¡Feliz 2026!, a pesar de los pesares. No esperemos grandes cambios fuera de nuestras vidas, si es que nuestras vidas van a cambiar… a mejor. Hagamos lo imposible para que así sea. Sobre lo que está fuera de nosotros y los nuestros poco podemos hacer. Mucho me temo que nuestros amados líderes políticos nos van a seguir dando satisfacciones sin cuento mientras nos narran cuentos chinos, los preferidos ahora por Zapatero y Sánchez, ellos sabrán por qué. Acaso nos lo explique el optimista presidente, al que hay que agradecerle los años que lleva haciendo mejor la vida de los cada vez más empobrecidos ciudadan(a)os, según presumía antes de irse de vacaciones festeras (que no navideñas) a Andorra.
De actualidad es el sacrificio que por todos los valencianos hacen Carlos Mazón, Ximo Puig y Alberto Fabra, tres expresidentes de la Generalitat quienes, ansiosos por seguir haciendo grande a nuestra región, mantienen abierta una Oficina de Apoyo a los Expresidentes (cada uno la suya) con la finalidad de prestarles servicios y soporte a unas funciones que se suponen absolutamente innecesarias. La de Mazón está ubicada en un piso de la Explanada de Alicante. Todos tienen derecho a dos asesores, chófer y coche oficial de la Generalitat. Leo que Ximo Puig la tiene operativa en Valencia, pese a que reside en París como embajador de España ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con vivienda de lujo y un sueldo de unos 150 000 euros anuales según informaciones de los periódicos ABC, El Debate y El Español. La Oficina de Apoyo a los Expresidentes de la Generalitat está avalada por la Ley Autonómica 5/1983 y por la ley estatal 6/2002, que establece el “reconocimiento, atención y apoyo a los exmandatarios tras su cese, garantizando su dignidad y decoro con tratamiento vitalicio de Molt Honorable Señor”. Algunas de estas ‘Oficinas’ conllevan un gasto de unos 500 000 euros anuales supuestamente. No soy un experto en timos de la estampita, pero sospecho que, tras palabras grandilocuentes sobre el cometido de ellas, se ocultan gastos injustificables para unos expresidentes que se deberían conformar con una jubilación dignamente pensionada como la de todo hijo de vecino; todos iguales ante la ley, en derechos y obligaciones, como ordena y manda la Constitución de 1978.
Personal de la Oficina del Sindic de Greuges: 39 trabajadores, de ellos 17 asesores
Si nadie en su sano juicio puede defender la existencia de las Oficinas de Apoyo a los Expresidentes de la Generalitat Valenciana, ¿qué me dicen de la multiplicación de los panes y los peces, quiero decir de los ‘defensores del pueblo’, que en valenciano y catalán se denominan síndic de greuges y en vascuence o euskera se dice ararteko? El Síndic de Greuges de nuestra autonomía radica en Alicante capital (¡gran logro de la descentralización del poder autonómico!), en noble edificio encajado entre las calles San Francisco (la de las Setas) y la del Cid, al lado de la plaza de Gabriel Miró, antes de Isabel II y conocida como la de Correos (hasta que la Generalitat compró el precioso edificio correístico) y antes, mucho antes, como Plaza de las Barcas, pues hasta allí llegaban las barcas de los pescadores y otros barcos cargados de sal de Torrevieja y no sé si de Santa Pola, antes, claro está, de que hubiera relleno con derribos de las murallas (a finales del siglo XIX) y luego llegara el Paseo de los Mártires, que devino en la Explanada de España. En este edificio trabajan 39 personas, al frente de todas las cuales se encuentra el síndic, Ángel Luna, prestigioso jurista que fue senador, alcalde socialista de Alicante y famoso diputado del Parlamento de nuestra autonomía hasta devenir en Síndic de Greuges tras el mandato del ‘popular’ José Cholbi Diego, al que sustituyó en 2019. Le queda un año en el cargo, ya que el mandato es de siete años y no puede repetir como candidato en las Cortes Valencianas. El síndic es nombrado por el Parlamento autonómico y no depende, para nada, de la Presidencia del Consell.
Dicen los que le conocen bien que es un síndic excelente, pero esos mismos (creo) y los que le conocen menos sostendrán conmigo que para tan pocas competencias como tiene la sindicatura no se necesitan tantas alforjas. Alforjas como los 38 compañeros que le acompañan en su tarea de denuncia de irregularidades administrativas, pero sin poder ejecutivo alguno. Además del síndic hay un adjunto primero y un segundo, un secretario general, 17 asesores… No fallan, en general, las personas, sino el sistema. ¿Para qué queremos 17 sindicaturas y 17 parlamentos autonómicos, algunos de ellos con más de cien diputados? ¿Para qué un ministerio de Educación si las competencias están transferidas; ni un misterio de Universidades si ocurre lo mismo, o un ministerio de Sanidad, si lo único que se le ocurre a la ministra (médica) es un estatuto de la profesión que pone en pie de guerra a los médicos? Menos ministerios, menos cargos, menos trabajadores públicos innecesarios y más profesores, más médicos, más personal de enfermería, más bomberos, más trabajadores forestales, menos administrativos innecesarios y menos cargos de confianza, como los cientos de asesores de un Gobierno que, si no es corrupto, es despilfarrador. Aseguran que en 1975 había 900 000 empleados públicos y ahora sobrepasan los tres millones. No es que sean demasiados, sino que no son, cualitativamente, los que España necesita.
Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón. Los hay que siguen pugnando porque siga habiendo dos Españas malas, que le dolían a Antonio Machado, ese monstruo de la poesía, buen filósofo, cuyos restos mortales siguen descansando en Francia. Como barrunto que no tenemos remedio, me apetece gritar: ¡Viva la revolución pendiente! Que no es la francesa de 1789 ni la rusa de 1917. La nuestra: ¡Viva España única y buena! Es posible además de necesaria. Digan lo que digan… los demás, como cantaba (y aún canta el tío) Raphael.
¡Feliz 2026!












Pues sí.
Pues gracias.
Sobran estómagos agradecidos, cuánta razón don Ramón Gómez Carrión,
y cuánto despilfarro del dinero público
(de todas y todos nosotros)
que pagamos en impuestos y hasta al pedir una caña 🍻 cerveza…
Feliz Año Nuevo cada día 🎊
Y Bolaños escribe a los Reyes Magos (en los que su Gobierno no cree, ni él tampoco), pidiendo un mejor reparto de la riqueza (algo que es responsabilidad de los gobernantes) y una Justicia mejor, cuando son el Gobierno y sus socios los que la atacan permanentemente. Usan palabras ‘verdaderas’ para que nos traguemos sus ‘mentiras’, camufladas como ‘cambios de opinión’, en expresión vergonzante y vergonzosa del calificado como ‘puto amo’ por un ministro llamado injustamente Óscar y apellidado, con la misma injusticia, Puente.