Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Opinión

En Orihuela, con Ramón Palmeral y santo Tomás al fondo

La tentación de santo Tomás, cuadro de Velázquez (Fotografía: Mariano Pedrera).

«Las piedras, las sillerías, el color, ese cálido tan característico de Orihuela, un museo viviente”

Ramón Fernández Palmeral

Con estas palabras de Ramón Palmeral, entrabamos en la calle Mayor de Ramón y Cajal de Orihuela, bordeando las paredes de su catedral, cerca de las 13 horas del día 21 de noviembre de 2023, con el objetivo de entrar en el Museo Diocesano de Arte Sacro para ver el cuadro de Velázquez La tentación de santo Tomás.

Yo tenía mucha ilusión de que Ramón Palmeral, escritor y pintor, y hombre de muchos saberes, viera de cerca y de natural el cuadro velazqueño y vinimos desde Alicante, siendo acompañados de buenos amigos de Orihuela, el matrimonio compuesto por José Manuel Estañ y Rosario Nadal, residentes en Elche, que también se desplazaron para ello, y Mariano Pedrera, intelectual, amigo y persona elegante en su trato y en su prestigio.

Fuimos atendidos admirablemente y al poco estábamos ante el hermoso cuadro, contemplándolo con el detenimiento que una gran obra merece. Para mí es un placer sentarme en ese banco desde el que puedes permanecer sentado ante una obra de arte, para estar en él deleitándote, sin prisas, ante lo que ya es inmortal.
Y ante el pintor. La pintura siempre es el pintor. Y aquí, Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, (Sevilla, 1599-Madrid, 1660). Fue hijo mayor de Juan Rodríguez de Silva y de Jerónima Velázquez y utilizó el apellido de su madre para su identidad pictórica.

Aprendiz en el taller de Francisco Pacheco, con cuya hija Juana casó, acabó siendo pintor de Cámara del rey Felipe IV, (1623) y aposentador de Palacio (1652), además de Caballero de la Orden de Santiago. Es prolífica su producción pictórica, con temas que van desde el realismo popular a retratos áulicos españoles, retratos de bufones, cuadros mitológicos y cuadros religiosos, entre ellos la Tentación de santo Tomas de Aquino, que se expone en el Museo de Arte Sacro de Orihuela, y es propiedad del Obispado de Orihuela.

Yo, como tantos, soy un admirador de Velázquez. No solo me impresiona en el Cristo crucificado, cuyo cabello encubre el rostro sin vida del Señor, sino también el de esa vieja friendo huevos que es espectacular, y las hilanderas, cuyo argumento, la condena de la bordadora Aracne, contada en sus pinceles, me inspiró una novela que hace tiempo escribí.

El autor de este artículo, Julio Calvet, junto al cuadro de la «Tentación de santo Tomás» (Fotografía: Mariano Pedrera).

Y desde luego, también, cómo no, este gran cuadro de santo Tomas de Aquino, del que gozamos en Orihuela, donde aparece ese ángel en pie, con su ropaje rosado, confortando al santo que permanece desmayado y llevando en sus manos el cíngulo de la castidad para colocarlo en él, que la ha podido conservar, dejándolo exhausto ante el esfuerzo. Por eso el intento de hacerle perder la castidad de santo Tomás de Aquino quedó en Tentación, en un intento frustrado que intentaron sus hermanos.

Al no estar firmado el cuadro, durante un tiempo se atribuyó su autoría al pintor murciano Nicolás de Villacís, y también, en todo o en parte, al amigo de éste, Alonso Cano, e incluso se atribuyó a Zurbarán, a Claudio Coello y hasta a Murillo. En 1925, Allende-Salazar se inclina hacia Velázquez, autoría que hoy ya no se discute.

En el catálogo de la exposición de los cuadros de Velázquez, que tuvo lugar en el Museo del Prado de Madrid, del 23 de enero al 31 de marzo de 1990, figura el cuadro de la Tentación de santo Tomás, que estuvo expuesto en dicha exposición y en el que se explica detalladamente por Julián Gállego el mismo, llegando a decir del cuadro: “La composición es de una perfección maravillosa… Un asombroso primer término, con bodegón de libros y tintero que recuerda el retrato de El Primo, (el bufón don Diego de Acedo), muestra que Velázquez es capaz de pintar objetos como Zurbarán… y aún mejor”.

