Cultura

Un ilustre danés en el “Bossio”

Fonda “Bossio”. Fotografía: Eugenio Bañón (Fuente: Alicante Vivo) y Hans Christian Andersen, 1867, por Thora Hallager (Fuente: Gran Enciclopedia Noruega).

Uno de los hechos menos conocidos, pero que tuvo su trascendencia en la historia del turismo en Alicante, es la visita que hizo a nuestra ciudad en 1862 el gran escritor danés Hans Christian Andersen, acompañado de uno de sus mejores amigos (Jonas Collin). El ilustre escritor de cuentos infantiles, de renombre mundial, visitó la capital alojándose en la fonda de “Bossio”, la de más renombre en la época en la terreta, y en su recorrido por nuestra capital, estuvo en: la Estación del Tren, lo que hoy es la Rambla, el Ayuntamiento, la iglesia de San Nicolás y el Puerto. Quedó encantado de Alicante y de su gastronomía y ¡cómo no!, del clima.

En su libro España (en otras ediciones se denomina Viaje por España), resalta diversos aspectos de nuestra ciudad, y por la trascendencia de esta publicación y de su autor, se erigió esta obra en una de las mejores guías de nuestro Alicante, contribuyendo grandemente a la difusión de los valores alicantinos.

Fuente: Centro Virtual Cervantes.

Hans Christian Andersen (1805-1875) se hizo famoso sobre todo por sus cuentos, algunos llevados con éxito a la pantalla. Hay un premio internacional de cuentos que lleva su nombre. Entre sus más renombradas obras algunas son míticas, como La sirenita (en Copenhague, la estatua de la Sirenita es el símbolo de la ciudad), El patito feo, El soldadito de plomo y La reina de las nieves.

En mi infancia, recuerdo que mis padres me regalaron Cuentos de Hadas de Andersen, y uno de los que más me gustó fue La doncella de los ventisqueros (narración rodeada de misterio), que me impresionó. Entrañable es su cuento La pequeña cerillera, conocido también como La niña de los fósforos, narración toda ella cargada de emotividad y sentimiento.

Ese lenguaje especial anderseniano, tributo al “lenguaje cotidiano”, da salida  a los sentimientos y sabe conectar emocionalmente de manera profunda, tanto con el público mayor como con el infantil. Supo calar, pues, en lo que a los niños les gustaba y de ahí que Andersen sea considerado como uno de los más excelsos escritores de cuentos de la literatura. Sus cuentos han sido llevados al cine (como ya antes mencionamos), a la pequeña pantalla, a cómics, al teatro, y son millones de ejemplares de sus obras, los que se han vendido y se venden en toda la geografía universal. El Premio Andersen para autores de cuentos -como arriba hemos apuntado- es el más importante  en el mundo, y una especie de Nobel, para los  escritores de cuentos infantiles.

Ilustración de Thomas V. Pedersen de uno de los cuentos de hadas más famosos de Hans Christian Andersen, Tommelise (Fuente: Gran Enciclopedia Noruega).

Infancia y adolescencia de Hans Christian Andersen

Sus padres fueron Hans Andersen y Anne Marie Andersdatter. Tuvo Andersen una infancia muy desafortunada y triste, y apenas pudo recibir una educación reglada. Contra todos los infortunios, con su voluntad y esfuerzo, fue haciéndose un nombre en el mundo de literatura llegando a alcanzar fama universal.

Su gran protector, Jonas Collin (abuelo del personaje que acompañaría a Andersen en su viaje por España), le ayudaría en su trayectoria y conseguiría que completase, en su adolescencia, su formación de Bachillerato. Probó fortuna el autor de El soldadito de plomo en el teatro, sin gran éxito. Era apocado y tímido con las mujeres y de físico no muy agraciado, que él mismo reconocía (acaso El patito feo tiene algo de autobiografía). No obstante, su porte y elegancia le otorgaban cierta distinción. Recibiría en la “segunda etapa” de su vida, numerosos premios y distinciones, tanto en su país como fuera de él. Le encantaba viajar y era un enamorado de  España, especialmente por una anécdota que más adelante detallaré. Hizo un viaje por varios países de Europa, Asia y África y plasmó por escrito sus impresiones, siendo unos libros de viajes narrados con encanto, por la ágil pluma anderseniana. Cultivó asimismo el teatro y la novela aunque, repito, son esos relatos cortos, esos cuentos, los que le darían la fama.

Ilustración de “El patito feo” por Alfred Walter Bayes y Dalziel Brothers (Fuente: Wikimedia).

No es de extrañar que, al bajar del tren en la Estación de Alicante, se alojara en la Fonda de “Bossio” que, a la sazón alcanzaba un renombre importante. Estaba situada en la zona cercana a donde actualmente se ubica el Banco de España, en lo que hoy día es la Rambla de Méndez Núñez, y desde allí partían muchos huéspedes en carruajes para visitar diversos lugares de la provincia, sobre todo los célebres Balnearios de aguas termales, entonces de moda para los forasteros que acudían a la terreta. Destacaba el de Busot. El “Bossio” merecería ser protagonista de un estudio pormenorizado, lo que ayudaría a conocer muchos aspectos del Alicante de la época. Se alojaron en la fonda mencionada ilustres huéspedes, entre ellos la famosa Emperatriz de Austria, “Sissi”, que debido al estado de la mar y dado que la embarcación (el yate “Greiff”) en que navegaba corría cierto peligro a causa de un temporal, recaló en Alicante. Desgraciadamente, pese a que ya existía cierto auge de la fotografía, no hay una constancia gráfica de esta visita. Tampoco de la de otros insignes huéspedes, entre ellos el célebre banquero Rothschild, don Francisco de Asís y Borbón, la infanta doña Amalia de Borbón y el Príncipe Alberto. Asimismo, serían huéspedes de esta fonda artistas célebres, políticos, hombres de letras (como nuestro Andersen) y otros altos cargos.

