Reportajes

Rafael Altamira: sapientísimo maestro

(Fue dos veces candidato al Premio Nobel de la Paz)

En la terna de nuestros sabios alicantinos más ilustres y sobresalientes se encuentra sin duda alguna don Rafael Altamira y Crevea (1866-1951), que si no llega a fallecer a los 84 años en México, hubiera recibido el Premio Nobel de la Paz del que era candidato en 1951. Y habría sido el único alicantino en la historia de los Nobel que lo hubiera conseguido.

Lo cierto es que fue dos veces candidato al Premio Nobel de la Paz: la primera en 1933 y la segunda en 1951. En la reseña biográfica sobre Rafael Altamira realizada por su amigo Francisco Figueras Pacheco, editada en Sucesor de Vives Mora, Valencia, 1952, se recoge el texto de la propuesta para el Premio Nobel de la Paz que presentara el licenciado Isidro Fabela, juez de la Corte Internacional de La Haya, el 11 de enero de 1951, que dice:

«Norske Stortingo Nobelkomite. Oslo, Noruega. Me permito presentar a la consideración de ese Honorable Comité al historia­dor español, doctor en Derecho, profesor D. Rafael Altamira Crevea, doctor Honoris Causa de muchas Universidades europeas y americanas, de ochenta y cuatro años de edad, para la candi­datura a la próxima distribución del Premio Nobel de la Paz.

De la bibliografía y biografía de Rafael Altamira Crevea (México, 1946) y del apéndice correspondiente a la misma aparecido en 1948, que adjunto a la presente solicitud, se puede apreciar la obra pacifista del doctor Altamira, realizada desde la cátedra, el libro, la prensa y la tribuna en Europa y América. Asimismo, sus ideales pacifistas pueden apreciarse en el Tribunal de Litigios Mineros de Marruecos (París), en calidad de árbitro; en el Comité de Juristas de la Sociedad de Naciones, donde preparó un Proyec­to de Tribunal Permanente de Justicia Internacional (1920) por encargo del Consejo de la Sociedad de las Naciones, y en el mismo Tribunal, donde actuó, hasta que Holanda fue invadida, como juez de la Corte Permanente de Justicia Internacional».

Isidro Fabela, juez de la Corte Internacional de La Haya

Breve reseña biográfica

Rafael Altamira y Crevea nació el 10 de febrero de 1866 en la alicantina calle de San Pascual n.º 5, hijo de Rafaela Crevea Cortés y de José Altamira Moreno. Más tarde la familia fija su residencia en la calle Cienfuegos y después en la calle de San Fernando. Rafael era el segundo de cuatro hermanos: Juana, Rafael, María (nacida en 1872) y Miguel (nacido en 1899, pero fallecido a una edad muy temprana). En Alicante, cursa el bachillerato en el Instituto Jorge Juan. En julio de 1882, se traslada a la Universidad de Valencia donde estudia Derecho (años 1881-1886). Allí establece una gran amistad con el que sería después gran novelista Vicente Blasco Ibáñez y con el catedrático Eduardo Soler, que le pone en contacto con don Francisco Giner de los Ríos y Bartolomé Cossío del Instituto Libre de Enseñanza, y con el Joaquín Costa, político, jurista, economista e historiador aragonés.

En esa época juvenil, Altamira da rienda suelta a sus aficiones literarias de corte naturalista y escribe Cuentos de Levante y su novela Reposo.

En la Universidad de Valencia firma un manifiesto, en 1884, en adhesión del catedrático de Historia Universal, don Miguel Morayta y Sagrario (republicano y masón), que es un discurso sobre la cultura del antiguo Egipto, dijo: «El catedrático, en su cátedra, es libre, absolutamente libre, sin más limitaciones que su conciencia». Sus palabras despertaron tal polémica en la prensa de entonces que fue propuesto para ser destituido. Hubo protestas estudiantiles en todas las universidades españolas, con sangrientas cargas policiales.

Retrato de Rafael Altamira por Joaquín Sorolla para Hispanic Society of America -1913-, con traje académico -muceta de doctor en Derecho que porta la gran cruz de la Orden de Alfonso XII- (Fuente: Wikipedia).

