Sobre la Navidad, como sobre la autoayuda, se han escrito millones de libros y artículos, pero, al final, uno llega a la conclusión de que en esto, como en casi todo lo que afecta a nuestras vidas, a lo más profundo de nuestra existencia, lo verdaderamente importante se encuentra en nuestro interior. Lo dijo muy certeramente san Agustín: “En el interior del hombre habita la verdad” (In interiore hominis habitat veritas). Y también es suya esta sentencia: “Ama y haz lo que quieras” (Ama et fac quod vis). Hablaba y escribía en latín, la lengua del imperio romano, cuyo final él vivió en Hipona, en el norte de África latinizado, en los años 30 del siglo V, con la invasión de los bárbaros a cuya conversión al cristianismo contribuyó.
Ocho siglos más tarde, en 1223, otro santo fabuloso, Francisco de Asís, humanizó la Navidad con el primer belén viviente de la historia en una gran cueva de la localidad de Greccio, próxima a Asís, con pesebre, asno y buey, ‘Nacimiento’ al que se considera el inicio de la tradición europea de montar belenes vivientes o con figuras artísticas de todo tipo (barro, cerámica, papel, madera). Se cree que la belenística fue introducida en España por las clarisas, un instituto religioso creado por santa Clara, compañera de san Francisco y creadora de la rama femenina de la orden de Hermanos Menores. Ellas crearon sus primeros conventos hispanos en Cataluña. Poco a poco, en Italia como en España, los belenes pasaron de los conventos a todas las iglesias y luego a las casas.
El triunfo apoteósico del belenismo llegó a nuestro país con Carlos III, hijo de Felipe V y de su segunda esposa, Isabel Farnesio. Se le proclamó rey de Nápoles y Sicilia, mientras la corona española quedó en manos de Fernando VI, nacido de la primera esposa de Felipe V, María Luisa Gabriela de Saboya. Al morir en 1759 Fernando VI sin descendencia, su medio hermano Carlos fue coronado como rey de España, un rey que es considerado por los historiadores como uno de los mejores de todos los tiempos, porque lanzó a España en economía, en cultura y en prestigio internacional…
Fue Carlos III belenista por contagio. La enamorada de los belenes napolitanos era su esposa, Amalia de Sajonia. Ella fue la que trajo, al venir de Nápoles, cientos de figuras de grandes artistas napolitanos exponiéndolas en el Palacio del Buen Retiro. Poco disfrutó del belenismo, en España, la reina consorte porque llegó con su esposo en 1759 y una enfermedad pulmonar se la llevó al cielo en 1760. El rey estaba profundamente enamorado de ella y, en homenaje a ella, no sólo mantuvo lo que se llamó el Belén del Príncipe (el primogénito de Carlos III que reinaría como Carlos IV), sino que lo trasladó al Palacio Real y lo enriqueció con nuevas figuras de los famosos escultores valencianos José Esteve, nacido en Valencia, y José Ginés natural de la localidad alicantina de Polop, así como del murciano Francisco Salzillo. Tres grandes de la imaginería de la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX. Las sensacionales esculturas del Belén del Príncipe, obra de estos tres grandes escultores, se pueden ver gratuitamente en el Palacio Real de Madrid todas las Navidades, hasta el 6 de enero, excepto los días de Navidad y Año Nuevo, según leo en internet. Salzillo realizó también un belén para un rico hacendado de Murcia, belén que, pasados los años, ha venido a formar parte del Museo Salzillo de la capital del Segura. Belenes vivientes tenemos uno, especialmente señero en la provincia, el de Pobladores de Elche. Y otro que destaca por su originalidad y por su arte, el Belén de Tirisiti de Alcoy, una joya única, ‘Bien Inmaterial de Interés Cultural’.
