Así como la ociosidad es la madre de todos los vicios, la ignorancia es la madre de todos los prejuicios. Este aserto, esta frase, se me acaba de ocurrir y prometo que no la he copiado a nadie, ni es fruto de la inteligencia artificial. Se le puede haber ocurrido a otro y no voy a disputarle la propiedad intelectual. Vale (Abro paréntesis para explicar el uso de la palabra ‘vale’, con la que suele terminar sus artículos ese gran periodista de nombre Pedro J. y de apellido Bernabéu, palabra que es la última del Quijote cervantino y tenía el significado de ‘adiós’ o ‘que te vaya bien’).
Ya sé que con el Quijote pasa como con la Biblia. Es la obra más vendida del mundo tras el libro sagrado, pero no tanta gente lo ha leído. Apuesto a que hay más lectores del Quijote que de la Biblia, pero hoy quiero hablar, más que de la amplia ignorancia laica, del aún mayor desconocimiento de la religión cristiana, lo que no impide que casi todo el mundo, o incluso personajes que se las dan de intelectuales, se permitan dar lecciones de antirreligiosidad partiendo de una inopia abismal sobre la materia.
La historia del cristianismo y del judaísmo son complementarias. Son la historia de la creación, culminada con el primer hombre y la primera mujer, su pecado original, su expulsión del paraíso terrenal, la redención por Jesucristo, Dios y hombre verdadero, con su muerte en la cruz y venciendo a la parca con su resurrección, de la que casi toda la humanidad participará en el Reino de los Cielos, que es el paraíso celestial. La existencia de Jesucristo no la confirman sólo los Evangelios y los escritos de los apóstoles, sus cartas y sus muertes, sino los textos de historiadores romanos de los siglos I y II, entre ellos, Tácito, Plinio el Joven y Flavio Josefo, todos ellos enemigos del cristianismo. Los testimonios se suceden con escritos y tradición de siglos. La Iglesia católica y todas las iglesias ortodoxas tienen dos mil años de historia y así seguirá el cristianismo hasta el fin de los tiempos. Estas fueron las palabras de Jesús sobre el fin del mundo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Las recogen los evangelistas: Marcos, capítulo 13, versículo 31; Lucas 21,33 y Mateo, 24,35. Estos evangelios son libros históricos. Los milagros que relatan demuestran la divinidad de Jesucristo. Insisto, una vez más, en que hay milagros eucarísticos legibles en internet, así como otros muchos por mediación de la Virgen y de los santos, avalados por investigadores científicos. Hay que molestarse en leer con ojos y corazón limpios, sin prejuicios.
El cristianismo tiene dos mil años de grandes conquistas y enormes servicios a la humanidad. Pero hete aquí que una famosa actriz y humorista, Silvia Abril, acaba de sentenciar, en el ‘escenario’ de los Premios Goya, que la Iglesia católica es un “chiringuito’ bien montado y añade: “me niego a aceptar que la juventud tenga esa tirada hacia lo cristiano; me da pena que (los jóvenes) necesiten creer en algo y se agarren a la fe cristiana”. Le dan pena los jóvenes que tienen fe y se refugian, como unos pardillos, en los valores cristianos. Los más de dos mil millones de creyentes cristianos quedan retratados por Silvia como subnormales profundos, engañados por Jesucristo, sus apóstoles y demás seguidores, entre ellos los retrasados mentales de san Agustín, santo Tomás de Aquino, san Buenaventura, santo Tomás Moro, fray Luis de León, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Galileo, Lemaitre, Ortega y Gasset, el general Escobar, republicano fusilado por el franquismo, y Manuel Azaña, por poner unos ejemplos. Para Silvia, los creyentes son unos pobres hombres dignos, si no de desprecio, sí de lástima. Pena, dice, le dan los creyentes.
Medios informativos y redes sociales recogen innumerables protestas contra tales manifestaciones, faltas de respeto a la Constitución “que garantiza (artículo15) la libertad religiosa y de culto de los individuos y de las comunidades”. Faltas de inteligencia, diría yo y sobradas de ignorancia o animosidad. Ignorancia, porque una persona medianamente culta, como se presume que es Silvia Abril, no puede caer en la insensatez de creer que el cristianismo, cuyo mandamiento fundamental es el de Jesucristo (“amaos los unos a los otros como yo os he amado”, hasta la muerte y muerte de cruz) perjudica a los jóvenes.
