Cultura

De libros y encuentros

Título: Encuentros con libros
Autor: Stefan Zweig
Edición y epílogo de Knut Beck
Traducción de Roberto Bravo de la Varga
Publicación: Acantilado, Barcelona, 2020. Colección El acantilado, número 405. Primera edición, abril 2020

Stefan Zweig es uno de mis escritores preferidos. Ensayista, novelista y biógrafo, nació en Viena el 28 de diciembre de 1881, capital del entonces gran Imperio Austro Húngaro, que fue lamentablemente destrozado como consecuencia de la llamada Gran Guerra. Su atormentada e inquieta vida, a pesar de los éxitos obtenidos, tuvo un final penoso al suicidarse el día 22 de febrero de 1942, con su segunda esposa, Charlotte Elisabeth Altmann, en Petropolis, Brasil, donde se había refugiado huyendo de Europa y de la persecución de los judíos, tras ingerir ambos, voluntariamente, una sobredosis de barbitúricos.

La Gran Guerra y tras ella la llamada Segunda Guerra Mundial, que en realidad fueron un todo bélico, suspendido por un breve respiro, influyeron grandemente en la vida de nuestro autor, como también en un inmenso y sacrificado número de mujeres y hombres europeos. Yo siempre he pensado que el pasado siglo XX, en su primera mitad, fue una gran tragedia para Europa, que nació de la grandeza de Grecia y Roma con su extraordinario legado cultural y se forjó con la espiritualidad del cristianismo y con los principios humanísticos de la Ilustración. Después de aquellas conflagraciones, Europa ya no volvió a ser la misma.

Stefan Zweig, por su naturaleza y religión judía, fue doblemente víctima de aquella época y sus circunstancias, pues a pesar de que llegara a decir en una entrevista que “Mi padre y mi madre eran judíos solo por un accidente de nacimiento”, en una de sus novelas, El Candelabro Enterrado, (1937), nos contará la historia de un judío, llamado Benjamín, que luchó por el gran objetivo de rescatar el Candelabro de los Siete Brazos;  la lámpara de la Casa de Salomón, la Menorah, en cuya novela, como ha escrito el prologuista de una edición de este libro, J. Homero de Tejada, (Libros Plaza, Ediciones G.P. 1956), “es su alma mística de judío la que se lo dictó, la que le dio calor a su pluma para evocar la misteriosa leyenda del Candelabro del sabio Rey Salomón, con palabras llenas de fe y de idealismo”.

Al estallar la primera conflagración mundial fue movilizado, pero no empuñó las armas para batirse en los campos de batalla, y en cuanto pudo, marchó a Suiza, donde colaboró con sus escritos a defender la paz universal y la hermandad de todos los hombres; y cuando posteriormente sobrevino la guerra de 1939, su posición contraria al totalitarismo, unida a su condición de judío, convirtió su vida en un peregrinar, como siguiendo el destino errante del pueblo judío, realizando continuos cambios de países, y llegando a cambiar su nacionalidad austriaca por la británica, hasta llegar a refugiarse en Brasil, donde finalmente puso fin a su vida.   

En su juventud, la acomodada posición económica de su familia, le permitió dedicarse a viajar y a escribir. Sus continuos viajes le hicieron poder tener amplias relaciones sociales, llegando a ser amigo personal de celebridades cómo Máximo Gorki, Rainer María Rilke, Auguste Rodin, Arturo Toscanini, y Joseph Roth. Y su vocación por la escritura le hizo escribir un gran número de publicaciones, destacando sus conocidas biografías, entre las cuales cabe citar las dedicadas a María Antonieta y a Fouché, donde centra las mismas en el análisis sicológico de los personajes, porque, como se ha dicho, para Zweig, “el espíritu lo es todo en el hombre, es una fuerza misteriosa que todo lo puede”. Alcanzó la fama en su vida como escritor y fue un publicista de gran aceptación.

Stefan Zweig en 1900. Fotografía: Kunst Salon Pictzner (Fuente: Wikimedia).

