Reportajes

Figueras Pacheco: el ilustre ciego

Francisco Figueras Pacheco, por Ramón Palmeral,

Los 60 años de la muerte de Francisco Figueras Pacheco (1888-1960) se cumplieron en plena pandemia del covid-19, fecha que ha pasado desapercibida para los medios de comunicación alicantinos. La gigantesca figura alargada del abogado, cronista, arqueólogo y escritor alicantino fue determinante para descubrir nuestra historia antigua. Sucesor de las excavaciones en el Tossal de Manises del Conde de Lumiares, y posteriormente de José Lafuente Vidal (autor de Alicante en la Edad Antigua, 1948).

Un año después de su fallecimiento, en 1961, el Tossal de Manises fue declarado Monumento Histórico Nacional. Aunque los primeros datos de la localización de la antigua ciudad de Lucentum (también Leukante o Leukanto) es el nombre de una ciudad íbero-romana. Restos arqueológicos que fueron descubiertos por primera vez por Antonio Valcárcel Pío de Saboya y Moura, Conde de Lumiares, en 1780, puesto que encima de los restos hubo un cementerio árabe.

Breve biografía

Francisco Figueras Pacheco nació el 13 de diciembre 1880 (día de santa Lucía, patrona de los ciegos) en la calle Doctor Just número 51, en el barrio de Benalúa de Alicante. Quedó ciego a los diecisiete años. Recordemos que su padre Francisco Figueras Bushell, también perdió la vista cuando su hijo era todavía un niño, por lo que hemos de suponer que la ceguera era hereditaria. Su madre fue Josefa Pacheco.

Cursó sus estudios básicos en el internado de la Inmaculada Concepción en Novelda. Luego realizó el Bachillerato en el Colegio Politécnico de San José de Alicante, donde coincidió y se hizo amigo del escritor Gabriel Miró (1879-1923), quien escribiera sobre su condiscípulo de aula Francisco Figueras:

“Dios hizo el espíritu de este hombre de un solo diamante elegido y bellísimo, dándole la luminosa transparencia al cerebro y la firmeza heroica al corazón. Su frente se elevó hacia el cielo, encendida por la fe, porque, si Dios formó esta alma de diamante, no se le otorgó hirsuto limpio y tallado, sino que se le encomendó el glorioso trabajo de pulirlo hasta extraer sus pretendidas lumbres. Figueras ha sido paciente, brioso y sufrido primero y lapidario de sí mismo”.

 A su vez Figueras escribió sobre Miró:

«Nos conocimos estudiando el Bachillerato en el bullicioso ins­tituto de Alicante. Corría el año felicísimo de 1894. En el primer banquito del aula de Geometría, sentábase a mi lado un mucha­cho de gallarda presencia y porte distinguido. Tenía el cabello rubio, los ojos azules y la tez fina. Vestía bien, iba siempre limpísimo y revelaba en todo ser de buena casa. Era Gabriel Miró. A dos pasos ante nosotros extendíase como un telón el encerado que la sapiencia de don Faustino Pérez Ortiz llenaba de letras, líneas y guarismos. Mi compañero los miraba como si fuesen jeroglíficos egipcios, que no intentó nunca descifrar…».

A los 16 años marchó a la Universidad de Valencia para realizar la carrera de Derecho. Al año siguiente escribió sobre el que sería su primer libro, dedicado a la figura de su profesor Hermenegildo Giner de los Ríos (hermano de Francisco, creador y director de la Institución libre de Enseñanza). Sin embargo, pronto empezó a tener problemas de ceguera, que le obligaron a abandonar la universidad a los 18 años de forma presencial, puesto que se presentó como alumno libre, estudiando las asignaturas de Derecho, oyendo las lecturas de los textos por su hermana menor Matilde, que hemos de suponer que ella, si se hubiera presentado a exámenes de Derecho, seguramente se hubiera sacado la carrera; pero eran años en que el destino de la mujer (sin derechos) era un buen matrimonio, cuidar hijos y las labores del hogar.

Francisco Figueras Pacheco de joven.

