Aprendo de Pepe López, por leer sus textos aquí en Hoja del Lunes, y uso hoy su modo de titular con una sola palabra pedagógica. Fórmula periodística, también psicológica, que pienso resulta ideal para exponerte, a continuación, lo que sospecho es la causa primera de la pérdida de la credibilidad moral, con Pedro Sánchez de secretario general, del PSOE decepcionante más por ser un grupo humano que como asociación política. Contagio.
Premisa: El actual secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, reiteró acciones creadoras de decepción inquietante. Por ejemplo, bien por debilidad o por amnesia interesada, Sánchez nos prometió algo en campaña electoral y con mi voto (sí, con mi voto y tal vez con el tuyo) hizo luego lo contrario como presidente del Gobierno de España.
Sospecha: Mi duda periodística es si la inmoralidad de incumplir lo prometido para obtener votos del secretario general del PSOE, bien por contagio a sus subordinados o por simpatía como la pólvora, se fue generalizando, durante los últimos años, y es hoy la guía de acción que imitan todas y todos sus más obsesivos seguidores (ellas y ellos).
Mortal ‘podemización’
Pregunté hace tres años “¿Por qué avanza la podemización radical del PSOE que le precipita a la muerte electoral en las urnas?”. Lo hice dentro de mi artículo Periodista: malabarista en la cuerda floja (Anuario 2022 de esta Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante). Y dos años antes te desvelé: “me aconsejaron: ‘Para sobrevivir, guarda algún secreto’. (…), yo le añadiré siempre: ‘menos si la reserva acredita a la mentira” (última frase en mi Carta a los Reyes Magos, Anuario 2020).
Con sus actos lejos de ser para mí acciones de socialista equilibrado, cuando incumplió promesas electorales y así perdió su credibilidad política, Pedro Sánchez reiteró (excusa falaz) con vehemencia, en sus acciones y mítines, que el fin (mantener al PSOE presidiendo el Gobierno) justifica sus acciones contrarias a la palabra antes dada. El jefe supremo que al PSOE podemizó por radicalismos ideológicos ajenos.
Hechos: Pedro Sánchez renegó de compromisos electorales con el argumento de sufrir “cambios de opinión” inocentes como excusa para defenderse de la acusación de mentir. Pero para su desgracia política el actual secretario general del PSOE siente tragos amargos cuando camina hasta el bar de la esquina a tomarse un café solo o con leche. En casi toda ocasión, rara vez deja de oír gritos como “traidor” o “mentiroso”.
Si el jefe lo hace
Contagio: Si a su antojo, sin moralidad política, jefes y jefas hacen y deshacen a capricho, e incumplen compromisos, parece lógico que por contagio del superior, por simpatía o sumisión, su personal de confianza designado a dedo por la jefa o el jefe se contagie sin remedio del estilo imperante a quien le dirige.
Pregunta: ¿Es consecuente pensar que por contagio los subordinados actuarán con idéntico estilo, modos de acción y objetivos que sus jefas o jefes?
“Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado” (George Orwell-Eric Arthur Blair, novelista, ensayista y periodista). Por ello, es urgente hoy: Comment is free, but facts are sacred (La opinión es libre, pero los hechos son sagrados), Scott en The Guardian (1921). Y sigo al infalible refranero español: “Ni hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista”, mas “no hay mal que por bien no venga”.
Criterio libre
Casi siempre, toda dificultad crea criterio libre, propio y democrático delante de la urna, al elegir la papeleta del partido político que depositamos dentro de la urna en las elecciones. Porque si olvido actitudes amorales, delitos y los nombres, soy cómplice irresponsable.
Os recalco aquí, por considerar crucial, que la nada del olvido es complicidad irresponsable. Pienso en nuestras hijas e hijos, en nuestras nietas y nietos, pienso en su futuro más que en mi caminar en la recta final de esta vida que disfruto hoy como jubilado feliz. Porque soy cómplice sin ética ni moralidad si olvido los delitos y el nombre de quien delinquió. Y os dejo claro, una vez más, que ni somos jueces ni magistradas, pero disponemos de nuestro voto libre cuando hay elecciones. Vale (cervantino).













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