Y, si no hay ignorancia, ¿qué tenemos? Como mínimo, animosidad por no decir algo peor. La izquierda del PSOE y la izquierda a la izquierda del PSOE siempre han perseguido a la Iglesia y ahora redoblan los ataques, también anticonstitucionales, proponiendo eliminar la Religión de las aulas incluso como asignatura optativa, mientras los más radicales proponen acabar con los acuerdos con la Santa Sede. Si pudiera, la izquierda global (ya lo intentó el Frente Popular), acabaría con la Iglesia. “Delenda est Ecclesia” es un lema que copia la frase con que acababa sus discursos en el Senado de Roma Catón el Viejo poco antes de la tercera Guerra Púnica: “Delenda est Carthago”. Tras tres años de asedio (149-146 a. C.), Escipión Emiliano, entró en Cartago, la destruyó por completo y a los supervivientes los vendió como esclavos.
No creo que la actual coalición de izquierda, extrema izquierda, extrema derecha catalana y extrema derecha vasca (menudo ‘frente impopular’, antiespañol pero interesadamente duradero) vaya a perpetrar la destrucción de la Iglesia. Yo que como saben, siempre me declaro creyente y seguidor imperfecto del mandato maravilloso de Cristo crucificado, hago votos por la conversión de los perseguidores de los cristianos y no porque me preocupe que nos quieran convertir en esclavos.
Le diría a Silvia Abril que no pierda el sueño preocupada por los jóvenes que ven valores en el Cristianismo. Una vez más recuerdo la frase de un enamorado de Jesucristo, Mahatma Gandhi: “No sé de nadie que haya hecho más por la humanidad… El cristianismo es una hermosa religión; lo malo son los cristianos que no viven en conformidad con lo que enseñan”. De la predicación evangélica de Jesús lo que más estimaba Gandhi es el llamado sermón de la montaña, el de las bienaventuranzas. Yo me las sé de memoria. Le recomiendo a Silvia que las lea y que intente abrazarlas como intentamos hacer los cristianos jóvenes y ancianos (como yo). Están recogidas en el Evangelio de San Lucas, en el capítulo sexto, versículos 20 a 24. Merece la pena. No es que lo diga yo; lo recomienda Gandhi. Te deseo lo mejor, Silvia: que, como Gandhi, hagas amistad con Jesucristo. Nunca te defraudará. Ni a ti, amigo lector.












Gracias, Don Ramón Gómez Carrión… por reavivar mi imperfecta alma en acción:
Cristianismo que para mí es hasta el amar al enemigo (revolución insuperable)…
por convertir la mirada (de rencor, odio e infelicidad) de la actriz que en la lectura de tus palabras
se torne en comprensión, respeto y felicidad de SILVIA ABRIL y amor a la diversidad de quienes hacen el bien…
Feliz Cuaresma (tal vez ignora la actriz qué significa o lo sabe pero tiene que llenar su estómago cada día)… Y «no sólo de pan vive el hombre», más la esperanza…
Vale (cervantino)
Leeré las Bienaventuranzas de Jesús para que guíen mis ACCIONES diarias…
Pedro
Propagar la Biblia, sobre todo el Nuevo Testamento, es ayudar a encontrar un tesoro con el que llenar la vida de felicidad.
Yo no sé por qué le das cancha a una mala actriz y peor humorista como Silvia, una charnega nacida en Mataró con padre de origen murciano y granaino, comunista e ignorante.
Amigo Palmeral: Creo que las reprobables palabras de Silvia Abril han tenido una resonancia notable, además de inmerecida. Supongo que ni ella ni sus allegados mentales me van a leer. Pero yo sentía la necesidad de compartir con los lectores de Hoja del Lunes mis pensamientos y mis sentimientos- Estoy de acuerdo contigo, por supuesto, sobre la miseria moral de los comunistas ignorantes que se creen con derecho a insultar.