Finalmente la estupidez ha ganado aplastantemente esta guerra; la humanidad definitivamente ha sucumbido a la cobardía, a la estupidez y la inteligencia ha firmado su fracasado armisticio.
Hemos sido incapaces, a pesar de los esfuerzos denodados de gente tan notable como Leonardo da Vinci, Isaac Newton, Albert Einstein, Gauss y Neumann, Aristóteles, Leibniz, Marie Curie, Alan Turing y Nikola Tesla. O como Erasmo, Julio César, Colón, Benito de Nursia, Cervantes, Mozart, Shakespeare, García Márquez, Pamuk y un corto etcétera, de hacer valer el progreso, el conocimiento, la paz y la palabra frente a la barbarie, el abuso y la erótica del poder.
Ni siquiera hemos podido inventar otro sistema para vivir que no esté basado en estúpidos papelitos pintados y monedas de metales discutibles para comprarlo todo: personas, cosas, cuerpos, vidas, voluntades.
Llevamos como 5000 años civilizándonos y no resolvemos desigualdades, hambres o injusticias, pero seguimos odiando a muerte al vecino y siendo capaces de lo peor por tener más palos, piedras, aviones, más balas, más personas disfrazadas de asesinos armadas hasta los dientes. Se ha impuesto la ley del más fuerte, del chulo abusón del cole y se vota mayoritariamente por los pueblos que les apoyan. Y enfrente no hay inteligencia, ni altura moral, ni una alternativa verdadera. Muchas veces solo hay otro bando alimentándose del mismo odio, de la misma simplificación, del mismo teatro de buenos y malos. Falsos pacifistas, manipuladores de salón, especialistas en oponerse a todo sin construir nada.
No son malvados ni unos ni otros, son simples estúpidos que además del excremento del diablo, solo quieren poder; poder para seguir siendo adulados, reverenciados, aplaudidos, obedecidos incluso hasta la muerte por otros hombres que matan, violan, bombardean o fusilan a sus órdenes. Más estúpidos, más ejércitos de la violencia, más relato de quien tiene la razón para saber de qué lado salvar su culo.
La estupidez también de unos iluminados que se creen representantes de la divinidad en la tierra lo cual sucumbe porque, en nombre de tan altos designios, también matan, prohíben, discriminan en nombre cada uno de su Dios.
Y no sabemos más que ponernos en la postura a la contra de lo que no nos gusta sin pensar jamás en cómo solucionar los problemas salvo que sea destruyendo al diferente. No hemos aprendido a repartir, a crecer, a ayudar y cuando lo hacemos somos siempre penalizados o caemos en la soberbia de creernos por ello mejores.
La inteligencia se la hemos regalado a los datos, a las máquinas, porque queremos tiempo para vivir más, para disfrutar de lo que nunca tendremos, para salir del pozo absolutamente solos. No hemos aprendido, no queremos saber, no somos capaces de acercarnos a nadie que no sea de los nuestros; creamos círculos cerrados donde nadie entra, amamos a los más cercanos pero tememos a todos los demás y hacemos el mundo muy pequeño cuando cada vez somos más.
La estupidez ganó y no hay partido de vuelta y solo queda esperar que tardemos algunos días, meses, años o siglos en no terminar con todo porque, encima, nos hemos dado la capacidad de hacerlo en una especie de canto del cisne a la supina estupidez.
Y eso que soy optimista.
Haciendo amigos.
Posdata
Estupidez es hacerse daño o perjudicarse a uno mismo y a los demás sin sacar ningún beneficio de ello, es el escorpión que picó en mitad del lago al cocodrilo que lo llevaba encima, porque, aunque se ahogaba seguro, es su naturaleza.
Excremento del diablo es la forma con la que santa Teresa de Jesús definió al dinero.












Bien todo el artículo y excelente final, con una genialidad de tantas como encontramos leyendo a Santa Teresa de Ávila, la cual, por encima de todo, es Santa Teresa de Jesús, ese Dios y hombre del que dijo Gandhi que «nadie hizo tanto por la humanidad como él».
Sabia y preclara
Gracias
Sumemos acciones de comprensión y valiente compromiso para extirpar la maldad
por la justicia y la libertad propia y ajena…
Un abrazo en la acción diaria
Pedro
gracias maestro