Yo descubrí muy pronto al escritor Stefan Zweig. Con apenas dieciséis años, leí uno de sus libros entonces muy en boga entre los jóvenes bachilleres, que me dejo un impacto tremendo. Me refiero al libro titulado Momentos Estelares de la Humanidad. Doce miniaturas Históricas. Entonces descubrí y ya para siempre como Vasco Núñez de Balboa, en su “Huida hacia la Inmortalidad”, descubrió el Océano Pacífico el 25 de septiembre de 1513; de cómo el 21 de agosto de 1741, se produjo “La Resurrección de Jorge Federico Händel”, cuando acabado y enfermo, e intentar comenzar a realizar el oratorio encargado, aquella noche sintió cómo el Señor le enviaba su Palabra desde lo más alto: “Aleluya, Aleluya, Aleluya”, y cómo tan sólo tres escasas semanas después, “hecho inconcebible, el 14 de septiembre, terminó su obra”, el gran oratorio que tituló “El Mesías”, ya permanente por los siglos de los siglos; de cómo en la noche del 25 de abril de 1792, un desconocido y joven capitán de ingenieros, llamado Rouget de l’Isle, compuso en tres horas el Himno Nacional más vibrante y famoso de todos, “La Marsellesa”; y de cómo el 29 de marzo de 1912, el Capitán Scott, murió congelado en la Antártida, y yace con sus compañeros bajo el hielo, tras su heroica, pero fracasada aventura del Polo Sur, al ser superado por el gran explorador noruego Amundsen; y así hasta las que llamó doce miniaturas. Es un libro que te deja huella, y que quizás sea el libro más perpetuo de nuestro autor, pues aún es reimpreso, y que yo siempre aconsejo a jóvenes y mayores, como una gran aventura en el leer.

Fruto de sus muchos viajes, Stefan Zweig, nos dejó también escrito libros de sus experiencias viajeras. En su libro titulado De Viaje. Francia, España, Argelia e Italia, entre 1905 y 1932, nos llevará desde el “Viaje primaveral por la Provenza”, hasta la “Florencia festiva”, pasando por la “Primavera en Sevilla”. Los libros de viajes, tienen para mi “mala vejez”, pues el escritor viajero cuenta lo que ve con la contingencia del momento histórico y circunstancial de su visita, y acaso estos libros valdrán para estudios históricos y sociológicos, pero sucede que si acaso hoy, visitamos alguno de esos lugares, el libro del narrador nos puede resultar ideal o inexistente, ya que el aquí y ahora ya no es igual.

Y Stefan Zweig fue un gran lector. Un lector, claro, de libros “de papel”.  De los que se palpan y se tocan, y que llegan a ser nuestros amigos. Un libro de los libros. Y fruto de esa circunstancia del leer, es el libro que ahora comentamos, después de este largo y acaso abrumador prólogo introductorio que, estimado y paciente lector, le he hecho leer, si es que ha llegado hasta aquí.

Editorial Acantilado nos presenta el libro titulado Encuentros con libros con edición y epílogo de Knut Beck. Al efecto, el editor, ha seleccionado de la multitud de artículos y escritos de Zweig, los que titula encuentros del mismo con ciertos libros, tratando de realizar una labor recopiladora, de los escritos más representativos de sus reseñas literarias. A ellos ha añadido un par de prólogos, uno escrito para una antología poética de Goethe, en el aniversario del nacimiento de dicho autor, y otro para una edición abreviada de Emilio o De la Educación, de Rousseau. Y así, en la selección de los textos recopilados, pasaremos por las obras de escritores, a los que va dedicando sus artículos Stefan Zweig, que irán desde Albert Ehrenstein a Joseph Roth, de Freud a Thomas Mann, de Stendhal a Balzac y a Flaubert, y de Walt Whitman a Joyce, entre otros. Escritores alemanes, ingleses, franceses, italianos… se echa de menos desde luego a los hispanos, o mejor a los españoles. Quizás para compensar esta ausencia, no sé si provocada o necesaria, la portada del libro se ilustra con un cuadro de Adolf Schödter, de 1834, titulado “Don Quijote leyendo en su sillón”, donde nos aparece nuestro Ingenioso Hidalgo de la Mancha, pasando “las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio” leyendo sus libros de Caballería.

Y se inicia el volumen recopilatorio con un interesante artículo, de Stefan Zweig, titulado “El libro como acceso al mundo”, con el que no puedo estar más que de acuerdo, al margen de la historia anecdótica que en el mismo cuenta, que hoy sería inverosímil, donde nos vendrá a decir que “Desde que existe el libro nadie está ya completamente solo, sin otra perspectiva que la que le ofrece su propio punto de vista, pues tiene al alcance de su mano el presente y el pasado, el pensar y el sentir de toda la humanidad. En nuestro mundo de hoy cualquier movimiento intelectual viene respaldado por un libro; de hecho, esas convenciones, que nos elevan por encima de lo material, a las que llamamos cultura, serían impensables sin su presencia”. Gran verdad, y de completa actualidad.