El belén era para san Francisco un acercamiento a los hombres del misterio del hijo de Dios que se hace humano y nace pobre en la cuadra de una posada de Belén, al calor amoroso de María y José y del que le proporcionaban la mula y el buey. Nada de palacio, médico o comadrona. Ni sirvientes. Eso sí, unos ángeles y unos pastores que, por lo que dice un villancico, le llevaron requesón, manteca y vino. A María y José le vendrían bien, pero lo que es al Niño… Menos mal que otros niños, que no tienen nada que llevarle, le llevan su corazón, que le sirva de pañales. La Navidad, con el belén y los villancicos y otras canciones navideñas, crea un clima familiar y de hermandad universal que hace de los regalos una bendición de Dios. A los que somos abuelos nos gusta recordar a grandes cantantes interpretando el más universal de los villancicos, Noche de paz. Para los que saben latín (incluso para los que no lo entienden del todo) hay un villancico fantástico, Adeste fideles. Una música genial. Otras melodías navideñas han triunfado como anuncios, entre ellas puede que ésta sea la más ‘famosa’, obra de un hombre de radio, televisión y publicidad, fallecido no hace mucho, Luis Figuerola-Ferreti: “Las muñecas de Famosa se dirigen al portal/ para hacer llegar al Niño su cariño y su amistad./ Y Jesús en el pesebre se ríe porque está alegre./ Y Jesús en el pesebre se ríe porque está alegre,/ Nochebuena de amor; Navidad jubilosa/ es el mensaje feliz de las muñecas Famosa”.
Posdata: Dos arzobispos le cantan las cuarenta a Sánchez
Pedro Sánchez sólo se lleva bien con sus ministros porque no tienen más remedio que serle fieles y sumisos. Los partidos minoritarios, de izquierdas, de extrema izquierda, de derecha extrema catalana o vasca, no le son fieles (lo critican), pero lo mantienen en el poder para sacarle los higadillos. Son unos traidores a España y bien pagados, encima, por quien, siendo presidente de todos, persigue a la Iglesia católica y a dos arzobispos que se han atrevido a criticar la situación anómala, antidemocrática, en que vive el país. Recuerdo una campaña de pensionistas gritándole al Gobierno aquello de “somos ancianos, pero no tontos”. Sánchez toma por idiota al arzobispo monseñor Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal, cuando le ‘ordena’ que sea ‘neutral’, que esté calladito, que se acabó el tiempo franquista en el que los obispos tenían poder en España y que tienen que respetar el resultado de las elecciones. Una vez más Sánchez ‘confunde el culo con las témporas’ y se cree que un Gobierno legal puede impedir que las personas, sean religiosas o civiles, hagan uso del derecho constitucional a la libertad de expresión.
“Ante el respeto a la vida y su dignidad, la comprensión y el apoyo a la familia en la vivienda y la educación, la acogida de inmigrantes, el servicio a los pobres, la libertad religiosa y de conciencia y el respeto a las reglas básicas del Estado de Derecho, no soy neutral”, le ha dicho monseñor Argüello.
El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, apoya al presidente de la Conferencia Episcopal con estas palabras:
“Dentro de la decadencia moral, corrupción, prevaricación, indecencia de saunas-prostíbulos, robos, mentiras flagrantes y control de la discrepancia judicial y mediática, disparan los mandamases contra la Iglesia una vez más. Dice bien L. Argüello, pasar página ya”.
Larga posdata, pero de gran actualidad. Sánchez quiere ser papa y mandar en la Iglesia. Pero ni es san Pedro (debería cambiar de nombre o de conducta), ni León XIV. ¿León? Todo lo más un galgo, pero ‘el galgo de Paiporta’.












Felicidades por un gran artículo. No hay ninguno del que no aprenda mucho. Un abrazo fuerte.
Gracias. Un abrazo.
Gracias por recordarme que en la casa de mi madre y mi padre, desde niños, montábamos un Belén… y que cada Navidad añadíamos con mucha ilusión unas cuantas figuras…
Feliz Navidad cada día
Pedro
Un abrazo navideño.
Feliz Navidad, maestro.
Tú si que eres un maestro. ¡Feliz Navidad y fructífero año nuevo!
Un abrazo.,