Opinión

“Anni horribiles”

Imagen: Free Creative Stuff (Fuente: Pixabay).

Estos últimos años, especialmente a partir de 2020, con el inicio de la pandemia de coronavirus, la humanidad está viviendo sus “anni horribiles”, una sucesión de catástrofes y de desgracias que están cambiando el mundo.

No sé por dónde empezar, si por la pandemia (se anuncian nuevas variantes de este virus que nos azota), por las terribles guerras (especialmente la invasión de Ucrania, pero no olvidemos que hay todo un mapa de conflictos bélicos), por la recesión económica, la crisis energética, la subida de los precios, el aumento de la pobreza, el peligro de un conflicto bélico entre Occidente y los países de la esfera soviética, el crecimiento del comunismo y los populismos, el cambio climático, el materialismo y la crisis de valores, el abandono de Occidente al tercer mundo, o tantos otros ejemplos.

Me viene a la mente el tema bíblico de los cuatro jinetes del Apocalipsis que, montados cada uno en un caballo de un color distinto, llevan al mundo, según la profecía, hacia su destrucción. Acaso lo que está sucediendo en nuestros días sea la plasmación de estas profecías, una especie de “castigo divino” por la soberbia del mundo occidental, su decadencia espiritual y la inconsciencia del ser humano que se aparta de los grandes valores del espíritu para caer en un materialismo exacerbado, en un consumismo sin límite y un olvido de los valores morales, el humanismo y de la importancia que puede tener la persona como tal. Lamentablemente, se prioriza el mal sobre el bien, el Maligno sobre el Supremo Hacedor, el egoísmo sobre la humildad…

Caen los poderosos y los grandes imperios se desmoronan.

Los cuatro jinetes del apocalipsis, por Viktor Mikhailovich Vasnetsov. Colección Glinka National Museum Consortium of Musical Culture (Fuente: Wikimedia).

Debe darse cuenta la sociedad, que nuestra civilización, la de Europa y por ende la de España en particular, se ha cimentado sobre las raíces grecolatinas, sobre el cristianismo, sobre una cultura que ha sido predominantemente humanística.

Esta decadencia, esta “crisis”, en sentido metafórico representada alegóricamente por los cuatro jinetes, es una seria advertencia. O reaccionamos a tiempo o nos vamos hacia la autodestrucción.

Todo puede tener un remedio.

Especialmente la invasión de Ucrania ha sido una de las más serias advertencias y ahí se vislumbra una muy difícil solución. Otro ejemplo lo tenemos en esa Unión Europea, la de los mercaderes, la del neocapitalismo salvaje, que ha reaccionado con más unión que nunca y ha empezado a poner en marcha los mecanismos de defensa necesarios.

Igualmente cobra plena actualidad el tema de la OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte, hasta ahora medio dormida, pero que parece despertar de su letargo e incluso países ciertamente semineutrales, o que no valoraban a este organismo suficientemente, demandan en estos difíciles momentos su pertenencia a la misma para su propia defensa y pervivencia.

“No hay mal que por bien no venga”, reza el dicho. Y renacen brotes de autenticidad, de solidaridad, de convivencia y ejemplos de todo lo mucho y bueno que encierra el ser humano y que se ha de poner en valor.

Open Clipart Vectors (Fuente: Pixabay).

En España, por centrarnos en lo que tenemos más cerca, esos brotes, aunque aún sean lejanos, al menos se divisan. Se pone al descubierto cómo el comunismo y el populismo que tenemos aquí, incluso en nuestro querido pero desastroso Gobierno, son males que hay que desterrar, y cuanto antes mejor. Sufre nuestro país en gran medida el conjunto de consecuencias del ataque moderno de los cuatro jinetes del Apocalipsis y un cambio político sería un gran bien, con un nuevo enfoque grande, profundo y mirando por el pueblo. España es Europa, pero al tiempo también debe conservar esos valores propios que ya el gran Gerald Brenan en su obra “El laberinto español” preconizaba. Ganivet, Ortega, Unamuno, Costa, Menéndez Pelayo y tantos pensadores hispanos lanzaban advertencias. Incluso en un plano ya más actual, importantes pensadores, como Lledó o Julián Marías, lanzan sus mensajes constructivos. España ha de encontrar su esencia, su identidad, lo más profundo de su ser y lo que le identifica como nación con caracteres propios, de una parte, y como miembro de una comunidad internacional, de otra, con esa identificación que la historia ha demostrado enlazando con Europa, el Magreb, los países africanos y Latinoamérica.