Stefan Zweig, se esforzó en ayudar a quienes acudían a él aconsejándoles y apoyándoles, pues decía que “es un placer dar un pequeño empujón para que las cosas salgan adelante”, y también se dedicó a alentar con continuas propuestas a sus amigos editores, como las que le hiciera al director de la editorial Insel, y gran amigo Anton Kippenberg, para crear nuevas colecciones bilingües de obras extranjeras, francesas e inglesas; y colecciones de traducciones de obras extranjeras a la lengua germana y viceversa, propuesta, ésta última, que no prosperó.    

Stefan y Lotte Zweig. Crédito: Acervo CSZ. (Fuente: Oficina de prensa de la Universidad de Salford).

En sus últimos tiempos, Zweig habló con bastante pesimismo de la literatura de su tiempo, como expresó en sus memorias tituladas El Mundo de Ayer:

“Nueve de cada diez libros que caen en mis manos los encuentro llenos de descripciones superfluas, de diálogos plagados de cháchara y de personajes secundarios innecesarios; resultan demasiado extensos y, por lo tanto, demasiado poco interesantes, demasiado poco dinámicos”.

Stefan Zweig

Acaso nosotros, hayamos podido pensar algo de eso en nuestra actualidad, al encontrarnos con algún libro que haya podido caer en nuestras manos, pero con todo, y en cuanto al libro o los libros, volvamos también a Zweig, cuando nos dice que:

 “En cualquier ámbito, no solo en nuestra propia vida, el libro es el alfa y el omega del conocimiento, la base de la ciencia. A medida que crece nuestra intimidad con los libros, vamos profundizando también en los distintos aspectos de la vida, que se multiplican fabulosamente, pues ya no los vemos solo con nuestros propios ojos, sino con una mirada en la que confluyen multitud de almas, una mirada amorosa que nos ayuda a penetrar en el mundo con una agudeza soberbia”.

Stefan Zweig

El mundo del libro. El mundo de nuestros libros, que a veces reencontramos con pequeños subrayados a lápiz de algunas frases, que aquella vez nos resultaron interesantes, y que las dejamos así como guardadas no se sabe bien para qué, pero que en aquel primer momento de su lectura nos hizo confluir con quien escribiera esas letras, y ya para siempre.

Escribo estas letras en mi modesta y sencilla librería, entre libros de casi todas las clases. No están clasificados ni ordenados por materias, pero les diré en secreto que sé dónde están situados cada uno de ellos, pues son como esos duendes pequeños que en su interior saben tantas cosas, hasta que alguna vez decido despertarlos, para leerlos, aunque solo sea ese pequeño párrafo que, como en silencio me ha vuelto a la memoria.

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Julio Calvet Botella

Magistrado y escritor.

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  • Excelente Julio, tu comentario como siempre genial. Stefan Zweig es uno de los grandes, sin duda merecio un Premio Nobel de Literatura. En mis años adolescente leí “Cartas de una desconocida” y me dejó una huella inolvidable por el tratamiento psicológico de la vecina en primera persona. Creo que Acantilado ha reeditado casi todos sus libros. Como bien dices cada vez que abrimos un libro resucitamos al autor. Es una pena que solo tengamos una vida y no poder leer todos los libros y autores que nos gustan. Un abrazo.

    • Querido Ramón, gracias por tu comentario. Ser amigo de los libros es para mi una gran suerte, como también lo es la amistad con escritores tan ilustres como tú lo eres. Stefan Zweig debió sin duda ser Premio Nobel, pero le toco vivir en un mundo absolutamente deleznable y víctima de una persecución racial increíble, que no pudo soportar, provocando su triste final. Un fuerte abrazo de tu amigo Julio Calvet.

  • Querido amigo Julio
    Te felicito por este magnífico artículo sobre Stefan Zweig, es uno de mis autores preferidos y disfruté mucho con la lectura de su novela La noche estrellada.
    Gracias por esta semblanza tan bonita de este extraordinario autor.
    Un abrazo

    • Querida Pilar gracias a ti. Yo también creo que Stefan Zweig es un escritor inacabable. Nos dejo un legado cultural impresionante. Todo ,o que escribió es magnífico. Recibe mi afectuoso saludo. Julio Calvet.

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