Y así sin más, flores en las piedras… Y así sin más, piedras dentro de las botas… Y así sin más, palabras que hablan su despertar… Y así sin más, esos árboles que florecen por Navidad en cada Belén de esas “familias”, esos árboles que florecen no les importa florecer en ramas de plástico, cuando su savia y su savia bendita es de “esperanza” y “generosidad” y “humildad” y tanto y más… Esos árboles que cobijaron el “Nacimiento”, la “Vida”, la “Luz” y tanto y más… Y en horas, estarán visitando nuestras majestades de Oriente, Melchor, Gaspar y Baltasar…
Y así sin más, es un ¡nuevo enero! Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, veinticinco…, y las palabras están aquí, y han llegado tan vivas y vivaces y tan ciertas como el aire que respiramos, tan ciertas como esa bendita madrugada que se levanta y se ha levantado para tantas familias y hogares y tan ciertas como este canto que cantan en tantos rincones: ¡Gloria al bravo pueblo! Y también cantarán quienes perdieron la esperanza, quienes se rindieron y quienes, a lo mejor, sin soberbia, sin ego, sin rabia, sin prepotencia, sin odio, sin miramientos, sin superficialidad, sin maquillaje, sin poder, sin gloria, sin tanto y más, y con el alma desnuda y con exceso hasta las nubes y por encima de ellas de ternura y tanto y más, la tierra les sonría con aleluyas y la luz alumbre sus senderos y el agua sacie la sed de venganza, traición y muerte, porque en enero, las palabras que conciliaron el sueño, han sido primero…
Y así sin más, santos y benditos días de enero… Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria… gritaba el Señor.
Las palabras que conciliaron el sueño también respetaron la ley, la virtud y el honor y tomaron con dulzura y abrigo la espera y el desgaste de sus años y llegaron dispuestas donde falte las ganas, la alegría, el sabor, la fe a sus vidas nobles para volver a mirar y volver a sentir y volver a creer y volver a acariciar y volver a suspirar y volver a leer y volver a servir y volver a escribir y volver a vivir ¡Venezuela del alma!
Y así sin más, las palabras que conciliaron el sueño, dan su corazón sincero para gritar sin miedo su grandeza y el jardín que hay en su boca y en sus manos y en sus raíces y en su ser… Tenemos miedo… Tenemos fuerza… Tenemos la fuerza de las palabras… que consuelan nuestras penas y nuestras ofensas… porque el camino de la verdad conlleva consecuencias y aunque se valore más el encajar que el ser, alimentar el ego, la hipocresía, el desdén y tanto y más, y quedar bien con tu amiguete y la traición y… ¿Me vendieron?, ¿me entregaron? ¿Y dónde queda la autenticidad, la honestidad, el buen hacer, y tanto y más…? Acaso ¿alzar la voz es renunciar? Y en esta historia de la vida de la humanidad, ¿quiénes somos protagonistas y antagonistas?… O mejor, merecemos ser flores en ese jardín de las palabras que conciliaron el sueño… de la democracia, la vida, la equidad, el amor…