Carrera de Derecho

En 1886 y finalizada su carrera de Derecho, viaja a Madrid para realizar su doctorado en la Universidad Central. Obtiene el grado de doctor en Derecho Civil y Canónico en 1887 con su tesis Historia de la Propiedad Comunal, dirigida por Gumersindo de Azcárate, por la que obtuvo la calificación de sobresaliente. En 1888, Nicolás Salmerón le ofrece la posibilidad de formar parte de la redacción de La Justicia, periódico del Partido Republicano Centralista que posteriormente pasará a dirigir. Firma sus artículos con el seudónimo de Ángel Guerra. En esos años, la Institución Libre de Enseñanza marcará para siempre sus ideas, sus preocupaciones educativas y su actitud ética. En Madrid trabaja como secretario en el Museo de Instrucción Primaria (más adelante Museo Pedagógico Nacional) y asume, además, la dirección del Boletín de la Institución Libre de Enseñanza. En la Universidad Central fue auxiliar de Francisco Giner de los Ríos en la Facultad de Filosofía del Derecho.

Gana en 1897 la cátedra de Historia del Derecho en la Universidad de Oviedo, donde conocerá a Pilar Redondo Tejerina, con la que contraerá matrimonio del 19 de junio de 1899 en la iglesia de San Isidoro el Real de Oviedo. De este matrimonio nacerán en Oviedo, sucesivamente, sus tres hijos: Rafael (1901), Pilar (1903) y Juana (1905), esta última conocida familiarmente con el hipocorístico de Nela.

Rafael Altamira con su esposa Pilar en México (1951).

Viaje por Hispanoamérica

Con motivo del III Centenario de la fundación de la Universidad de Oviedo, el claustro de profesores decide hacer efectiva su presencia en la vida cultural americana a través de un viaje de buena voluntad que restituyese los lazos entre España y el continente americano, rotos tras la pérdida de las últimas colonias en 1898. Resulta elegido por unanimidad para ser el conferenciante de este viaje institucional desarrollado entre junio de 1909 y marzo de 1910. Durante esos nueve meses visita Argentina, Uruguay, Chile, Perú, México, USA y Cuba impartiendo con gran éxito unas 300 conferencias en universidades y centros culturales de estas nuevas repúblicas. Todo su periplo será recogido en el libro de documentos Mi viaje a América editada por la Librería General de Victoriano Suárez en 1911, en Madrid. En 1909 es nombrado doctor honoris causa por las Universidades de la Plata (Argentina), Santiago de Chile y de Lima (Perú) y un año más tarde por la Universidad de México D. F.

 Regreso a España y a Alicante

Cuando Altamira regresó de América a España estuvo en su ciudad natal los días 3 y 9 de abril de 1919 y el Ayuntamiento de Alicante le rindió honores. Descubrió una lápida que desde entonces rotula con su nombre la antigua calle de la Princesa donde había nacido. Se repartieron diariamente unas quinientas raciones gratuitas en la Cocina Económica y en las cantinas escolares. Liberación de todos los objetos pignorados (empeñados) en la Caja de Ahorros por cantidades modes­tas. Concesión de los títulos de Hijo Predilecto de Ali­cante y presidente honorario de casi todos sus centros y organis­mos oficiales. Se ofreció un banquete en el Teatro Principal al que asistieron centenares de comensales y miles de espectadores, ávidos de escu­char el discurso en que el maestro, después del banquete, comentaría la gestación, desarrollo y resultados de su viaje por América.

Intervención de Altamira en un homenaje a Gabriel Miró en la calle Castaños, Alicante.

Asistió a numerosos actos, entre los más destacados el solemne traslado de los restos mortales del padre de Altamira al panteón de El Campello, que fue multitudinario. Integraban el imponente acompañamiento las autoridades provinciales y locales, las representaciones de to­dos los centros y entidades de la ciudad, varias bandas de música (incluso la del regimiento militar, en atención a que el finado José Altamira había sido director de bandas de música militares) y un gentío inmenso, como nunca se había reunido hasta entonces en solemnidad alguna. Los honores póstumos que nuestro paisano tuvo la suerte de ganar para su padre fueron, sin duda, el laurel que más le satisfizo de todos cuantos conquistó en su regreso a nuestra ciudad.

