Reportajes

Guastavino: el arquitecto valenciano que creó la actual Nueva York

Rafael Guastavino (Fuente: Wikimedia). | Basílica de San Juan el Divino. Fotografía: Andreas Faessler (Fuente: Wikimedia).

Cuántos españoles (tanto hombres como mujeres) han hecho cosas dignas de mención por su repercusión en la vida a nivel nacional e internacional y no hemos sabido valorar ni mucho menos promocionar. El conocido como “el arquitecto de Nueva York” (sobrenombre que le dio el diario The New York Times cuando falleció) es uno de esos interesantísimos casos. Construyó 360 edificios en Nueva York, un centenar en Boston, además de en Baltimore, Washington DC y Filadelfia. Su nombre es Rafael Guastavino, español y valenciano, prácticamente desconocido en su tierra. Fue un revolucionario arquitecto y constructor que dejó su huella en Barcelona y en otros países, sobre todo en Estados Unidos, principalmente en Nueva York al construir muchos de los edificios más emblemáticos de dicha ciudad.

El reconocido arquitecto estadounidense del siglo XIX Peter B. Wight comentó en 1901: “Los arquitectos de América tienen con él (Rafael Guastavino i Moreno) una deuda de gratitud, no solo por haber sido un constructor fiable y concienzudo, sino por haber hecho posible nuevas posibilidades en el campo del diseño arquitectónico”.

Jacqueline Onassis inició una batalla legal para que no derribaran la estación Grand Central que había construido Guastavino y que fue el escenario del épico final de la película Los Intocables de Eliot Ness, protagonizada por Kevin Costner (Eliot Ness), Sean Connery (el policía) y Robert de Niro (Al Capone). Este hecho protagonizado por Jaqueline hizo que su obra en Estados Unidos ganara adeptos, los ‘guastafarians’, y a partir de aquí empezó a aflorar un gran interés por revisar el gran legado que Guastavino dejó en Estados Unidos y proteger de ser derribados los edificios emblemáticos de la ciudad.

Estación Grand Central. Fotografía: Eric Baetscher (Fuente: Wikimedia).

En 2016 el documental El arquitecto de Nueva York dirigido por Eva Vizcarra, que ganó el Delfín de Oro en Cannes, lo redescubrió ante el mundo del siglo XXI.

Y en España también empezó a oírse el eco de este arquitecto valenciano y su sugerente obra que impactó al otro lado del océano. Así, en el año 2008, se organiza una exposición promovida por el Consorcio de Museos, Conselleria de Cultura de la Generalitat Valenciana, para conmemorar el centenario de la muerte de Rafael Guastavino i Moreno.

Hace un par de meses pude conocer su obra y su figura en el programa Imprescindibles que emite la segunda cadena de televisión española los domingos por la noche.

Vida y obra

Guastavino nació el 1 de marzo de 1842 en Valencia y falleció el 1 de febrero de 1908 en Asheville, Carolina del Norte, Estados Unidos. Pertenecía a una familia de músicos y artistas. Un tatarabuelo suyo fue Juan José Nadal, el constructor de la iglesia arciprestal de San Jaime de Villarreal, que él visitó y de la que aprendió algunos de sus conceptos de cúpulas, etc. Vivió de niño en Valencia, al lado de la catedral, y pudo contemplar la restauración de la Lonja de la Seda de la que asimilaría sus elementos constructivos. Le atraían tanto los edificios y sus estructuras que se sintió impulsado a prepararse como aprendiz en un despacho de arquitectura local.

Unos años después se traslada a Barcelona, en 1861, donde continuó su formación en la Escuela de Maestros de Obras y se cuenta que inspiró a Gaudí en su desarrollo del modernismo catalán.

Ya en 1866 comienza su trayectoria profesional como constructor y arquitecto antes de acabar sus estudios. Allí construyó la fábrica Batlló y empezó a labrarse un futuro brillante. Pero su costumbre de vida irregular hace que su esposa, Pilar Expósito, se separe trasladándose a Argentina con los tres hijos que había tenido con él.

Fábrica Batlló (Fuente: Wikimedia).

Rafael envió a la Exposición de Filadelfia de 1876 el proyecto «Mejora de las condiciones sanitarias en las ciudades industriales», el cual le valió la medalla de bronce.

En 1881 Guastavino escapó de Barcelona tras montar un fraude piramidal con pagarés para sufragarse el viaje a Estados Unidos. Se trasladó a Nueva York con su amante Paulina Roig y con el hijo mutuo, Rafael, y las dos hijas de esta, pero ellas regresaron a España ese mismo año. Él siguió una vida aventurera; excéntrico, mujeriego, pero un gran comerciante, que sin saber nada de inglés fue capaz de abrirse camino en una ciudad desconocida, en medio de un ambiente y una cultura desconocidos para el arquitecto. Aunque dejó una vida consolidada en Barcelona, ya que trabajó en la renovación de la arquitectura, siendo calificado por el mismo Doménech i Montaner, arquitecto del Palacio de la Música Catalana y figura indiscutible del modernismo en Cataluña, como artista de dotes excepcionales, autor de una arquitectura revolucionaria y avanzada de un gran movimiento artístico.

