Impulso irresistible

Vivir de sentimientos

Fotografía: Free Photos.

Se han unido dos momentos históricos. Son de una historia general de nuestro entorno y son también de nuestra historia personal –la que no contamos pero nos muerde y nos aturde un poco en el estómago- en franca armonía con lo que apela directamente a sensaciones y recuerdos que van a ser configurados para ser recordados juntos; esos momentos de los que decimos “me acuerdo…”, precisamente porque han dejado un algo especial en nosotros. Hay que ver lo importante que es poder relacionarlos, hasta llegar a juntarlos como acontecimientos que se vivieron en cualquier edad que tengamos pero que se han quedado marcados en nuestra memoria y tanto es así, que en el recuerdo se refuerzan dos energías poderosas: las imágenes físicas que prolongamos por nuestro interior y luego seleccionamos consciente o inconscientemente, y los sentimientos referidos a la misma cosa, hecho o acontecimiento que ha afectado a nuestra vida, y mucho más si han dejado alguna huella, quizás un mordisco reiterativo que aparece cuando quiere. Son la causa y el efecto totalmente diferentes que se han hecho amigos de golpe y porrazo, que dejan su huella, su impronta, e inmediatamente se graban en el canal más sensible y más rápido cuando se le llama o cuando aparece por sí mismo, utilizando el camino más corto para llegar.

     Los sentimientos, lo quieras o no lo quieras (pues siempre hay quien estas cosas las discute) son un elemento esencial de nuestra psicología, y a lo largo de la historia humana, han jugado un papel que solía estar escondido o como mínimo quedaba reservado y guardado en la intimidad, no permitiéndose –salvo descuidos abochornantes- dejarlo escapar con cierta vergüenza, con real enojo, pues son cuestiones que se supeditan al ámbito de la moral, al orden de la razón, y a la postre, a las señales que se aprendieron y luego nos lanzan interiormente los gestos educativos percibidos en los años de aprendizaje, en el ámbito de la pubertad y en el colmo de los conflictos internos que siempre se están peleando ante posmodernidades que ven las cosas de otra manera. Pero en estas fechas, muy destacadas en las tradiciones religiosas españolas, algunas –las penitencias- son francamente raras ante las formas de pensar y de sentir contemporáneo, no las entienden, no quieren ver eso, pues cuando se les habla de sufrimiento se saca a relucir la parte ética que llevamos por dentro. Ha venido a unirse la muerte de Jesús de Nazaret con los contaminados por el coronavirus. Pasado el tiempo, lo recordaremos porque lo nuestro es vivir de sentimientos.

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Demetrio Mallebrera

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