Profesor en la Escuela Diplomática

En 1914 es nombrado profesor del Instituto Diplomático y Consular, antecedente de la actual Escuela Diplomática. Ese mismo año obtiene por concurso la cátedra de Historia de las Instituciones Políticas y Civiles de América en la Universidad Central de Madrid, creada como materia exclusiva de doctorado en las Facultades de Derecho y Filosofía y Letras, con especial atención a los temas americanos.

Formó parte de la comisión de juristas de la creación de la Sociedad de las Naciones (SDN) o Liga de las Naciones, un organismo creado por el Tratado de Versalles en 1919, tras la Primera Guerra Mundial. Altamira la ejerció hasta su jubilación en febrero de 1936 y la dotó de una buena biblioteca nutrida en gran parte por sus propias donaciones bibliográficas. Declarado aliadófilo (partidario de los aliados) en la Primera Guerra Mundial publica La guerra actual y la opinión española. Mantuvo encuentros con el rey Alfonso XIII. En 1916, es nombrado senador por la Universidad de Valencia en la lista del Partido Liberal dirigido por el Conde de Romanones. Ese mismo año viaja a París con la Misión Española de Intelectuales Solidarios con Francia, compuesta por el duque de Alba, Menéndez Pidal, Miguel Blay, Odón de Buen, Américo Castro, Manuel Azaña, entre otros.

Rafael Altamira hablando con el rey Alfonso XIII.

En 1920 es elegido miembro de la Comisión de Juristas encargado por el Consejo de la Sociedad de las Naciones de redactar el anteproyecto del Tribunal de Justicia Internacional y en 1921 es nombrado uno de los nueve jueces primeros titulares del mismo desde 1921 hasta 1940, en que deja de funcionar el tribunal por la guerra y Altamira desarrolla una gran actividad internacional jurídica y pacifista.

Tribunal de Justicia Internacional

La última fase de la asombrosa y fecundísima actividad de Altamira, a la vez que la de mayor trascendencia universal, se caracterizó por su entrada en funciones de orden jurídico interna­cional. Según los datos que aparecen en el libro aludido, la fase de referencia fue «iniciada en 1919 por su nombramiento de árbitro en el Tribunal de Litigios Mineros de Marruecos (París); con­tinuadas por su elección de miembro del Comité de Juristas encar­gado por el Consejo de la Sociedad de Naciones de preparar un proyecto de Tribunal Permanente de Justicia Internacional (1920) y coronadas por su elección para juez de ese mismo Tribunal, hecha a la vez en el Consejo y en la asamblea de la referida Sociedad (1921), y por la reelección para el mismo cargo en 1930». No obstante los delicadísimos trabajos que estos altos car­gos le impusieron, ni antes ni después de la jubilación dejó de laborar por la cultura pública, por el progreso de las ciencias y, principalmente, por la paz de todos los pueblos de la tierra, nota esta última, apasionada y límpida, que fue la tónica del período indicado.

Propuesta para presidente de la Segunda República

En 1931, en plena Segunda República, fue elegido decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid. En 1933 fue propuesto por la República como candidato para el Premio Nobel de la Paz a raíz de sus esfuerzos por la paz mundial. La propuesta fue firmada por gran número de intelectuales españoles y europeos. En 1935 es nombrado presidente de la Casa de Valencia en Madrid. En 1937, la Universidad de Columbia (Nueva York) lo nombró doctor honoris causa.

El 10 de febrero de 1936, día en que cumplió los setenta años de edad y los cuarenta y ocho de sus servicios a la enseñanza, se jubiló como catedrático de la Universidad Central y cesó oficialmente de sus cargos.

Según cuenta Diego Martínez Barrio en sus Memorias, entonces presidente de las Cortes y Presidente interino de la II República en el periodo comprendido entre el 7 de abril al 10 de mayo de 1936, se barajó el nombre de Rafael Altamira como presidente de la República, en sustitución de Niceto Alcalá Zamora, cuando fue destituido por las Cortes Constituyentes con 238 diputados a favor de la destitución por su comportamiento en el 33, cuando ganó las elecciones generales la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), y por solo 5 en contra. 174 diputados abandonaron la cámara o se encontraban ausentes en el momento de la votación, por lo tanto Alcalá Zamora fue destituido (se requería mayoría absoluta de los 417 diputados en ejercicio, es decir, 209).