En 1903 se imprime su primer libro La Universidad espa­ñola. Hoy y mañana, con prólogo del citado Giner de los Ríos, obra de talante noventayochista. Tres años más tarde sale a la luz pública su segundo libro, El Derecho en la escuela, y la pren­sa alicantina comienza a admirar y a glorificar el nombre de nuestro escritor, calificándole de «honra de la tierra» (El Pueblo, Alicante, 16/3/1906). Además, pronunciaba conferencias y dictaba numerosos artículos.

Cronista de la ciudad de Alicante

En 1908 fallece el cronista de la ciudad, don Rafael Viravens, y el cargo pasó a Figueras, puesto que le fue conferido el 24 de julio de dicho año, convertido en vitalicio por acuerdo municipal de 10 de julio de 1951.

En 1909, la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas otorga al cronista de Alicante el Premio al Trabajo. Y por aque­llos días el galardonado escritor desarrolló un famoso discurso de juegos florales ante el rey don Alfonso XIII en el Teatro Principal en su visita a Alicante.

 Actividades arqueológicas (Tossal de Manises)

Cuando el ya doctor en Derecho por la Universidad de Madrid Figueras Pacheco optó a las oposiciones de 1911 para la cátedra de Derecho Natural de la Universidad de Valladolid, le denegaron in­justamente acceder a ella por una Orden, dada a conocer el 10 de enero de 1912, dictada expresamente para impedir que Figueras Pacheco tomara parte en las mismas. Ante dicha adversidad determinó que su vida tomaría otro giro, pasando de los estudios jurídicos a los geográficos e históri­cos, aceptando el encargo de escribir la Geografía de la provincia de Alicante, volumen perte­neciente al general del Reino de Valencia.

A partir de este momento se dedicará a la historia y a la arqueología. Para el Congreso Internacional de Historia de España que tuvo lugar en Barcelona (1929), presentó la ponencia titulada Akra-Leuka. La ciudad de Amílcar, (en griego Ἂκρα Λευκῆ) es el nombre de una base militar fundada por el cartaginés Almílcar Barca en el 231 a. C., que se ha identificado con la ciudad íbero-romana de Lucentum situada en la Albufereta por un puerto natural.

La citada ponencia marcó el rumbo de sus fecundas actividades arqueológicas con las publi­caciones: Arqueología levantina. Las excavaciones de Alicante (1936), El alto relieve de la Albufereta de Alicante (1936), Las excavaciones de Alicante y su trascendencia regional (1947), Los cartagineses en el iberismo del Sudeste (1951), Las ruinas de Akra-Leuka (1954), El antiguo puerto interior de la Albufereta de Ali­cante (1955), La necrópolis ibero-púnica de la Albufereta de Ali­cante (1956), Dos mil años atrás (1959), entre otras.

Francisco Figueras ingresó en la Comisión Provincial de Monumentos a me­diados de 1927, de inmediato se le encargó la redacción de “una memoria relativa a las condiciones de la Albufereta (Tossal de Manises)” que, con el título de La Albufereta en el término de Alicante, presentó a comienzos de 1928. En 1933, don José Lafuente Vidal dimitió de la dirección de las excavaciones, sustituyéndole Figueras Pacheco. El yacimiento arqueológico vino a confirmar la tesis que nuestro polígrafo que expuso en el mencionado Congreso de Barcelona: la urbe de Akra-Leuka (nombre griego) radicó en el Seno Ilicitano. En 1933 propuso a la “Comisión” que el sacerdote-arqueólogo José Belda Domínguez (conocido como el padre Belda) ocupase la dirección del reciente Museo Provincial de Alicante, aunque esta propuesta fue rechazada por dicha Comisión.

Participó en el IV Congreso Arqueológico del Sudeste Español, reunido en Elche del 16 al 19 de mayo de 1948, en cuyas actas y, a propuesta del doctor García Bellido, figura Figueras Pacheco «en un lugar de honor».

Figueras Pacheco en un Congreso Arqueológico en Elche, 1948.

Amistad con Rafael Altamira

Existe una carta de Rafael Altamira dirigida a Figueras Pacheco fechada en Madrid el 30 de mayo de 1935 que se puede ver a continuación. En ella dice, resumiéndola, que son muy acertadas dichas investigaciones y que se lo hará llegar al historiador Cabré (arqueólogo aragonés Juan Cabré Aguiló especialista en la cultura ibérica) para su publicación en una revista (no citada).

