Reportajes

Óscar Esplá y Emilio Varela: pinceladas de una gran amistad

Óscar Esplá y Emilio Varela en Benimantell. (1929).

Yo empecé a interesarme por Óscar Esplá a partir de haber conocido al hernandiano Gaspar Peral Baeza sobre el año 2002, que me contaba cuando yo iba a consultar su archivo hernandiano en la Torre de las Águila de la Albufereta, su relación con don Óscar cuando Gaspar fue teniente alcalde y concejal de Cultura del Ayuntamiento de Alicante entre 1961-1967, en los mandatos de los alcaldes Agatángelo Soler y Fernando Flores, y miembro fundador del Instituto de Estudios Alicantinos, ejerciendo de presidente de la Sección de Publicaciones (1968-1973) y de secretario técnico (1973-1974). Me contaba que al compositor se le llamaba de don y él, a su vez, se dirigía a todo el mundo con el “usted” por delante, y entraba y salía por el ayuntamiento cuando le parecía o quería alguna cosa, no en vano había sido nombrado en 1915 Hijo Preclaro de Alicante. Me decía Gaspar que Esplá era muy educado y cortés a su vez y que, de su quijotesca figura, resaltaba por su alta estatura y una dentadura con desviación de los incisivos inferiores. Desde 1958, don Óscar dirigía el Instituto Musical del Sureste que luego pasaría a llamarse Conservatorio Superior de Música Óscar Esplá de Alicante.

Por Gaspar supe de la amistad de don Óscar con el pintor Emilio Varela o con el historiador Vicente Ramos, cuyas mujeres: la de Vicente doña Manolita y Adela –la mujer de Gaspar– eran muy amigas. Tenía don Óscar Esplá casa en Madrid, otra en la finca la Ruaya cerca del Monasterio de la San Faz, donde pasaba largas temporadas y que pertenecía a la familia de su mujer María Victoria de Irízar y Góngora, con quien se casó en 1929 –según la investigadora Paloma Otaola–, y la casa de campo veraniega en la Masía el Molí en Benimantell.

Don Óscar Esplá, compositor de fama, al que en estos tiempos de vorágine epidémica hemos olvidado, merece un recordatorio y unas reflexiones. La fama de Esplá se debe a haber ganado en 1911 el premio de la Sociedad Musical Nacional de Viena (catedral de la música mundial) con su Suite Levantina. Tras este éxito abandonó los estudios de ingeniería en Barcelona, inclinándose por la carrera de Filosofía y Letras, y decidió dedicarse de lleno a la música. Era prácticamente un desconocido autodidacta, pero el premio le valió para comenzar estudios de composición y dirección con Max Reger en Alemania y un año más tarde en País para estudiar con Camille Saint-Saëns. Sin embargo, el estilo de sus obras no se aproximó al de sus maestros alemanes, asemejándose más al de Debussy y Ravel en su tratamiento armónico y “la autenticidad en la creación musical”. Fue contemporáneo de Enrique Granados y Manuel de Falla.

Amistad con el pintor alicantino Emilio Varela

El compositor alicantino Óscar Esplá y Triay (1886-1976), tiene un currículum que no cabe en este breve artículo, que se limita a la amistad con Emilio Varela. Aunque Esplá por edad pertenece a la generación del 98, es uno de los amigos de los poetas de la generación del 27; se reunía con ellos en la Residencia de Estudiantes de Madrid con poetas como Federico García Lorca, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas, o Luis Rosales (este de la generación del 36). Tenemos una foto que habla por sí sola de esta relación de amistad en la comida del “Homenaje a la hispanista francesa Mathilde Pomès” en el restaurante Buenavista de Madrid el 10 de abril de 1931. En mencionada fotografía se puede ver, de izquierda a derecha, a Juan Guerrero (arriba). Ángel Vegué, Gerardo Diego, Jaime Torres Bodet, Mathilde Pomès, Luis Cernuda, León Sánchez Cuesta, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Óscar Esplá, Claudio de la Torre, José Bergamín y Pedro Salinas.

Homenaje a la hispanista francesa Mathilde Pomès.

