Hace tiempo, quizás mucho tiempo, sabíamos que se acercaba la Navidad por el frío de fuera. También por el de dentro, eso también. Pero, sobre todo, por esa manera de sentir los huesos, por los sabañones colonizando las orejas, por las manos ateridas calentándolas con el vaho que exhalábamos al respirar fuerte. También, muchas veces y depende donde viviéramos, sabíamos de la Navidad porque la nieve nos hacía una visita inesperada, y siempre, siempre, desde que había televisión, por aquel anuncio, «Vuelve a casa por Navidad», que acabó siendo la Navidad misma. Y para completar aquella desvaída postal sabíamos que aquel tiempo tenía un claro comienzo y un claro final, vacacional si eras crío. Otro signo inequívoco era que las tareas del campo entraban en hibernación, recogida ya la cosecha y a la espera de que el ciclo de la naturaleza fuera desperezándose. Pero, sobre todo, sabíamos que la Navidad avizoraba por ese olor a dulces recién hechos por las madres de todos nosotros, rollos, mazapanes, alfajores, mantecados, los glamurosos suspiros, olores que invadían casi todos las casas, que, sigilosamente, se escapaban de las casas mismas para volar libres afuera, dulces para compensar la falta de azúcar de todo el resto del año.
Uno de los muchos anuncios de El Almendro, «Vuelve a casa por Navidad».
Por eso debe ser que ahora, sin frío, sin casi nieve, con demasiado azúcar todo el tiempo, tenemos que recurrir a esos otros signos. Por ejemplo, a esos excesos de luminarias en calles y plazas, que nos atraen y ciegan al tiempo desde hace semanas, incluso meses, luces que nos tapen también los rincones de oscuridad y miseria que nos rodean y que preferimos no ver, que preferimos no mirar. A veces, pura idolatría de cartón piedra, como sucede de unos años acá en Alicante, también podemos percibir su proximidad por esas esculturas bíblicas gigantes que han ido colonizando toda la ciudad, puestas ahí con la vanidosa intención de ser portada de algún estrafalario nuevo récord Guinness que nos-coloque-en-el-mapa de las cosas grandes.
Pero, sobre todo, percibimos que se acerca la Navidad porque hay alcaldes y alcaldesas tomando decisiones valientes —así las llaman “decisiones valientes”—, gentes casi todas que se reclaman católicas y buenos cristianas, gentes que salen en todas las procesiones y más si las hubiera, gentes que creen ostentar el monopolio de la religión verdadera por cómo hablan de otras religiones, por cómo miran a quienes piensan diferente. Decisiones “valientes” como esa que ha tomado, orgulloso y ufano y a las puertas de la Navidad, el alcalde de Badalona, un tal García Albiol, mandando de madrugada a la Policía para que “limpie” la ciudad y desaloje a los cuatrocientos inmigrantes que se habían refugiado en aquel viejo instituto abandonado de su pueblo, el B9, todos ellos con la esperanza de una oportunidad para dejar el frío, el de dentro, claro, pero sobre todo el de fuera.
Debe ser simplemente que, para gentes como García Albiol, para organizaciones como su propio partido, el PP, que no ha perdido un segundo en afearle el gesto, pero también para los que callan y para toda esa gente corriente que le vitorea, aplaude y empuja con entusiasmo, que el mayor y más vergonzoso desalojo de España de estas características es solo eso, otro récord Guinness más, otra manera de celebrar la natividad de Jesucristo. Eso sí, quede claro, un portal de Belén sin “negros ni pobres”. Pura moderna Navidad.
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Es una pena que confundas un tanto al alcalde ‘popular’ de Badalona con la Iglesia. ¿Por qué desconoces la doctrina del Papa León XIV, en línea con la de su antecesor Francisco, por una Iglesia pobre para los pobres y que, con Cáritas y otras instituciones eclesiales, trabaja sin cesar para los más desfavorecidos de la sociedad? No politices a la Iglesia y menos para atacarla como Pedro Sánchez. Por supuesto que estoy contra los desalojos injustos y sin alternativa humanitaria. Pero no confundamos las churras con las merinas, amigo Pepe. Feliz Navidad con una paz que para ser cristiana tiene que fundarse en la justicia. Claro que sí.