Rafael Altamira declinó la oferta argumentando que “los españoles somos ingobernables”, y dijo una verdad tan cierta como el teorema de Pitágoras. Indalecio Prieto, ministro de Hacienda del Gobierno provisional de la II República y miembro de la República en el exilio, fue uno de los que apoyaron la propuesta de Altamira para presidente.

Con motivo de la muerte de Altamira en México, Indalecio Prieto dijo: «Con Altamira desaparece uno de los hombres que podría haber cambiado el rumbo de nuestra historia si hubiéramos aceptado la propuesta de Manuel Azaña de que fuera el presidente de la República”.

El exilio y muerte

Con la sublevación militar del 18 de Julio de 1936, Altamira, que había ejercido cargos en la II República, salió de España en dirección a Holanda, hasta 1940, que marchó a Bayona, donde vivió hasta 1944, por la ocupación de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Tras una breve estancia en Portugal, en la que colabora con la Universidad de Coimbra, es invitado por la Fundación Carniege a dar un curso en la Universidad de Columbia (Nueva York). Un accidente fortuito durante el viaje le fuerza a cambiar de destino y se instala definitivamente en México D. F., donde estaban exiliadas sus dos hijas, Pilar y Nela. Su hijo Rafael se había quedado en España. En noviembre de ese mimo año y con setenta y ocho años, Rafael Altamira viajó a México D. F. para reunirse con su familia. En este forzado exilio a América había perdido todos sus libros y apuntes y aun así tuvo la entereza para seguir trabajando en la UNAM y en el Colegio de México, y escribir su Diccionario de términos jurídicos indianos y Tierras y hombres de Asturias.

Falleció de causas naturales el 1 de junio de 1951, a los 84 años, y está enterrado en el Panteón de Españoles de México D. F.

Su biografía la escribió su nieta Pilar Altamira García-Tapia, escritora, conferenciante y responsable del legado del abuelo, que residió en El Campello hasta su fallecimiento el pasado 18 de enero de 2021 a los 81 años.

Reconocimientos

Además de numerosas condecoraciones es Hijo Adoptivo de El Campello (Alicante), título que recibió el 26 de marzo de 1910; de San Vicente del Raspeig (Alicante) el 2 de abril de 1910; de Villafranqueza (Alicante) el 27 de marzo de 1910; de Elche (Alicante) el 5 de abril de 1910 y de San Juan (Alicante) el 8 de abril de 1910. También es Hijo Predilecto de Alicante, nombrado en marzo de 1910.

Doctor honoris causa por las universidades de La Plata (Argentina, 1909), Santiago de Chile (1909), de San Marcos de Lima (Perú, 1909), Nacional de México (1911), Burdeos (Francia, 1924), La Sorbona, París (1928), Cambridge (Gran Bretaña, 1930) y Columbia (USA, 1935).

Miembro numerario de la Academia Internacional de Derecho Comparado de La Haya desde 1928.

Da nombre a una calle céntrica de Alicante situada entre la Rambla Méndez Núñez y el Ayuntamiento.

El aula principal de la Sede Universitaria Ciudad de Alicante lleva su nombre.

Difícilmente hallaremos en nuestra historia alicantina, cercana, por más virtudes que le honren y en siglos próximos, a un personaje de talla intelectual, jurídica y humanista como Rafael Altamira.

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Ramón Palmeral

Soy escritor con más de 40 libros publicados sobre temas diversos. Socio de Honor de Espejo de Alicante, socio del Ateneo Blasco Ibáñez de Valencia, colaborador de la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela. Publico crónicas culturales y políticas con un sentido satírico desde hace más de veinte años, puesto que considero que la labor del ciudadano y de la prensa es la de fiscalizar al poder. Dirijo el portal Nuevo Impulso.net de arte, cultura y opinión. Mi correo: ramon.palmeral@gmail.com

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  • Querido amigo Ramon Palmeral. Enhorabuena por tu documentado articulo sobre Rafael Altamira. Un abrazo. Julio Calvet.

  • Estimado Ramón, mil gracias en nombre de la familia Altamira por este precioso y bien documentado recuerdo a Rafael Altamira, cuyo pensamiento sería de gran utilidad en estos días para nuestro país.

    • Gracias Ignacio por tu comentario, sin duda alguna tu abuelo fue un hombre admirable, que le tocó vivir en unos años terribles de guerras y exilio. Un ejemplo de entereza en estos tiempos que vivimos.

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