Al paso

Zidane: ¿un señor entrenador o un entrenador señor?

Zinedine Zidane. Fotografía: Антон Зайцев (Fuente: Wikimedia) / Pedro Sánchez. Fotografía: Borja Puig de la Bellacasa, Pool Moncloa (Fuente: Wikimedia).

¿Podría Pedro Sánchez dirigir un equipo de Primera División y ganar la Liga?

Da la impresión de que el Madrid y el Barcelona han dado en el clavo con sus actuales entrenadores, Zidane y Koeman. No solo están demostrando que son unos señores técnicos sino unos técnicos señores. A mi juicio, Mourinho es un señor entrenador, pero no un entrenador señor. El adjetivo por delante del sustantivo significa cualificación profesional y cuando lo ponemos por detrás indica señorío, cualificación humana.

Esto vale lo mismo para el mundo del balón que para el del toro, que para el de la cultura y, por supuesto, para el de la política. 

Coherencia: un entrenador mentiroso, que hoy dice una cosa y mañana la contraria, sembraría el desconcierto entre sus pupilos… Un político veleta como Sánchez, que hoy afirma que es blanco lo que mañana asegura que es negro, desconcierta a los ciudadanos. Por añadidura tiene un vicepresidente que es el equivalente al segundo entrenador del conjunto, siempre a las órdenes del primero en el mundo del fútbol. Pero en el Gobierno de coalición no es así. Con frecuencia el segundo le lleva la contraria al primero y hasta le gana la partida para desconcierto de los jugadores, esos españolitos que no saben a qué carta quedarse y a los que se les quiere cambiar no cualquier carta, sino la carta magna, la que define las reglas del juego democrático.

¿Podría Pedro Sánchez ganar una Liga de Primera División? Resulta cómico, mejor tragicómico, un Gobierno lleno de contradicciones, en el que el presidente, traicionado por sus ministros podemitas con Pablo Iglesias al frente, sale a dar la cara por ellos y, sin despeinarse (eso nunca porque le podríamos llamar ‘el bien peinao’), asegura que todos tienen su plena confianza. Estas palabras suenan falsas, como las que diría un entrenador poco señor tras sublevársele el vestuario, intentando apagar el fuego.

Cuenta la historia que Hernán Cortés quemó las naves al llegar a las costas mexicanas para que sus soldados no le abandonaran si encontraban resistencia en los aborígenes que pretendía dominar. Sánchez quema todo lo quemable con tal de que no le abandonen los podemitas sin los que le sería imposible seguir gobernando. Cortés prefería la muerte digna, combatiendo, a la huida cobarde. Fue un señor conquistador, aunque se discute si fue un conquistador señor.

Sánchez puso firmes a los presidentes de las 17 autonomías en un principio, pero cuando vio que tan dura batalla desgastaba al Gobierno dejó la pandemia y la vacunación en manos de las comunidades autónomas. Y todo va de mal en peor, menos los autoelogios del Ejecutivo.

Conclusión: tenemos al frente del Gobierno de España a un Pedro Sánchez que ni es un señor presidente, como Dios manda y el país necesita, ni un presidente señor porque miente más que habla y ¡mira que habla… para hacerse propaganda!

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