Opinión

Yo dimito, tú no dimites, él no dimite…

Es muy curioso lo que se cuece en el inframundo de la política. A cuenta de la dimisión del consejero de Sanidad de Murcia se han escrito ríos de tinta y hasta sus propios socios de gobierno, de Ciudadanos, amagaron con romper la coalición si el Dr. Villegas no era cesado inmediatamente.

Villegas no dimitió. Lo “dimitió” Ciudadanos. Prácticamente el único de unos cuantos, de demasiados cargos públicos, que han hecho exactamente igual que él sin ser ni personal sanitario ni de riesgo. En el momento de escribir este artículo van ocho alcaldes del PSOE y tres concejales del mismo partido. Le han seguido en su dimisión la concejal de Salud de Bonares (Huelva) y una compañera del Ayuntamiento de Castrillón (Asturias).

Sin irnos muy lejos, en la provincia de Alicante se han vacunado los alcaldes de El Verger, Ximo Coll, y Els Poblets, Carolina Vives, curiosamente marido y mujer. También el incombustible Dr. Bernabé Cano, alcalde pepero de La Nucía, así como el concejal Manuel Alcalá, enfermero de profesión. Sin olvidar a José Galiano, concejal de la cosa sanitaria en Orihuelica del Señor o el diputado provincial Juan Bautista Roselló.Y en la Región de Murcia, la alcaldesa de Molina de Segura, cuyo “mérito” alegado para su vacunación es ser paciente oncológica… Y los que saldrán.

El ya exconsejero murciano es, por edad, persona de riesgo, Doctor en Medicina y Cirugía, especializado en Medicina Familiar y en Cardiología, y la persona a la que propios y extraños exigen –ya no– que día sí, día también, esté a pie de calle –y de hospitales–.

No es buen año para el Consejero. No hace aún seis meses que su hermano, también médico, fue presuntamente asesinado por su propio hijo en un más que posible parricidio aún por esclarecer judicialmente. Ahora le toca el asesinato civil a Manuel Villegas. Su máximo error: haber vacunado a su mujer y a los funcionarios de su Consejería, mientras los abuelos se encarcelan voluntariamente en sus casas porque a ellos no les llegan las vacunas que han usado el perla y allegados.

Obviando a los funcionarios, militares de alta graduación y demás vacunados, sin esperar turno, toca hacer la reflexión de cómo han tratado al cesado Dr. Villegas los medios de comunicación y los tuiteros de guardia y cómo se están olvidando los nombres de los que ni han dimitido ni lo harán nunca, porque en ello les va el sueldo.

Lo del sueldo es la diferencia entre quien no necesita la política para vivir y los políticos profesionales. Villegas no necesita la política. Ni tan siquiera es militante de partido alguno.

También, obviando lo que el “Gobierno de España” ha ordenado en cuanto al orden de vacunación, que por el momento se debería cumplir por quienes dicen servirnos, hay ciertas personas que por sus responsabilidades deberían ser los primeros en recibir la vacuna, empezando por el presidente del Gobierno, dando así ejemplo al pueblo llano que, con razón o sin ella, se fía poco o menos de las vacunas exprés que nos negamos a recibir –me incluyo– a falta de conocer con exactitud si a corto, medio o largo plazo van a servir de algo y, sobre todo, si no va a ser peor el remedio que la enfermedad.

Un “Gobierno” que de la mano del ínclito Simón va dando palos de ciego y algún que otro pelotazo, la actual falta de jeringuillas para poder vacunar y la falta de vacunas; el descontrol de las autonosuyas, cada cual inventando nuevas normas a cual más absurda e imposible, y de la idiocia de quienes se han puesto al frente de la mayor catástrofe sanitario-económica de la historia reciente.

El flamante presidente norteamericano se vacunó, y lo hizo públicamente, para dar ejemplo, en contraposición a la tesis –que, repito, comparto– del ya expresidente Trump. Nadie ha pedido su dimisión. De haber sido Biden español, las fauces de los guerrilleros de nuevo cuño, cuyo campo de batalla de esos aguerridos “gudaris” es Internet, lo habrían despellejado vivo. Bueno, no, que es “de los suyos”.

El Señor nos pille confesados y lejos de las garras de algunos.

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Francisco José Mora Sastre

Inicié mi andadura periodística en el instituto, donde un grupo de profesores y alumnos fundamos el periódico escolar. En ese mismo instituto obtuve, con 14 años, el primer premio de prosa en el primer certamen literario "Santo Tomás de Aquino".
Tras mi paso por la universidad, colaboré en COPE, SER, Diario 16 y La Verdad.
Fundé dos periódicos locales, que dirigí: el primero, en papel, donde en un editorial afirmé rotundamente que el futuro de la prensa pasaría inexorablemente por Internet. Eran los años 90. Fui tachado de loco, evidentemente. Entonces, Internet era algo prácticamente de ciencia ficción y al alcance de casi nadie.
Y el segundo diario ya fue online, el primero de cuantos se fundaron en la zona.
En la actualidad, mantengo en la Red una centenaria publicación crítica y satírica donde colaboraron en su día firmas como la de Federico García Lorca o el poeta Eliodoro Puche. Mi propio abuelo Paco era colaborador ocasional.

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