudes a nuestras hijas e hijos, nietas y nietos, la respuesta es simple: Vota (es hoy la única solución) e introduce tu papeleta en la urna, desde tu libertad absoluta, sin sesgos ni sectarismo ideológico. Vale (cervantino).














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