Su relación de amistad con el pintor alicantino Emilio Varela se inicia en 1918 en Alicante al ser presentados por el pintor valenciano Joaquín Sorolla cuando estuvo en nuestra ciudad pintando en el Palmeral o el Carmen (hoy de San Gabriel) su cuadro de El Palmeral de Elche, uno de las 14 composiciones colosales que le encargó Archer Milton Huntington para la Hispanic Society de Nueva York. Emilio era alumno y ayudante de Joaquín Sorolla. Esta amistad se compacta o se fortalece en Aitana, donde el compositor compró una casa de campo, en la Font del Molí en Benimantell. Entre medias aparece la amistad con otro alicantino: “el mago de la prosa” Gabriel Miró, cuando estaba alquilado en una masía de Polop de la Marina para que su hija Clemencia, enferma, tomara los aires de la sierra, en los años veinte, que contará en su libro Años y leguas, 1928.

En 1924, Esplá y Varela estuvieron en una excursión en la isla de Tabarca junto al pintor Daniel Vázquez Díaz y el compositor y musicólogo Adolfo Salazar donde debieron comer el famoso arroz negro de la isla o sus excelentes arroces en caldereta.

Entre 1931 y 1934 Esplá fue presidente de la Junta Nacional de Música y Teatros Líricos de la II República, se exilió a Bruselas en noviembre de 1936, donde permaneció hasta agosto de 1950, fecha en que regresó a Madrid. En sus años de exilio pasó por dificultades económicas sobre todo por los años del plomo de la Segunda Guerra Mundial, periodo en que estableció amistad con el famoso pianista aragonés Eduardo del Pueyo que residía en Bruselas, con el que existe una correspondencia de 53 cartas durante 32 años publicadas por el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, edición de Paloma Otaola de 2001.

Esplá fue elegido Académico Numerario de Bellas Artes en 1953; miembro del Consejo Internacional de la Música de UNESCO; presidente de la Sección Española de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea; miembro Extranjero del Instituto de Francia, y formó parte de numerosos jurados de concursos internacionales.

El viaje de Esplá y Varela a París

En junio de 1928, Esplá invitó a Varela para que le acompañara a un viaje a París para el estreno de El Contrabandista, de la compañía de Les Ballets Espagnols de La Argentina (Antonia Mercé). Estuvieron en París entre el 10 y el 26 junto a Isolda Esplá Domínguez (hermana de padre), que tenía 17 años y era alegre, culta, comunicativa y conocía bien la lengua francesa, y que fue la guía perfecta para una persona tan apocada como Varela en un ambiente que “le producía vértigo…”. El aprecio admirativo e impulsor de Esplá por Varela se manifestó innumerables veces en París, una de ellas cuando logró que Jean Cassou, director del Museo de Arte Moderno de París encargase a Varela dos cuadros; otra fue cuando en 1929 Esplá dedicó «Al pintor Emilio Varela» sus Canciones Playeras, para soprano y piano, “con textos basados en El Alba del Alhelí de Alberti, que es, sin duda, la cima de la lírica vocal de cámara de Esplá y su obra más interpretada” (Manuel Sánchez Monllor, Información, 5/1/2017).

Toma la siguiente reseña de Juan Manuel Bonet:  «El motivo de aquella estancia [en París]: el estreno, por los Ballets Espagnols, de La Argentina, de El Contrabadista con libreto de Cipriano Rivas Cherif y música de Esplá. Tan sólo dos semanas, durante las cuales el pintor no logró sentirse a gusto en la capital del arte moderno, de la que sin embargo ve­nían muchas de las novedades que él mis­mo llevaba unos años aplicando en su obra, inscrita en el horizonte post-impresionista, a veces con audacias fauves. «De Francia –escribe José Bauzá– le llegaron los mejo­res estímulos», esos estímulos que se llama­ron Cézanne, Bonnard, Vuillard, Matisse, Marquet, Derain… Mientras otros pintores habían conseguido hacer la visita ritual: Picasso sin la cual el viaje quedaba incompleto, él tampoco se trajo ese recuerdo. A pesar de lo cual, algo de provecho hizo, que visitó galerías, y compró libros, entre ellos la Anthologie de la peinture en Frar; –de 1906 á nous jours (1927–), de Maur Raynal, con espectacular cubierta geométrica y rojinegra de Sonia Delaunay, y el recién publicado La surrealime et a peinture (1929) de André Breton, y las monogra­fías picassianas del propio Raynal (1922), Pierre Reverdy (1924) y Waldemar George (1924 también), a los que probablemente se sumara algún número de Cahiers d’Art, una de las publicaciones representadas en su célebre Composición cubista. No se tiene constancia de encuentros con franceses. Sí con españoles, como Ernesto Halffter, y el murciano Luis Caray, otro incluido en Luz entera, al igual que al resto de sus paisanos del núcleo en torno a Verso y Prosa. (Revista Canelobre, n.º 53, 2008:192,193).