Y así sin más, después de días grises y fríos en temperaturas que alcanzan los cuarenta grados centígrados, en donde hasta los huesos sienten escalofríos y el estado de alarma es constante y en donde la “broma” ha causado efectos devastadores, es un “nuevo enero”, y en esas tierras florece desde el rosa oscuro de la eupatoria canabina, los amarillos de la hierba de san Juan y ranúnculos hasta él púrpura intenso de la salicaria y de la hierba de San Antonio, y fuera del agua, lirios y poligonías bistortas en tonos pastel, sagitarias y diminutas flores de filipéndulas, en color crema, que asemejan un manojito de espuma en lo alto de un fuerte tallo, que alcanza hasta un metro de altura, y hermosas flores del junco, que se abren en forma de roseta, hasta exóticas espádices que dejan ver sus frutos del aro acuático, escrofularias, mimbreras, salgueras blancas, llantén de agua, el sauce ceniciento, la cola de caballo y la nomeolvides que arrastra sus tallos por el borde de lagos y lagunas con sus flores azules, blancas y rosas y los espinos se adaptan a una gran diversidad de suelos y atraen a pajaritos que vienen a por su ración gourmet…
Y así sin más, vivir con las plantas, es vivir enselvas carboníferas que cubrían la Tierra hace unos 300 millones de años en los que había pocas clases de insectos y las libélulas revoloteaban, mientras que las mariposas y los chinches de campo y los escarabajos apenas habían evolucionado y los insectos se alimentaron de insectos muertos y así sin más ni menos, muchas flores siguen confiando en los insectos para su polinización… Abejas, garrapatas, escarabajos, abejorros, moscas, avispas, insectos, ranas, lagartos, lagartijas, caimanes, musarañas, zorros, monos, chinches, cucarachas, tijeretas, polillas, piojos y pulgas … Y es que, evitar ser devorado es la clave de la supervivencia para muchos y algunos lo logran mediante el camuflaje, otros casi… Picotazos, mordiscos, sacan provecho inofensivo, venenoso, con espinas muy visibles, con colores vivos o centelleantes que causan sobresalto o sorpresa, con vigorosas mandíbulas para morder o poderosas patas para asestar golpes o provistos de aguijón… Otros se equivocan tomándoles por lo que no son y no hacen intención de comérselos y es entonces, cuando, es tan cuasi perfectamente imperfecto ese mimetismo que resulta complejo determinar si está engañando o conciliando en esa metamorfosis de cambio de forma y apariencia… ¡Ve tú a saber! Y si sacamos de las entrañas esas ramas muertas y tanto y más y esas piedras de las botas y la rabia contenida y ponemos sobre la mesa las palabras sanas que conciliaron el sueño con el fin de poder andar, correr, saltar, jugar, besar, cantar, escribir, leer, abrazar, orar, meditar, y volver con ganas a tope de experimentar ese conjunto orgánico de olores y gustos de la Naturaleza vibrar con los sonidos y bailar con el aire en compañía de saltamontes, grillos, cigarras, ardillas, el petirrojo y la frescura de las flores en clave retro con canesú y pechera, silueta oversize, largo cropped, estilo masculino, mix-match en amarillo mostaza, rojo caldero, marrón caramelizado, con irish cream, ganache de baileys…
Postdata
“Queridos Reyes Magos, este año me he portado bien y he hecho todos los deberes y el carbón me gusta y tanto y más” pero… el amor…, el amor…, el amor… y las palabras que conciliaron el sueño y a ese bendito y bonito, veinticinco de enero, en Venezuela, tierra que me vio nacer. Jane.

Venezuela grande, única, irrepetible, raíz, esencia, en cada milésima de mis nanosegundos, en el meta verso, de mis primerísimos días y con admiración y que me regaló dulcemente el estar de mudanza, y saborear la magia del “hogar” en pacíficos, calmados, apaciguados y esperanzados… y esas vidas que siguen soportando con talante sus vidas en esa tierra, mis retazos, mis cicatrices y ese universo infinitamente precioso y exageradamente benevolente y piadoso, cuando más angustiados, desesperados, frustrados, traicionados, desenamorados, enredados, enfermos y a oscuras nos encontrábamos… de repente… enero… Un ¡nuevo enero! que se refugia en la profundidad y la hace sentir amada y bella y bonita y maravillosa y deseada y en esperanzados… A ese enero y ese amor en… Como la vida misma. “Cada palabra es un trocito de realidad, un trocito de vida, así que todas las palabras juntas, reunidas en comunión, forman un mundo real” Y desde ahora, muchas familias en Venezuela se sienten debilitadas por las circunstancias tan inesperadas y con tantos interrogantes y, mientras tanto, ¿cuántas historias empiezan con un café muy caliente y una puta adorable maleta?
¿Cuántas familias han dejado su corazón carente del mágico y bendito amor y de escasas caricias y abrazos y besos y de tanto que aún les sigue faltando, porque sencillamente y puñeteramente tan cierto como el sol, se les esquiva tan apáticamente y con tal desprecio y orgullo que siguen siendo tan fuertes que aún les palpita sin más?…
Es enero en Venezuela y es momento de recuperar la esperanza y la fe, un “nuevo enero” en Venezuela y en el mundo también, y con las maletas repletas de calma y añoranza y un: ¡valió la pena! Con nuevos días y noches amainados con perdón, y ojalá, ¡así sea!, que las heridas abiertas, más profundas, se conviertan en compañeras de viaje sin que nos drenen las fuerzas y los ánimos y esas tantas lágrimas empiecen a secar tantísimos charcos…












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