Cultura

175 años, el vértigo del paso del tiempo

El Teatro principal, faro patrimonial de la vida sociocultural alicantina, cumple 175 (Fotografía: Cristina Llorens).

El Teatro Principal de Alicante, faro patrimonial de la vida sociocultural alicantina, cumple 175 años.

Asomarse a los 175 años de vida de una institución como el Teatro Principal de Alicante da vértigo. Y esa es, exactamente, la sensación que te envuelve mientras recorres la exposición conmemorativa de esta efeméride que puede verse en la Lonja de Pescado hasta el 18 de abril. El vértigo, decíamos, que da pasar por todos y cada uno de los acontecimientos de la historia del teatro y, por extensión, de la ciudad, con el pudor de quien mira desde esta atalaya del siglo XXI, y con la emoción del que se sabe, aún en la distancia, un actor en la representación de esta historia.

175 años de historia y vida para el Teatro Principal de Alicante. 175 años repletos de vida y de historias para las gentes de la ciudad de Alicante que lo hicieron y lo hacen posible. 175 años de una institución convertida en “faro patrimonial de la vida sociocultural alicantina”.

Entrada a la exposición. 175 aniversario del Teatro Principal de Alicante (Fotografía: Cristina Llorens).

Un telón, dejado caer con esa indolencia del descuido que no es sino invitación al descubrimiento, nos permite adentrarnos en el espacio expositivo, nos mueve a mirar detrás del terciopelo rojo, y nos empuja al centro mismo del escenario.

Y ahí, en esa caja escénica que encuadra la historia, atrapados entre los carteles de la vida vivida en el escenario en estos 175 años, nos damos cuenta de que no somos solo espectadores, de que ahora no se trata solo de mirar, sino que somos observados por todos esos rostros que han sudado, llorado, cantado y bailado, sentido y vivido, pisando con fuerza o rozando con mimo las tablas, mientras nosotros, pequeños, amparados por la oscuridad de nuestra butaca, dejábamos atrás nuestras preocupaciones para ser un poco la Piquer, susanas con sus secretos, equus, luthiers, yermas, damas de la copla, brujos, coroneles sin nadie que les escriba, héroes y caballeros, torquemadas, visionarios, o perdidos, zapateras prodigiosas, marianas contra todo y contra todos, mujeres frente al luto de Bernarda, con la fe de una vida mejor más allá de los sueños, o más acá de las renuncias, visantetas, chivos en la miseria de su fiesta, bailarinas sobre las puntas de los dedos, capitanes Ahab en el límite de su poder, o de su locura, cicerones en la amistad, o tartufos en la vileza de su engaño. Y más, muchos más, tantos otros que nos observan clavando sobre nosotros su mirada, que nos envuelve la atmósfera con el calor del documento en el que se escribe y se conserva la historia.

(Fotografía: Cristina Llorens).

Pero hay que continuar, salir del escenario y alcanzar la ciudad, traspasar el umbral para recorrer ese Alicante de mediados del siglo XIX, con su muralla y los primeros ensanches, el puerto y el castillo, los baluartes, el mercado, las calles y los nuevos edificios. Y conocer a sus gentes, hombres y mujeres que miran a la cámara apostados en la puerta de sus casas, niños jugando, cocineras, mozos, carreteros… la vida alrededor, creciendo, ensanchándose, modernizándose. Y, sobresaliendo, el Teatro Principal, el faro que proyecta la luz de la vida social y cultural de la ciudad. Como la vida misma, siempre en transformación, mejorando la estructura, desnudo de sus ornamentos, herido por las grúas y el cemento, para hacer crecer la caja escénica y abrir a todas las artes el escenario teatral. Con la osadía de quien se lo juega todo al azul en el nuevo diseño interior, el azul del mar que baña los pies de la ciudad.

Publicidad y carteles de las representaciones. La historia a través de la imagen (Fotografía: Cristina Llorens).

Y, entonces, volver al centro del recorrido para crear nuestra propia experiencia a través de la tecnología más moderna. Salir, para volver a entrar y recorrer, con el gesto de una mano, a nuestro antojo, cada uno de los rincones del edificio. Deslizarnos desde el presente virtual hasta el detalle más escondido de la construcción imponente del teatro. Contemplar la fachada a vista de pájaro, caminar de puntillas sobre la cubierta, avanzar sobrevolando el patio de butacas, rozando con el dedo el terciopelo de los palcos, bajar a las profundidades del foso de la orquesta, o mirar en la intimidad de los camerinos. Abrir y cerrar la puerta, cual si fuéramos los dueños, tan poderosos y, a la vez, tan sencillos, unas cuantas piezas más en el engranaje de la historia.

Una historia que camina sobre un raíl a golpe de curiosidad. Porque, si algo ofrecen estos tiempos de la digitalidad y lo virtual, es la posibilidad de volver la vista atrás y observar el pasado a través de sus textos sin movernos de donde estamos. Poder adentrarnos en los diarios de actuaciones, y bucear en los detalles del registro de las funciones representadas entre 1847 y 1962, es, sin duda, un privilegio. Sí, de nuevo nos embarga el vértigo de tener en nuestras manos pasado y futuro, hacer volar nuestro deseo sobre la línea de la historia, manejar el tiempo, y detenernos a nuestro antojo, para leer, en letra manuscrita de innegable belleza, la vida en 1851, o en 1885, o en ese 1900 de miedo y esperanza, o quizás, la vida en 1922, a cien años vista, tan lejos, tan cerca. Y caer, como si fuera el destino natural, sobre las vitrinas con monografías y publicaciones que diseccionan con la palabra la historia y la vida del Teatro Principal de Alicante. Si la representación es voz, luz y sombra, creando la emoción, lo que queda al bajar el telón es lo escrito, el legado de la palabra que conforma la historia.