Hubiera sido muy oportuno y promocional para Emilio Varela una entrevista y unas fotos con Picasso en París, pero no fue posible. Estuvo solamente dos semanas en la ciudad del Sena. Una estancia, aunque hubiera sido de meses, le hubiera sido muy beneficiosa para su proyección internacional, pero según Esplá era un hombre tímido y apocado.

Breve semblanza de Emilio Varela Isabel

Nació Emilio Varela Isabel en Alicante el 6 de noviembre de 1887, en el seno de una familia modesta sin antecedentes artísticos. Siendo adolescente ingresó en la academia del pintor Lorenzo Casanova, en Alicante. Se trasladó a Madrid donde permaneció de 1904 a 1907 recibiendo las enseñanzas de Joaquín Sorolla. Durante este tiempo fue distinguido con una mención honorífica en la Exposición Nacional de Bellas Artes por su óleo Gitanas (1906).

Cuando regresó a su tierra natal intentó poner en práctica el estilo impresionista aprendido del maestro Sorolla con quien se reencontró, como ya he comentado, en Alicante en 1918 y éste le presentó al compositor Óscar Esplá, en una amistad que duró hasta la muerte de Varela en 1951. Por esas fechas también conoció al escritor Gabriel Miró en Polop. Entre ellos siempre hubo una estrecha amistad.

Valera, por Ramón Palmeral

Varela se abrió al color impresionista sorollesco y a la luz del paisaje alicantino como en Panorámica de Alicante (1918). Comenzó a darse a conocer en exposiciones colectivas dentro y fuera de su ciudad, mereciendo en La Revue Moderne des Arts et de la Vie, de París, la acertada y temprana crítica de Clément Morro, en 1922. Al año siguiente, el Estado adquiría cuatro obras expuestas en el Salón de Arte Valenciano organizado en el Palacio del Retiro de Madrid, y en diciembre de ese mismo año, Varela expuso individualmente en el Ateneo de Alicante, en cuyos salones el artista colgará obras regularmente durante años. Pintó decenas de autorretratos, y temas locales y la vida rural de la sierra de Aitana. Falleció en 1951, a los 63 años, un día de Reyes, como Óscar Esplá, pero éste en 1976 a los 90 años.

Comida en homenaje a la hispanista francesa Mathilde Pomès

He iniciado el presente reportaje con la fotografía de la comida homenaje a la hispanista (1886-1977), para que veamos la importancia de esta reunión de mesa y mantel, puesto que era una mujer muy influyente en los círculos intelectuales españoles entre los años 20 y 50. Estudiante de gran brillantez, licenciada en Ciencias Políticas y doctora por la Sorbona con una tesis sobre el Idearium español de Ángel Ganivet. Aunque fue quizá su origen pirenaico francés (nacida en Lescurry) lo que la inclinó profesionalmente a la enseñanza del español. Pomès estableció una estrecha relación, personal y epistolar, con numerosos miembros de las tres generaciones literarias que llegaron a coexistir en la España de su tiempo como los de la generación del 98, 14 y 27. Con auxilio moral y material ayudó, por ejemplo, a que Pedro Salinas obtuviera en 1914 un lectorado en la Sorbona para complementar los escasos ingresos del poeta, casado con la santapolera Margarita Bonmatí Botella. Acumuló Mathilde Pomès un millar de cartas con 160 figuras (Unamuno, Azorín, Falla, Turina, Machado, Azaña, Gómez de la Serna, Gerardo Diego, Alberti, Jorge Guillén, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Pedro Salinas…).

Grupo de creadores alicantinos y el francés Larbaud

Al grupo de Óscar Esplá de los años veinte se le unió el poeta y escritor francés Valery Larbaud, que residió en Alicante y San Vicente del Raspeig toda la Primera Gran Guerra entre 1917 y 1920; autor de Diario íntimo, conocido como diario de Alicante, y como hablaba perfectamente español, así como alemán, inglés e italiano, se pudo relacionar bien. Entre las amistades de Larbaud estaba la del escritor y archivero Eduardo Irle, el abogado José Guardiola Ortiz (biógrafo de Gabriel Miró), el escritor Gabriel Miró, al que visitaba en su casa de Benalúa del que tradujo Semana Santa al francés en 1925, y del que dijo “espero que se llegue a considerar a Miró como el mejor escritor que ha tenido España después de Bécquer y Larra”; con Óscar Esplá, los hermanos Bernácer (Germán y Julio), con el doctor Higinio Formegos y con señoritas de la alta sociedad alicantina. También hay que advertir que Larbaud era propietario, por herencia familiar, del Balneario termal de Vichy (Francia).

