Opinión

Una odisea que nos acompaña hoy (la violencia de género)

Fotografía: Diana Cherry (Fuente: Pixabay).

Aún recuerdo, allá en la lejanía de los tiempos, cuando yo era joven, al hablar del año 2000, sonaba como si fuera algo que nunca iba a llegar y calculaba los años que tendría en dicha fecha. Cuando veía la propuesta de Stanley Kubrick en 2001, Odisea en el espacio (gran película que he visto en varias ocasiones), cómo danzaban las naves espaciales flotando ingrávidas a ritmo de vals (como si J. Strauss pensara en el espacio sideral cuando compuso El Danubio Azul) y me quedaba extasiado ante aquellas bellas imágenes soñando en el futuro; o escuchaba la voz triste y suplicante de HAL (ordenador inteligente que controlaba toda la vida de la nave) ante el miedo a ser desconectado; y seguía reflexionando en la posibilidad de que algún día hubiera máquinas pensantes con sentimientos y raciocinio. Hoy vuelvo a recordar esa película y las especulaciones que hice con mis amigos Tomás, Luis, Manuel Antonio y Manolo sobre el intrigante final de la película al salir del cine y antes de entrar a jugar al futbolín.

Hoy hemos sobrepasado esas fechas y vemos la cantidad de adelantos que existen, las comodidades impensables de las que disfrutamos y no voy a enumerar, pues el lector  conoce tan bien como yo, y serían innumerables. Pero sí quiero remarcar las cosas que se han quedado paradas en el tiempo, congeladas y sin visos de solución como son el hambre, la pobreza, las desigualdades… y la lucha de los desheredados por salir de ellas.

Los recónditos intersticios de la mente retumban ante los espejos cóncavos de Valle-Inclán cuando nos muestran deformadas las realidades que aún perviven. No deberíamos acostumbrarnos a hechos que parecen aberraciones del ser humano y que en pleno siglo XXI no deberían existir.

Fotografía: Tumisu (Fuente: Pixabay).

Pero quiero centrarme en una odisea que aún hoy nos acompaña, adversidades por las que pasan las mujeres en el viaje de su vida y que es fruto de un desarreglo social, es una enfermedad grave y muy arraigada que nos sobrecoge cada vez que aparece como noticia, y es muy a menudo, en la prensa escrita, radio y televisión, que hace levantar la voz de los ciudadanos clamando condena y solución. Me refiero a la «violencia de género». Resulta indignante ver que, superado con creces el año de «La odisea en el espacio», aún haya ‘individuos’ que utilicen su fuerza para violentar, maltratar y asesinar a mujeres, o aquellos que exhiben su cobardía, incluso grabándola, para demostrar que necesitan la ayuda de los miembros de su «manada» para arremeter contra indefensas jóvenes y transmutan su impotencia por tener una relación normal de sexo o de amor en un «acto heroico».

Hay más mujeres muertas a manos de sus parejas o exparejas (el número de mujeres asesinadas por violencia de género asciende a 34 en 2021 y a 1.112 desde 2003. El número de menores huérfanos y huérfanas por «violencia de género» asciende a 19 en 2021 y a 323 desde 2013, según el Ministerio de Igualdadque condena un nuevo asesinato por violencia de género en Alicanteelmartes 14 de septiembre de 2021) que asesinados a manos del terror de ETA (alrededor de 860 víctimas). Y se remueven las conciencias, y salen a la calle a gritar en oídos sordos, porque a pesar de los gritos desesperados contra la violencia hacia la mujer todavía siguen cayendo en los huecos de sus tumbas, luchadoras calladas y solas que caminan su calvario día a día envueltas en una niebla gris de sufrimiento y amargura.

En ese siglo XXI que tan lejano veía, sigue prevaleciendo en muchos jóvenes (ese es el miedo de que sea difícil erradicar) el «error privilegiado del hombre» de creer a la mujer como posesión que debe estar sujeta a sus deseos y dictámenes, o como máquina para el sexo (utilizar, abandonar o asesinar para borrar indicios de sus propios desajustes).

Fotografía: Tumisu (Fuente: Pixabay).

A lo largo de la historia se ha trabajado, estudiado e investigado para erradicar enfermedades que asolaban a la población como eran las llamadas «pestes» o las enfermedades comunes que amenazaban a la humanidad, y cuántas de ellas han desaparecido o se tienen controladas. Actualmente se está luchando con ahínco contra la COVID-19, la pandemia que nos asola en la actualidad.

Hoy, la «violencia de género», es como una de esas epidemias que nos afectan a todos, a hombres y a mujeres, porque somos víctimas todos, y todos la sufrimos, las víctimas y los que nos solidarizamos con ellas. Las epidemias deben controlarse y en la medida de lo posible hacerlas desaparecer. Todos a una: políticos, legisladores, jueces, educadores, padres, amigos, vecinos, ciudadanos, opinión pública… levantando nuestras voces contra esta otra pandemia que persiste, que se atrinchera en el silencio hasta que estalla como un volcán, y en esos momentos ya es tarde.

Cómo iba a pensar yo cuando salí del cine ante la esperanza de un mundo en el que el ser humano se reencarnara en un hombre nuevo y diera paso a la aparición de una humanidad bañada en valores que rigen en el universo, cómo iba a pensar que se iban a enraizar hasta el punto de la aberración (incluidas las grabaciones en móviles y repartidas las imágenes entre otras personas para mostrar con ínfulas de grandeza la humillación, la cobardía y la vileza de la violación) algunas conductas reprobables en los años posteriores a ese 2001, cuando deberían haberse roto estereotipos trasnochados que regían patrones del pasado e indicaban la supremacía del hombre sobre la mujer.

Cuando era joven, un día, salí del cine con mis amigos recordando la música de R. Strauss (Así habló Zarathustra, que acompañaba a unas prodigiosas imágenes de un mono lanzando un hueso por los aires…); y cómo iba a pensar que, en la época tan avanzada, tan desarrollada como la que nos mostraba aquella magnífica Odisea en el espacio iba a escribir un artículo como éste, denunciando un problema tan grave, tan pandémico como es el de la «violencia de género»; una odisea en pleno siglo XXI.

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Juan Antonio Urbano

Soy profesor de Educación Primaria, profesión-vocación que volveré a repetir en la próxima vida, pues el trabajo con chavales te enriquece como persona. He publicado cuatro libros, dos en valenciano, 'El seu nom era Pere Bigot', del que se hizo una adaptación teatral, y 'L’arbre màgic'; y otros dos en castellano, 'El misterio de la cueva', con adaptación teatral también, y el poemario 'Camino entre versos', todos publicados por la Editorial Club Universitario. Actualmente estoy ultimando otro poemario. He publicado en diversas Antologías de poesía y artículos en distintos medios.

En noviembre de 2016 creé el grupo poético PARNASO perteneciente al Ateneo de Alicante. He organizado numerosos recitales poéticos entre los que destacan el I encuentro de poetas alicantinos y otros con el grupo PARNASO dedicados a Miguel Hernández, Federico García Lorca, Rubén Darío, Antonio Gracia, J.L. Rico, Mariano Sánchez Soler...

Recibí el segundo premio del Certamen Poético Numen (2013) y el 2º premio de poesía Hispano-Argentina en el Real Casino de Murcia en diciembre de 2019.

Me encanta escribir en mi estudio del campo.

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