Reportajes

Leyendas alicantinas II: El pantano de Tibi

Pantano de Tibi (Fotografía: Miguel A. Sánchez).

El que todos conocemos como el pantano de Tibi, originariamente se llamó pantano de Alicante, ya que su construcción fue debida a la sequía que padecía la huerta alicantina en aquellos tiempos.

Ampliando un poco más el concepto, hay que decir que la historia del pantano se remonta a la conquista de Alicante en el año 1248 por el rey don Alfonso de Castilla. Este rey otorga el privilegio a la ciudad sobre el derecho de las aguas del río Monnegre (llamado también riu de Cabanes, riu Vert y riu Sec en su último tramo de desembocadura al mar), y de los caudales nacidos en términos de Castalla, Onil y Tibi para riego de la huerta de Alicante, que ya por entonces padecía de una pertinaz sequía por la poca afluencia de lluvias (como pasa ahora).

Estos privilegios sobre las aguas de otros contornos para Alicante capital origina una serie de disputas sobre las gentes de esas otras villas, que reclaman para sí el derecho de las aguas al discurrir por sus territorios, pero siempre gana la batalla finalmente la villa de Alicante, ya que otros monarcas posteriores a don Alfonso de Castilla reiteran para esta zona los privilegios alfonsinos.

Es por todo lo expuesto que al final se decide, con buen criterio, la construcción de la presa que abastecería la huerta de Alicante en el término de Tibi por ser el más idóneo para la recogida de las aguas y su mejor aprovechamiento.

Con todos estos avatares por los derechos de las aguas llegamos al año 1579 donde, tras un proyecto de un molinero de Muchamiel llamado Pere Esquerdo, que presentó al Consejo de Aguas de Alicante. Este Consejo, con el gobernador de la villa al frente, se reunió el día 7 de agosto de 1579 en la iglesia de Santa María, y aprobaron la construcción de la citada presa, pidiendo para ello licencia a Su Majestad el rey, que ya en aquel entonces era Felipe II.

Pantano de Tibi (Fuente: Alicante Vivo).

Por aquellos tiempos las arcas reales no estaban muy boyantes debido a las continuas guerras europeas entre las distintas Casas reinantes, por lo que la Casa Real otorga la licencia de construcción de la presa, pero con cargo a las arcas municipales. Estas que tampoco estaban muy sobradas de dinero, ¿les suena de algo?, entregan al Consejo de Aguas una primera partida de 4.000 ducados para hacer frente a los primeros gastos que originaría la citada construcción.

El primer paso para poder realizar esta obra era lógicamente la compra de los terrenos que eran necesarios para la presa a su propietario, que era a la sazón don Pedro Massa y Carroz, marqués de Terranova y señor de Castalla.

Una vez realizada la compra empiezan los trabajos de la construcción, con el acarreo de materiales y herramientas al lugar de la obra, y el día 17 de agosto de 1580 se coloca solemnemente la primera piedra. Desgraciadamente, debido a la maltrecha situación económica de las arcas municipales, las obras se fueron retrasando e incluso se paralizaron durante bastante tiempo.

Hay que decir que, a pesar de la poca cultura del maestro molinero Esquerdo, que fue como dijimos el autor e impulsor del primitivo proyecto de construcción, la Corte y el Municipio, no fiándose mucho de él por sus pocos conocimientos técnicos y culturales, encargaron a los mejores arquitectos del reino, ingenieros, técnicos especialistas, maestros de obras y otros expertos, la supervisión del lugar previsto para la construcción de la presa por idoneidad, y sobre todo de los planos del molinero (ambas cosas ideas totales de él). Después de múltiples visitas de estos ilustres expertos, todos coincidieron en que el proyecto del “pobre e inculto” molinero era el mejor y se siguió adelante con la obra, lógicamente con la supervisión y adecuación normal de los citados expertos, referentes a una obra de tal envergadura.

Como anécdota hay que decir que el famoso molinero Pere Esquerdo pidió al Ayuntamiento e incluso al rey el pago por su valiosa idea, estuvo varios años detrás de este cobro, vendiendo incluso sus propiedades para poder subsistir y financiar sus múltiples viajes a Alicante y a la Corte reclamando el derecho al cobro de su proyecto, pero al final y después de terminado el pantano, tuvo que volver a su oficio de molinero para poder vivir él y su familia, puesto que no llegó a cobrar ni un centavo por su valioso proyecto, envidia todavía hoy de la ingeniería mundial, como puede comprobarse.

Cascada natural del pantano de Tibi (Fuente: Wikimedia).

Finalmente y después de muchos y complicados avatares, la obra se finalizó, tras 14 años de problemas y retrasos, a finales del año 1594, empleándose en su construcción la cantidad de 58.023 libras valencianas, 17 sueldos y 4 dineros de la época, según consta en las anotaciones oficiales (ahora sería un poco difícil calcular a cuantas pesetas o euros equivaldría) .

Esta es la historia muy someramente del pantano de Alicante, más conocido por el pantano de Tibi, por estar ubicado en este término municipal.

Sí hay que añadir que se le considera el más antiguo de España y uno de los primeros de Europa. A pesar de su antigüedad y precariedad en su construcción (imaginemos que todo había que hacerlo manualmente, solo con la ayuda de animales para el acarreo de materiales), es un símbolo de eficacia, resistencia al paso del tiempo y un referente como obra maestra de la ingeniería mundial, que sigue funcionando perfectamente después de cuatro siglos de su construcción.

Bueno, a este escrito habría que añadir también que, a pesar de ser esta gran obra de ingeniería de las mejores a nivel mundial y teniendo en cuenta el tiempo en que se construyó, ahora en nuestros días este pantano está al mínimo de su capacidad al no poder albergar la poca agua que llega a su lecho, debido a estar este totalmente lleno de fango y materiales que se han ido acumulando a lo largo de los años y ante la desidia de los distintos gobiernos de la nación que no se han preocupado de dragarlo para que pueda recibir toda el agua que en ocasiones llega a su lecho, y así poder aprovechar más y mejor este bien común (el agua) tan escaso en nuestra provincia.

Así se funciona en este país ante estas obras maravillosas construidas por la mano del hombre, con pocos medios y muchas penurias. Esta obra debería estar considerada monumento nacional como mínimo.

Este artículo ha sido extraído de un estudio editado por el Ayuntamiento de Alicante en 1990 y fue publicado por la revista Yerbabuena en agosto de 2000.

También se recoge en En Alicante. Historias de un hombre sencillo: la juventud, libro de Francisco Carrión.

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Francisco Carrión Galera

Paco Carrión (Galecar), nacido en El Daimuz (Oria-Almería), es ya un hombre maduro con intensas “cicatrices” en sus vivencias de todo tipo y a todos los niveles, pero es en esta madurez cuando se pone a escribir un poco más seriamente de cómo lo hacía en su juventud, desgranando en algunos de sus libros, su experiencia en la historia y la vida de España. Desde entonces ha publicado 12 libros de distintos temas, varias obras de teatro y múltiples relatos cortos y poemas, además de tener tres libros pendientes de ser publicados.
Personaje inquieto, aventurero, polifacético, investigador de vivencias, y un largo etcétera. Ello le llevó a trabajar en el cine, en teatro, televisión, salas de fiestas, compañías de revistas y en cualquier faceta que tuviese algo de innovador y bohemio, cultural, festivo o artístico a la vez.

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