Frente a esa “España invertebrada” de la que habla Ortega, hemos de lograr su vertebración, su unidad en la diversidad sacando de cada una de las regiones lo que les une a un destino común que refunda todas las variantes y todos los pensamientos e identidades en una comunidad propia y específica que se haga fuerte en el mundo de las naciones; que se prestigie y respete a nuestro país, hoy tan devaluado internacionalmente y tan mal gobernado.

Los “anni horribiles” que padecemos, y parece que va para largo, deben ser el “sufrimiento” que nos lleve a una regeneración necesaria.

Los cuatro jinetes del apocalipsis

Como sabemos, la profecía de Isaías trataba de los cuatro jinetes del Apocalipsis. Ellos montaban sobre corceles de cuatro colores y cada uno de estos colores representaban una catástrofe, con una excepción que luego comentaremos. Y lo vivimos claramente hoy en día.

Tratemos de estos jinetes y veamos su plasmación clara en nuestro tiempo. Los jinetes del Apocalipsis son los cuatro caballeros que se describen en la primera parte del capítulo sexto del Apocalipsis.

Habla el capítulo de un pergamino en la mano derecha de Dios, que está sellado con “siete sellos”, y en ese escenario abre Jesús los primeros cuatro sellos de entre los siete, liberando a estos jinetes que montan en cuatro caballos: blanco, bermejo, negro y amarillo.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis, por Albrecht Dürer. Coleccióin: Biblioteca Houghton (Fuente: Wikimedia).

Según la exégesis representan y son alegorías de de la conquista (o la gloria, la guerra, el hambre y la muerte, respectivamente). Aunque hemos de decir que tan solo a este último corcel se le designa por este nombre, “la muerte”. Si bien los jinetes aparecen brevemente en el citado libro, su importancia extrema radica en la gran cantidad de representaciones artísticas y, en términos generales, en la influencia que tuvieron sobre la cultura occidental.

Cobra plena actualidad la simbología de esto cuatro jinetes por la correspondencia que tienen en los males y desgracias que azotan la sociedad de nuestros días y, como ya decíamos anteriormente, parece que sean una premonición de lo que actualmente sucede y de todo lo que sufre la humanidad.

El corcel negro representa el hambre y el amarillo la muerte.

Claro reflejo lo tenemos en la sociedad actual donde las hambrunas del tercer mundo (corcel negro) deberían avergonzar a la sociedad occidental y donde la muerte está reflejada en tantos y tantos ejemplos que están en la mente de todos. Hambre y muerte están totalmente presentes en nuestro mundo. Los numerosos casos de muertes por la pandemia del coronavirus ejemplifican a las claras la acción de este corcel amarillo.

El corcel rojo

El corcel rojo o alazán lo monta el jinete de la guerra. El padre Castellani, en su obra “El Apokalypsis de San Juan”, advierte que viendo las dos guerras mundiales, parece como si el mundo se preparase para una tercera. En el Apocalipsis se dice: “Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente que decía: ´Ven´. Entonces salió otro caballo rojo; al que lo montaba se le concedió quitar de la tierra la paz para que se degollaran unos a otros, se le dio una espada grande”.

¿No nos recuerda esto a los sucesos actuales de la invasión de Ucrania y otros conflictos que afligen al mundo?

Hace ver Castellani que desposeída la monarquía cristiana de su existencia vendrá una decadencia. Como dice Jesucristo: “Auguro que esto es el comienzo de los dolores, pero aún no es el fin”.

