Dilo conmigo: «Ver bailar a un robot te sobrecoge». En realidad, fueron muchos modelos de esta revolución robótica en 2025 que han ido perfeccionando sus movimientos y funcionalidades y que, otra vez, sé sincero, te hizo pensar por largos instantes si el film Yo Robot es una profecía. De nuevo cavilas si el metaverso va a superar a la gente como tú y como yo, de carne y hueso. Te estremeces y luego te pellizcas para salir del lío y ocuparte en asuntos menos humanoides. Pero quizá algo no te has preguntado: Cómo la IA ha sido capaz desde construir perros robots interactivos realistas, hasta resolver tareas de aritmética, pero no ha podido dar con una fórmula para resolver las guerras.
Las máquinas saben pero no razonan, dicen. Y en la lucha del bien y del mal existen conflictos tan grandes que mueren inocentes en todo el mundo, tan dramáticos que familias van a juicio por la herencia de una propiedad, o tan comunes que se desencadenan grescas innecesaria por pequeñas infracciones de tráfico: problemas que superan todo algoritmo. La justicia ha sido avasallada por el más fuerte, por el que tiene más poder y dinero. La paz mundial es tan utópica como hacer las paces con el vecino. Los jóvenes son menos idealistas y los viejos mueren en soledad, sin una pensión digna. Estudios indican que producimos cerca de 60 mil pensamientos al día y a menudo son negativos. Para la inteligencia artificial, nuestro flujo de conciencia y el origen de la misma resultan aún terreno desconocido.
Tal vez, en estos días has usado ChatGPT para averiguar algo tan trivial como las mejores actividades para tus vacaciones de invierno, en lugar de asuntos de carácter más global, pero si le preguntas qué nos depara 2026, podría responderte así:
“Aparece como un año de transición, con crecimiento económico moderado, intensificación de la innovación tecnológica (especialmente en IA), grandes eventos culturales y deportivos y desafíos tanto para los mercados como para el empleo. Todo ello en un contexto donde las decisiones políticas y avances tecnológicos marcarán gran parte del rumbo global”.
Y si vas más allá y le preguntas: «¿hay esperanza para España en 2026?» Te diría: Sí, hay motivos reales para tener esperanza en España en 2026: La economía sigue creciendo (de manera fuerte comparada con Europa), hay expectativas de empleo y estabilidad macroeconómica y España está cada vez mejor posicionada en el contexto europeo». Cierras tu ordenador. Toca pensar cómo estirar el sueldo para llegar a fin de mes. Tu intención no es ser pesimista. Todo lo contrario. Tus expectativas siempre han sido altas cada inicio de año. Los planes que no concretaste en 2025 se harán de todas maneras en 2026. Aunque, a veces suena como el clásico «el lunes empiezo el gym«. Y claro, otra vez, ningún algoritmo puede predecir cómo anda tu fuerza de voluntad. Pero más allá de la fuerza de voluntad hay muchos factores que pueden impedirnos cumplir las metas de Año Nuevo: el miedo a fracasar, la falta de recursos económicos, el estrés o la depresión, la ausencia de apoyo social, los problemas de salud o incluso las barreras culturales y del propio sistema. Son realidades complejas que no se resuelven simplemente con buenas intenciones ni, mucho menos, con una búsqueda rápida en internet.
El suicidio sigue siendo la segunda causa de muerte externa en España, con una media de casi 11 suicidios diarios. Nueve de cada diez jóvenes han sentido una soledad no deseada. Y en cuanto a la política migratoria, hay tensiones por choques culturales, desconfianza y falta de integración. Es un problema que afecta tanto a migrantes como a españoles porque al final pagamos justos por pecadores y acabamos mirándonos mal sin tener nada personal unos con otros.
Y en cuanto a la inteligencia artificial, por muy avanzada que sea, difícilmente podrá resolver lo que llevamos dentro. La tecnología puede ayudarnos a producir más, a organizarnos mejor o a resolver problemas materiales, pero no puede enseñarnos a convivir, a confiar, a reconciliarnos ni a sanar las heridas sociales y emocionales que arrastramos. No puede devolvernos la calma en casa, la conexión con nuestros hijos, ni la esperanza en el futuro. En medio de tantos avances y logros tecnológicos, ¿no estás dejando de lado algo más profundo como cultivar el alma, cuidar lo que eres por dentro? La humanidad puede crear máquinas que resuelvan problemas materiales, pero ¿cómo recuperas la paz que te falta, la serenidad frente a la vida, la sensación de estar completo? Quizá siga existiendo algo más grande que tú y que pueda ofrecer esa calma interior que tanto buscas, aunque la respuesta siga siendo un misterio que debes explorar por ti mismo.












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