Opinión

¿Y ahora, quién nos defiende del Síndic de Greuges?

Fuente: Síndic de Greuges.

El Síndic de Greuges se renueva. Una de las noticias que lo ilustraban hace unos días tenía este titular: “El Botànic y el PP validan a Concha Bru y Carlos Castillo como adjuntos al Síndic” (alicanteplaza.es). Quizás, solo quizás, había otro titular que lo explicaba con más trasfondo: “El pasteleo entre Botánic y PP preside (otra vez) la elección de Síndic”

De la renovación del Síndic, dos caras. Una positiva, el nombramiento de Concha Bru, que aparca su reciente jubilación al frente de la Universidad Permanente de la UA. Y otra negativa: que el partidismo, las cuotas partidarias, el manoseo de intereses de los partidos de gobierno y alguno de la oposición -aquí sí llegan a acuerdos sin problemas- sigue presidiendo el nombramiento de cargos y allegados a una institución donde las formas deberían ser tan importantes como el fondo. Que la elección del Síndic y los adjuntos se haya convertido en otra cara más del clientelismo y del férreo control partidario de las instituciones que deben controlarlos a ellos no es ni parece cuestión menor. Afecta a la esencia misma y a la credibilidad de las instituciones que la sustentan.

Del triunvirato de síndicos elegidos (¿de verdad, se necesitan tres altos cargos para ejercer esta función?) solo una -Concha Bru- parece tener el perfil exigido. Una higiénica y saludable práctica democrática habría hecho imposible que Ángel Luna (PSOE) sucediese como titular de la sindicatura al histórico José Cholbi (PP). Que Carlos Castillo (PP) dejase anteayer sus responsabilidades como vicepresidente de la Diputación para hacerse cargo del tercer cargo en el escalafón, tampoco ayuda.

Primeras preguntas. ¿Dónde están los tiempos aquellos en los que Compromís, Podemos y, un poquito con la boca semiabierta o semicerrada, el PSOE proclamaban que debían cambiar las formas y el fondo en este tipo de nombramientos? ¿Dónde los eslóganes a favor de la independencia y la regeneración democrática de estos órganos de control político? ¿Dónde los tiempos en los que las proclamas contra las puertas giratorias llenaban sus discursos?

Porque, qué otra cosa es sino que una puerta giratoria gigante con pasarela incluida la que ha permitido a Ángel Luna cruzar  bajo palio el camino que va de la portavocía del PSOE en las Cortes Valencianas a la Sindicatura de Agravios? ¿Qué otra cosa es sino que el PP acepte ahora como migaja en el reparto de la canonjía que Carlos Castillo deje su sillón en la vicepresidencia de Diputación para, apenas unos meses por medio, pasar a calentar el tercer escalafón del Síndic? ¿Qué otra cosa es sino que Compromís y Podemos defiendan y propongan la candidatura de Concha Bru como parte de su cuota participativa en la institución?

Más allá de la idoneidad de cada uno de ellos, de Luna, de Bru, de Castillo, más allá de su trayectoria profesional y política, más allá de todo eso lo que aquí es reseñable y criticable es el sistema mismo de elección de cargos que abre la puerta a otras preguntas inquietantes: ¿A quién servirá a partir de ahora este triunvirato de síndicos? ¿Al ciudadano, o a quienes les han ungido con el dedazo?

Ya se ve que no es lo mismo predicar que dar de comer. No es lo mismo pontificar contra las puertas giratorias que practicarlas cuando la ocasión te lo permite. ¿Que no son lo mismo los consejos de administración de Iberdrola, Endesa, Telefónica… que la del Síndic de Greugues? Pues vale. No son efectivamente lo mismo. Quizás lo de Síndic valenciano sea, incluso, mas grave. Esto de aquí es dinero público. Y es que, a veces, ni las apariencias. Y ya para terminar y a modo de colofón de todo lo anterior, otra pregunta inquietante que sobrevuela lo aquí expuesto: ¿Quién defiende ahora a los ciudadanos del Síndic?

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Pepe López

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