Existía entre ambos doctores alicantinos en Derecho: Rafael Altamira y Francisco Figueras, una cierta amistad, salvando las distancias, puesto que don Rafael había sido juez del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya (1921-1940) hasta que fue disuelto por la Segunda Guerra Mundial, y Figueras era un abogado sin ejercicio, de ideas republicanas, convertido en arqueólogo. Don Rafael Altamira escribió más de setenta libros y miles de artículos jurídicos de su especialidad. Destacar un libro de Historia de España y de la civilización española escrito en 1909 y publicado en varios tomos.

Parece ser que esta amistad se inició en uno de los viajes de don Rafael, después del éxito de sus más de 300 conferencias en América entre 1909 y 1910, como delegado de la Universidad de Oviedo en el III centenario de su fundación, de la que fuera catedrático de Historia del Derecho. En una de las visitas a Alicante, Figueras le preguntó a don Rafael, admirado por sus capacidades intelectuales, y éste le contestó sonriendo: «Todo es cuestión de método. Se reparte el tiempo: tantas horas para estudiar, tan­tas para escribir, tantas para el descanso. Se sigue fielmente el plan trazado y el milagro está hecho». Al año siguiente de la muerte de don Rafael Altamira en 1951, Figueras escribió una reseña biográfica que años después publicará Vicente Ramos en 1980, en el centenario de su nacimiento, en la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia.

La reseña biográfica del ilustre jurista alicantino Rafael Altamira y Crevea exige dedicarle una monográfica.

Algunos libros de Figueras:

En esta etapa de su vida, ya con más de 60 años de edad, se dedicó a escribir y fueron muchos sus artículos, libros y ensayos, sobre temas relacionados con Alicante y su historia, principalmente su arqueología, destacando:

  • Dos mil años atrás (1950)
  • Alicante y su folclore (1955)
  • Historia del turrón y prioridad de los de Jijona y Alicante (1955)
  • Los antiguos gremios de la ciudad de Alicante (1958)

Falleció el 21 de marzo de 1960 a la edad de 79 años en su casa de Benalúa.

“Arcos triunfales” es el testamento poético de Figueras Pacheco.

Mi vida, a veces plácida y a veces turbulenta,
fue campo en que lucharon las sombras y la luz,
que en mi historia siempre después de la tormenta,
lució un arco iris encima de una cruz.
Tus lindos colores, tus mágicas arcadas, 
hoy surgen a mis ojos cual pórticos triunfales.
Sin duda es, que en los cielos están ya perdonados
las deudas de mis siete pecados capitales.
El valle entra en las sombras, está espirando el día,
recógense en las cumbres el último arrebol,
se acerca la hora extrema de la existencia mía
"Señor", a ti me entrego, se está poniendo el sol.

Conclusiones:

Desde el portal “Alicante Vivo” han reclamado en varias ocasiones, y dejando a un lado los ridículos políticos por los que se le denegó en 1957, la dignidad de la Medalla de Oro de Alicante. En noviembre de 2010 fue nombrado Hijo Predilecto de la ciudad por el pleno del Ayuntamiento que presidía Sonia Castedo. Tiene una calle en el barrio de Virgen del Remedio, da nombre a un Instituto de Enseñanza Secundaria en La Florida, en la antigua calle de Fernando Madroñal, cuyos alumnos están pintando un mural.

Mural creado por los alumnos del IES Figueras Pacheco, 2021.

Bibliografía consultada

Ramos, Vicente, Semblanza de Francisco Figueras Pacheco, Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, 1980.
AlicantePedia, dirigida por David Rubio.
Amores, Juan José, varios artículos en Alicante Vivo.

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Ramón Palmeral

Soy escritor con más de 40 libros publicados sobre temas diversos. Socio de Honor de Espejo de Alicante, socio del Ateneo Blasco Ibáñez de Valencia, colaborador de la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela. Publico crónicas culturales y políticas con un sentido satírico desde hace más de veinte años, puesto que considero que la labor del ciudadano y de la prensa es la de fiscalizar al poder. Dirijo el portal Nuevo Impulso.net de arte, cultura y opinión. Mi correo: ramon.palmeral@gmail.com

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