Música, poesía y pintura

Como decía Leopoldo González: No cabe la menor duda: A la sensibilidad interna e incluso externa, que al momento de enfrentar la poesía a la música, ambos elementos estarán presentes uno en otro, y seremos capaces, según nuestra competencia sensible, de notar los paralelismos entre una y otra y de generar convergencias, o de acertar en los puntos en que se unen y separan poesía y música, todo esto en total abstracción”.

A la música y poesía tenemos que añadir el arte de la pintura, porque si no se posee sensibilidad y ritmo no se puede pintar una obra que tenga estilo, armonía y valga la pena admirar, porque la pintura también tiene sus silencios, su estructura, color y su áurea o proporciones áureas o de oro. Un caso digno de mención es el Hombre de Vitrubio de Leonardo da Vinci.

Conclusiones

El más famoso y premiado compositor alicantino de todos los tiempos Óscar Esplá no tiene el título de Hijo Predilecto de Alicante, ni el de Hijo Predilecto Provincial; lo que tiene desde 1915 es el de Hijo “Preclaro de Alicante”. Como bien advierte Francisco B. Burló en Información (9 de agosto de 2014) en la siguiente puntualización: “Pues sí, el compositor alicantino nació en la Plaza de Calvo Sotelo, al lado de donde hay una tienda de animales. Ahí al lado podrán ver la placa que certifica: «Aquí nació Óscar Esplá, hijo predilecto de Alicante». Parece que en realidad debía poner: «Aquí nació Óscar Esplá, hijo preclaro de Alicante», pero por error el escultor grabó la otra leyenda; porque lo que le nombró el Ayuntamiento fue hijo preclaro”.

Óscar Esplá, por Ramón Palmeral

La revista Canelobre del Instituto de Estudios Alicantinos Juan Gil Albert, dependiente de la Diputación, le dedicó a Óscar Esplá el número 53, de primavera-verano de 2008. Y el Ayuntamiento le puso su nombre a una avenida de la ciudad. En los años 70, se decidió homenajear su figura, otorgándole el título de una importante avenida con bulevar que unió por fin el barrio y la ciudad superando la histórica barrera del barranco de Benalúa, la solería es diseño de Eusebio Sempere.

En cambio, el pintor Emilio Varela –y no digo que no se lo merezca–, tiene el título de Hijo Predilecto de Alicante que se lo concedió el pleno del Ayuntamiento de Alicante el 25 de noviembre de 2010, estando como alcaldesa de la ciudad Sonia Castedo. Y posteriormente, el 4 de mayo de 2016, fue nombrado Hijo Predilecto de la Provincia a título póstumo por el presidente de la Diputación, César Sánchez.

Hay olvidos que no me cuadran, ¿o es que acaso la condición de republicano y exiliado de Óscar Esplá impide que su expediente suba a flote? Ya es hora que se le dé el reconocimiento que se merece. Los agravios comparativos siempre son odiosos, pero todo tiene una solución. Este año de 2021 se cumplen los 45 años de la muerte de Oscar Esplá y se le pueden dar sus recompensas tacañeadas en tiempos pasados.

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Ramón Palmeral

Soy escritor con más de 40 libros publicados sobre temas diversos. Socio de Honor de Espejo de Alicante, socio del Ateneo Blasco Ibáñez de Valencia, colaborador de la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela. Publico crónicas culturales y políticas con un sentido satírico desde hace más de veinte años, puesto que considero que la labor del ciudadano y de la prensa es la de fiscalizar al poder. Dirijo el portal Nuevo Impulso.net de arte, cultura y opinión. Mi correo: ramon.palmeral@gmail.com

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  • Amigo Ramón, te felicito por este artículo tan extraordinario en que nos has dado una visión muy completa y clara de lo que debió ser la amistad y relación de estos dos grandes artistas alicantinos, y esa época de esplendor en que nuestros genios de las artes se relacionaban entre sí como un gran grupo en que fluía la amistad y el compañerismo.
    Estoy de acuerdo en que Óscar Esplá, debería ser nombrado hijo predilecto en este año en que se cumplen 45 años de su muerte.

  • Extraordinario y completísimo estudio literario y biográfico, querido amigo Palmeral. Enhorabuena. Un abrazo. Julio Calvet.

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