Su legado en Estados Unidos

A su llegada a Estados Unidos coincidió con una época en la que empezaron a proliferar fábricas y comercios y la llegada de gentes de todas partes. Pero también se encontró con un gran problema, los incendios; debido a la falta de seguridad de las estructuras de madera que se estaban utilizando en la construcción y que produjo una extrema obsesión después del famoso incendio de Chicago de 1871 que destruyó unos 9 km2 de la ciudad en el que murieron 300 personas y quedaron sin hogar más de 100.000. Guastavino presentó una idea que protegería los edificios de incendios. La solución pasaba por construir a la manera tradicional valenciana, es decir, con ladrillos, y para mostrar su propuesta construyó una bóveda en medio de la calle, llamó a la prensa y le prendió fuego para demostrar públicamente su resistencia al fuego, pero al principio no convenció. Fue en Boston, el estudio de arquitectura más importante de la época, McKim, Mead & White, quien lo contrató para construir las bóvedas de la Biblioteca Pública de la ciudad donde pudo demostrar sus conocimientos. Ese fue el punto de inflexión a partir del cual se le abrieron todas las puertas y le encargaron una gran cantidad de proyectos. Además de arquitecto ahora era constructor y montó una fábrica donde producía sus ladrillos y los azulejos policromados con los que construía sus bóvedas. En 1885 registró la patente de su sistema de construcción de bóvedas (bóveda tabicada, de ladrillo de plano), que él había mejorado de la construcción tradicional en la zona mediterránea de Valencia, destacando que era a prueba de incendios, y se conocería como Tile Arch SystemGuastavino system o Guastavino tile (baldosa Guastavino). De esa forma nació la Guastavino Fireproof Construction Company, que le hizo rico a él y a su hijo, que a la postre sería su heredero y sucesor. La compañía se esparció por Estados Unidos llegando a tener 12 oficinas, más de 24 patentes de construcción y numerosos proyectos, y dio trabajo a mucha mano de obra.

Biblioteca Pública de Boston. Fotografía: Brian Johnson (Fuente: Wikimedia).

Estas bóvedas aparecen en multitud de edificios señeros de Nueva York y otras ciudades de Estados Unidos como pueden ser Grand Central Terminal, el Great Hall de Ellis Islandzonas del metro, zonas del puente de Queensboro, la catedral de San Juan el DivinoCarnegie Hall, el Museo Americano de Historia Natural —en Central Park Oeste—, la iglesia de San Bartholomé en la Quinta Avenida, el Hospital Monte Sinaí o City Hall Station (contemplar esta estación es un regalo para los sentidos. Fue la terminal de la primera línea de metro de Nueva York, construida en un estilo único, utilizando elementos nunca vistos en la ciudad para las construcciones arquitectónicas como son los azulejos, cristales de color o los grandes candelabros que dan una iluminación muy especial. Esta construcción de Guastavino resulta tan bella que ha sido denominada por muchos como «la Mona Lisa de las estaciones de metro». Dicha estación dejó de utilizarse en 1945 y desde entonces se la conoce como la estación fantasma); y en otras ciudades: la Biblioteca Pública de Boston, y el Museo Nacional de Historia Natural y el edificio de la Corte Suprema de Estados Unidos –ambos en Washington–, etc.

A Guastavino se le encargó la construcción del Pabellón Español en la “Feria Mundial: Exposición Colombina” de Chicago, cuya apertura fue el 1 de mayo de 1893 y la clausura el 30 de octubre de ese mismo año, para celebrar los 400 años de la llegada de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo. Dicho pabellón era una réplica de la Sala de Contratación y la torre de la Lonja de la Seda de Valencia, que conocía desde su infancia.

A pesar de la distancia, aún asesoró al empresario y político Eusebi Güell, primer conde de Güell (mecenas de Antoni Gaudí) en el diseño de bóveda de la fábrica de cemento Asland, construida en 1901 en Castellar de Nuch.

Guastavino falleció en febrero de 1908 en Ashville (Carolina del Norte), a donde se había trasladado a mediados de la década de 1890. Tras su muerte, en su necrológica, The New York Times le concedió el título de “Arquitecto de Nueva York”. Sus restos reposan en una cripta de la basílica de San Lorenzo de Asheville, ​ que él mismo diseñó en 1905.