El “Bossio”

Describe Inés Antón Dayas, en su trabajo de tesis que presentó en la Universidad de Murcia, aspectos de ese “Bosssio” alicantino. Tenía habitaciones muy bien amuebladas, una buena cocina y unos precios económicos, además de un servicio de coches (carruajes). Al “Bossio” concurrieron muchos extranjeros, que convertirían el establecimiento en un punto de cita y reuniones muy importante. Su fama, escribe la profesora Antón, se debió también a  la categoría de algunos de sus huéspedes.

Una nota publicitaria, publicada en el diario El País a fines de siglo, proporciona interesantes datos del “Bossio”. Estaba situada la fonda entre la Calle Duque de Zaragoza y el Paseo de Méndez Núñez. Su excelente situación y organización de servicios “a la moderna”, dan fama a esta casa de antigua fundación. Era su Bodega, un “capital” en vinos selectos. Disponía de Sala de Lectura y un Servicio especial de carruajes para excursiones y paseos de sus huéspedes. La nota dice que se hablaba francés, inglés, alemán, italiano y portugués (epígrafes que acaso fueran algo exagerados).

Andersen, enamorado de España

¿Por qué Andersen era un enamorado de España? Especialmente por una anécdota que él relata, en su autobiografía El cuento de mi vida. Es la siguiente. En virtud del “Tratado de San ‘Ildefonso’”, la monarquía hispana enviaría soldados a Dinamarca para fortalecer a  las tropas danesas en el bloqueo contra los ingleses. Se Llegaría a mandar hasta quince mil soldados. El niño Andersen, en la primavera de 1808, vio desfilar a soldados españoles destinados en Odense, la ciudad natal del escritor. Un soldado español le alzó en brazos y apretó contra los labios del niño una medalla de plata que llevaba colgada el militar. Se encariñaron soldado y niño y aquél le dijo que tenía hijos en España. Desde ese momento, España sería una obsesión para Andersen, haciendo realidad su deseo de visitar nuestro país unos cincuenta y cinco años después de la anécdota mencionada.

Hans Christian Andersen en Alicante

Y así empieza nuestra historia sobre Andersen y el “Bossio”. En su gira por Europa, llega a España y, procedente de Almansa, en tren, “desembarcan” Andersen y su acompañante en la Estación de Alicante. “Sufrieron” el escritor y su acompañante (Jonas Collin, influyente abogado danés y nieto del director del Teatro Real de Copenhague) seis horas de viaje, pero Andersen no se queja de las molestias, ¡tan ilusionado iba! En el trayecto, traba amistad con un oficial del ejército español. Al bajar del tren el oficial dio la orden a tres centinelas, bien armados, que formaban parte de la seguridad de la zona, de que llevaran al carruaje que había previamente encargado, el equipaje de los dos viajeros. Un soldado, la maleta, otro el saco de noche y otro les buscó sitio en una tartana, que les conduciría a la Fonda. A la medianoche llegaron al “Bossio” los dos ilustres viajeros.

Describe Andersen el “Bossio” como un establecimiento bastante aceptable. Una escalera ancha les condujo a sus habitaciones. Estas eran amplias, con esteras de junco  para el suelo. Para la comida, les trajeron, en los postres, según Andersen, frutas incomparables, uvas de moscatel “zumosas y tersas” y para bebida “vino llameante, el típico de Alicante”. Dice el escritor que “hacía una noche de verano como no lo había experimentado nunca”.

La visita alicantina de Andersen y su acompañante, se describe con detalle en su trabajo “De Perpignan a Málaga”, dentro de España. Primero, la Estación de Ferrocarril y después, tras descansar, visita por la ciudad, recorriendo el Paseo de Méndez Núñez, el Ayuntamiento, la Iglesia de San Nicolás y el Puerto.

Hans Christian Andersen (Fuente: Fuente: http://thegrandmalogbook.blogspot.com/).

Queda encantado de las gentes alicantinas, del bullicio y la algarabía tan típicamente hispanos, de ese mercado de frutas  y verduras… Son recibidos por el cónsul danés en nuestra ciudad, que les hizo los honores. En su paseo por los aledaños del Puerto, saludan a unos marinos daneses de un buque que estaba atracado allí y que gozaban de unas horas de permiso para visitar esta Lucentum que tanto le entusiasmó.

En esa visita alicantina, de 1862 (ya en el tercer día de estancia en España), aporta Andersen interesantes datos de la ciudad y sus costumbres. Así, su visita al Mercado, situado en la zona de lo que hoy es la Casa Carbonell, y expone que hay variedad de carnes, pescados y verduras: “…amontonaban las naranjas como las patatas en Dinamarca; cebollas y uvas enormes colgaban de las vigas verticales, cual si brotaran de madera muerta”.

Da interesantes aportaciones de cómo era aquel Alicante que conoció: “La fisonomía de la ciudad la componen casas encaladas, con techos planos y balcones volantes; hay un par de calles pavimentadas y una alameda que evoca un fragmento de boulevard parisino”.   

Andersen había hecho realidad su sueño. Visitaba España, su tierra amada, y en ella era Alicante una de las localidades que más le gustó.

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José Moratinos Iglesias

Doctor en Ciencias de la Educación, diplomado en Psicología, profundo conocedor de la Psicopedagogía e Instructor de Tiempo Libre con sus estudios de Magisterio.

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