Todo ello es una visión anticipada de lo que está sucediendo en la actualidad, en un mundo en guerra, un conflicto entre bloques y una escalada bélica sin parangón. Y no tenemos el clima bélico tan lejos, pues el arsenal de guerra y los enfrentamientos armados, con armas temibles y destructoras en grado sumo, los tenemos a las puertas de la Unión Europea, y no olvidemos que España pertenece, de hecho y de derecho, a la misma. Un ataque a un país de la OTAN supone movilizar todas las fuerzas factibles del Tratado del Atlántico Norte en su defensa.

La gran esperanza del corcel blanco

Pero no todos los jinetes suponen una visión negativa. Hay uno, montado en su blanco corcel, que representa la gran esperanza de la humanidad y transmite un mensaje sumamente positivo. De él trataremos a continuación.

Para Vanni, la aparición de esta figura, remite a la resurrección y a la palabra de Cristo. Según diversos comentaristas, el jinete montado en el caballo blanco del Apocalipsis representa “la palabra de Dios” que se entregaba a los profetas en el Antiguo Testamento.

La “visión” de los cuatro jinetes puede parecer misteriosa o incluso infundir temor, en cierta medida, pero no tiene necesariamente que ser así.

Comienza la “visión” con estas palabras: “Vi, y ¡miren! Un caballo blanco, y el que iba sentado sobre él tenía un arco; y le fue dada una corona y salió venciendo para completar su victoria”.

La clave para saber quién es ese jinete, para identificarlo, está en el mismo libro de Revelación, dentro del Apocalipsis. Unos capítulos más adelante de las palabras iniciales, se dice que a este jinete, se le llama “La palabra de Dios”. Este título, “La palabra”, para muchos exégetas corresponde a Jesucristo, ya que él es el portavoz de Dios. También se le llama “Rey de Reyes” o “Señor de Señores”, y se afirma que es fiel y verdadero. Tiene autoridad para actuar como un rey guerrero y además no es corrupto ni abusa de su poder. San Ireneo y San Juan Crisóstomo son algunos de los autores que sostienen que el arquero montado sobre el caballo blanco es la triunfante propagación del Evangelio.

Para William Hendriksen en su obra “More than conquerors…”, el jinete del caballo blanco es Jesús de Nazaret.

Los detalles mencionados acerca del color del caballo y el tipo de arma que porta el jinete revelan el testimonio de la Iglesia en el primer periodo del Cristianismo (específicamente, del año 31 al 100 d. C.), el cual se caracteriza por su pureza de doctrina y el poder “ofensivo”.

A nuestro juicio, y partiendo de la base del carácter anticipativo o de premonición de estos jinetes y estos corceles, el caballo blanco es un pronunciamiento sobre la esperanza de que lleguemos a un mundo mejor. Da ánimos a la humanidad y así pensamos que tras estos años terribles advendrá un tiempo de bonanza, de reconstrucción. Que a este ciclo doloroso y terrible pueda suceder otro mejor con un mundo reconstruido, más lleno de valores. Y en ello tendrá mucho que ver el potencial de bondad y de bien que todavía encierra el género humano.

Conclusiones

Las guerras, las pandemias y enfermedades, la gran crisis económica… Todo está representado por los jinetes.  Incluso ese renacer de la humanidad, que ve en un enfrentarse valientemente a los grandes retos globales que la asolan la única vía factible para así sobreponerse a los mismos.

¿Eso es acaso lo que representan el corcel blanco y su jinete?

Solo volviendo a los valores humanos y morales, a la espiritualidad y al humanismo, podremos salir del atolladero. La tecnología ha de ser humanista y ese caballo blanco debe constituir el adalid simbólico de la recuperación. Un arco y una flecha de paz, de entendimiento entre las naciones, de grandes acuerdos globales. El jinete redentor lo tenemos en nosotros mismos, en nuestras grandes posibilidades como seres humanos dotados de una inteligencia que ha ser dirigida hacia el bien.

Los sucesos horribles han de ir reconvirtiéndose en procesos regenerativos y de reconstrucción.

No hay otro camino.

Empecemos ya.

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José Moratinos Iglesias

Doctor en Ciencias de la Educación, diplomado en Psicología, profundo conocedor de la Psicopedagogía e Instructor de Tiempo Libre con sus estudios de Magisterio.

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