Precisamente esa mañana, y ante el cuadro de Velázquez, yo, que en algún lugar lo había leído, señalé a mis acompañantes Ramón Palmeral, los esposos Rosario Nadal y José Manuel Estañ y al gran oriolano Mariano Pedrera, este extremo del cuadro del “bodegón de libros y tintero”, como lo determinante, para que los grandes expertos en pintura decidieran finalmente la autoría de Velázquez. Yo invito al amable lector de estas letras a que comparen el libro y tintero de la Tentación, y el mismo “tintero”, del cuadro de El Primo.

Pero para declarar la paternidad del cuadro de Orihuela, ya tuvimos el justo y anterior criterio de don Julio López Maymón, ilustre oriolano que fuera Deán de la catedral de Cartagena en Murcia, y orador sagrado que llegó a ser predicador de S.M. don Alfonso XIII cuando lo escribió en un folletón del periódico El Pueblo de Orihuela de fecha 5 de septiembre de 1926, titulado “Un lienzo de Velázquez”, donde en pie de página nos dice que “el autor escribió las presentes cuartillas para la velada literario-musical, que los sabios PP. Dominicos del convento de Jerez de la Frontera, dedicaron a santo Tomás de Aquino, el día 7 de Marzo último. En tan solemne acto, fueron leídas, y bondadosamente acogidas y aplaudidas”.

Autorretrato de Velázquez en «Las Meninas» (Fuente: Wikimedia).

En dicho rebusco, gustaba de titular a sus artículos don Julio, se explaya en hablar del “insigne orcelitano”, don Fernando de Loaces, (del que López Maymón escribió una notable biografía), y donde nos dice: “Si sentimientos tan nobles en reñida lite se ventilasen, sería su ejecutoria, el Colegio de Predicadores y Universidad Literaria, que en Orihuela, su patria chica, levantó su munificencia, al pie de encrespada sierra bordada de oquedades y de recovecos”.
Luego, tras describirnos admirablemente el edificio del hoy Colegio Diocesano de Santo Domingo, nos dirá don Julio que “no está desnudo de arte el edificio, como su mayestática iglesia, ambos de la planta del arquitecto tortosino Juan Anglés”. Y sigue diciendo: “Más entre todos, tablas y lienzos, descollante se ostenta, colgado de uno de los parámetros de la amplia sacristía, y en esta postura permaneció quizá más de tres siglos, el enorme cuadro, con su nada liviano marco seiscentista, que si no halla, encuentra el crítico de arte Tormo y Monzó. Y no es de Zurbarán, ni de Carreño, ni de Martínez del Mazo, ni de Claudio Coello; son remarcados los rasgos velazqueños.” Y añade: “En sucesivos escritos, no con la claridad necesaria, pero acercándose a ella, el Sr. Tormo, ve todo lo prodigioso del autor de La rendición de Breda”.
Y sigue diciendo, el deán de Cartagena en Murcia, en dicho artículo: “No escribimos como critico; emborronamos cuartillas como admirador del arte; y por eso creemos — tal impresión nos dejan repetidas contemplaciones — que es el pincel del lustre hispalense… del inmortal Velázquez. Y ese cuadro se llama… Sto. Tomas de Aquino confortado por los ángeles”.

Y nos invita López Maymon: “Oigan la descripción magistral del Maestro Tormo: ‘Representa el cuadro a dos ángeles mancebos que acuden a consolar y sostener el cuerpo de Sto. Tomas de Aquino premiándole, vencedor de una mujer perversa, que los hermanos del filósofo, dícese, había sido introducida en la celda para quebrantarle la vocación religiosa; ella se aleja en segundo término, volviendo la cabeza todavía dentro de la pieza’”.

Santo Tomas de Aquino era fraile dominico. Su hábito, blanco y negro de la Orden de Predicadores, reluce en el cuadro. En Orihuela está en pie el Colegio de Santo Domingo, y en la sala principal del Museo Diocesano de Arte Sacro de la calle Mayor, está el cuadro de Velázquez que retrata su tentación.

Comentamos largo rato nuestras impresiones. Salimos a la calle. El otoño de Orihuela permanecía impasible con sus luminosos colores. Y satisfechos de nuestra experiencia, volvimos a nuestros lugares. Tras despedirnos de la calle Mayor de Orihuela.

Julio Calvet Botella

Magistrado y escritor. Colaborador de la APPA.

4 Comments

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  • He disfrutado con vuestro disfrute. Dile a Palmeral que para otra ocasión, aunque no sea tan brillante, cuente conmigo. Un saludo cordial.