Y, de la ciudad, al mar. Con el vaivén del azul que modela nuestra mirada. En ese oleaje suave en el que nos envuelve el discurrir de los acontecimientos que ha visto, que hemos visto, espectadores y actores de la historia, durante estos 175 años. El Teatro Principal iluminando la vida cultural, como el faro de una sociedad que por la comedia o el drama, la música, el cine, el circo, el ballet, la ópera o la zarzuela, se salvará de chocar contra las rocas, creciendo y multiplicando sus posibilidades de dar luz, iluminando el regreso a casa de sus hijos con el proyecto Estruch, o rompiendo los límites de la exclusión y celebrando que todos pueden no solo ponerse el mantón de Manila y el vestido chinés para lucirse y ver la verbena, sino también oírla en la lengua de signos en la que cantan sus requiebros los enamorados.

Los pilares que sostienen una construcción no son siempre de hormigón. La piel cubre los huesos y el corazón de los pilares más firmes del Teatro Principal de Alicante, ese pilar invisible que mantiene en pie el mundo. Hombres y mujeres afanados en el día a día de su labor para mantener viva la representación. No puede faltar su presencia, y el recuerdo a los que ya no están. No puede faltar, tampoco, el agradecimiento a años de dedicación. Y, más aún, cuando no solo se pone en ello brazos fuertes y manos entregadas sino, también, corazones generosos, como los de la familia Portes, que se convierten en la memoria de la institución, conformando un legado valiosísimo que es el mejor ejemplo de la simbiosis entre vida personal e historia institucional.

Pero nada permanece sino la palabra. Cuando las voces se acallan, las butacas quedan recogidas, se apagan las luces y las últimas puertas cierran su boca hambrienta, dejando en el exterior el gentío y su ruido de fiesta, volvemos entonces a la palabra escrita. No son todos ¡imposible! no pueden ser todos porque el tiempo, que se impone inexorablemente, se ha llevado el testimonio de los hombres y mujeres que fueron Teatro Principal. Pero sí están los de los hombres y mujeres que son hoy el Teatro Principal. Una muestra, una selección, más de doscientos testimonios de quienes hacen que cada tarde se levante el telón, resuene el aplauso, poniendo voz a los sentimientos que aprietan el estómago cuando empieza la función. De niña, con amigos, con mis padres, el cine, las fiestas, la música, una ópera, la voz, la oscuridad, la excepcionalidad, la magia, el silencio… El silencio, quizás una de las palabras más repetidas. Sin duda, porque todo lo llena y embarga la experiencia de espectador.

Y, todavía mecidos por ese discurrir de vida latiendo, llegamos al espacio de la alegría, el momento de compartir las felicitaciones, cuando casi apetece gritar, junto a voces reconocidas del mundo del teatro, ¡feliz cumpleaños Teatro Principal de Alicante, y que cumplas muchos más!!!

Juana María Balsalobre, comisaria de la exposición, nos despide en la puerta de la sala Tabarca, con una enorme sonrisa que, obligada a esconderla tras esa mascarilla imprescindible, ha conseguido trasladar a la mirada. Abandonamos la exposición un poco más alicantinos, un poco más universales, un poco más sabios. Un mucho más felices.


El Teatro Principal de Alicante, faro patrimonial de la vida sociocultural alicantina, cumple 175 años.
Fechas: del 26 de enero al 18 de abril del 2022 
Sala Municipal de Exposiciones de la Lonja del Pescado
Paseo Almirante Julio Guillén Tato s/n, Alicante
Horarios: de martes a viernes, de 9:00 a 14:00 h y de 16:00 a 21:45 h
Sábados, de 10:00 a 14:00 h y de 17:00 a 21:45 h
Domingos de 10:00 a 14:00 h
Lunes, cerrado 
Organizan: Ayuntamiento de Alicante, Fundación Mediterráneo
Coordina: Archivo Municipal de Alicante
Comisaria: Juana María Balsalobre
Diseño expositivo y gráfico: Cota Cero
Colaboran: Teatro Principal, Lonja del Pescado, Archivo Municipal


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Cristina Llorens Estarelles

Bibliotecaria de la Escuela Europea de Alicante.
Subdirectora de Documentación Instituto Juan Gil-Albert (2015-2019).

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  • Cristina: Has escrito mucho y bien de una exposición que alcanza la calificación de excelente y que no debería perderse ningún alicantino mínimamente interesado por la cultura de la ciudad y por su historia. Hay que felicitar a los organismos e instituciones que la han hecho posible y que haces bien en citar. Distinción especial para su comisaria, Juana María Balsalobre.

  • Cristina: gracias por tu apoyo a la exposición con este magnífico artículo en el que se une tu saber hacer, tu voz, tu palabra y tu original mirada a esta muestra como experiencia a compartir, y a invitar a ese ´gran tour´ a esa ´Historia interminable´ que es el 175 aniversario del Teatro Principal de Alicante. Juana María Balsalobre. Comisaria de la exposición.

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