Conclusión

Ha pasado más de un siglo y las obras de Guastavino nos siguen contando la historia de muchas ciudades, mostrando un catálogo vivo de una gran arquitectura civil reconocida por grandes especialistas en la materia. Hay ciudades como Nueva York que están salpicadas de su obra y sería imposible pasear por esta ciudad sin contemplar una de sus bóvedas, o disfrutar en el sótano de Grand Central al experimentar la sensación que producen sus arcos de doble parábola que permiten que dos personas puedan tener una conversación de columna a columna sin alzar la voz (sensación similar a la que sentí yo mismo en una de las salas de la Alhambra, de efecto idéntico entre columnas contrarias que estaban a gran distancia). El lugar más fácil de visitar para poder saborear su técnica de techos tabicados es el Oyster Bar, pegado a Grand Central. Admirar la bóveda de la catedral de San Juan el Divino, la capilla de Saint Paul de la Universidad de Columbia, la estación de metro del Ayuntamiento de Nueva York, la oficina del registro de inmigrantes de Ellis Island o las bóvedas del puente de Queensboro (tan reconocible en la película Manhattan de Woody Allen, con este y Diane Keaton sentados en un banco), cuyas columnas del mercado, bajo dicho puente, recuerdan a las de la Lonja de Valencia por su forma de palmera, que conecta Manhattan con Queens.

Oficina de registro de inmigrantes de Ellis Island. Fotografía: Carlos Delgado; CC-BY-SA (Fuente: Wikimedia).

También es digno de mención la posibilidad de los estudiantes universitarios de Harvard, Yale, Cornell, West Point, la Universidad de Chicago y la Universidad de Carolina del Norte, de poder pasear en su día a día bajo las bóvedas del arquitecto español. Además realizó proyectos para las grandes fortunas de la época como Rockefeller, entre otros.

Fue un artista que absorbía todo aquello que le impresionaba y lo ejecutaba poniendo su sello. De esta manera aplicó la técnica que su tatarabuelo, que perteneció al mismo gremio, había empleado en la construcción de la iglesia arciprestal de San Jaime de Villarreal (Castellón). Tanto le había impactado en su día al contemplarla, que quiso construir de forma similar las bóvedas de San Juan el Divino.

La compañía que fundó Guastavino fue muy prolija construyendo más de mil edificios, principalmente en Estados Unidos, aunque fue patente su presencia en otros países como India, Cuba, Canadá, etc.

Fue Guastavino un visionario, un innovador, un artista que ejerció de arquitecto, ingeniero y constructor; y que intervino directamente en la construcción de la identidad de Estados Unidos junto con su compañía The R. Guastavino Company dando vida arquitectónica a edificios tan emblemáticos como son el Museo Metropolitano de Nueva York, el Museo Nacional de Washington o el de la Reserva Federal y los Archivos Nacionales en los que se encuentran la Declaración de la Independencia.

Después de ver el programa Imprescindibles de La 2, me vi en la necesidad de leer sobre este personaje aventurero que se arruinó varias veces y marcó una época en la arquitectura  y era desconocido para mí y para tantos españoles, el valenciano Rafael Guastavino i Moreno y quise hacerme eco de su obra.

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Juan Antonio Urbano

Soy profesor de Educación Primaria, profesión-vocación que volveré a repetir en la próxima vida, pues el trabajo con chavales te enriquece como persona. He publicado cuatro libros, dos en valenciano, 'El seu nom era Pere Bigot', del que se hizo una adaptación teatral, y 'L’arbre màgic'; y otros dos en castellano, 'El misterio de la cueva', con adaptación teatral también, y el poemario 'Camino entre versos', todos publicados por la Editorial Club Universitario. Actualmente estoy ultimando otro poemario. He publicado en diversas Antologías de poesía y artículos en distintos medios.

En noviembre de 2016 creé el grupo poético PARNASO perteneciente al Ateneo de Alicante. He organizado numerosos recitales poéticos entre los que destacan el I encuentro de poetas alicantinos y otros con el grupo PARNASO dedicados a Miguel Hernández, Federico García Lorca, Rubén Darío, Antonio Gracia, J.L. Rico, Mariano Sánchez Soler...

Recibí el segundo premio del Certamen Poético Numen (2013) y el 2º premio de poesía Hispano-Argentina en el Real Casino de Murcia en diciembre de 2019.

Me encanta escribir en mi estudio del campo.

6 Comments

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  • Estimado Juan Antonio: Tengo que reconocer mi absoluta ignorancia de un personaje tan relevante como el que nos describes en este fabuloso artículo. Esta es, hoy, tu gran obra de misericordia, que consiste en enseñar al que no sabe. Que el Señor misericordioso te premie con un día (meses y años) de gran abundancia material y espiritual. Un saludo cordial.

    • Gracias, Ramón, yo lo descubrí hace unos meses y me pareció interesante escribir sobre él para hacerme eco de su trabajo y reconocimiento. Un abrazo.

  • Magnífico artículo sobre este arquitecto tan importante y poco reconocido en nuestro país pero si en Nueva York .
    Felicidades por esta gran lección sobre Guastavino el arquitecto valenciano
    Un abrazo

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