Trescientas... y pico

Víctimas: olvido, infamia, hastío

Destrozos en El Escorratel, Orihuela (Fotografía: Tony Sevilla).

Las víctimas son, deberían ser, siempre sólo eso, víctimas. Eso, lo sabemos, costó trabajo entenderlo, pero ya forma parte de un cierto consenso. Menos, claro, cuando son susceptibles de ser utilizadas en la rueda infernal de la guerra política y mediática. Entonces acaban siendo armas arrojadizas de unos contra otros en busca de réditos y de ocultamiento propio. Eso, desgraciadamente, también lo sabemos. Y lo vemos casi a diario. Después, solo queda para ellas, las víctimas, el olvido, la infamia y el hastío. Y es lo que normalmente viene sucediendo. Una y otra vez.

OLVIDO

Aquí un caso. Y para comprobarlo, miremos si no al viejo PNV. Un partido extrañado, sobrepasado, paralizado en la incredulidad de que esto –lo del colapso del vertedero industrial de Zaldivar– le haya ocurrido a ellos y a escasas fechas de las elecciones. Con la mirada perdida, mirando a un infinito de sombras, ahí les ves –incluido el lehendakari Urkullu– olvidándose durante semanas hasta de los nombres de las dos víctimas mortales y solo preocupados de que esa leyenda de supuesta buena gestión no vaya a quedar manchada. Que el olor nauseabundo, y no solo el físico sino y sobre todo el político, del vertedero hundido como un castillo de naipes no acabe contaminándolo todo. Pero, ¿y de los dos trabajadores fallecidos qué? Ah, qué importa eso. Solo son dos operarios, anónimos y prontamente prescindibles. Demasiado poca cosa ante la tarea histórica que nos aguarda y la cadena de éxitos que nos contempla.

Vista delderrumbe del vertedero de Zaldívar (Fuente: RTVE).

INFAMIA

Un ejemplo. En otra esquina del mapa, en Baleares, y ante el escándalo de la prostitución de niñas en un centro de menores dependiente del gobierno autónomo, ahí emerge coráceo el tripartito de las Islas Baleares (PSOE, Podemos y Més) en santa alianza con Pablo Iglesias dispuestos a defender lo indefendible hasta la náusea, justo lo contrario que gritaban en las calles hace cuatro días. Ahí están ellos haciendo fuerza y discurso para que la luz y los taquígrafos no penetren los muros del centro de la ignominia, para que no haya comisiones de investigación, para que no se sepa la verdad y el alcance de sus responsabilidades de algo que ya vamos sabiendo muchos sabían y callaban. Y en esa batalla por ocultar a las víctimas y, sobre todo su responsabilidad en lo sucedido, poco importan las niñas. Instalados en el límite de la indecencia, poco importa lo que pidan otros –comisiones de investigación, luz, taquígrafos, ya saben–, porque, al fin y al cabo, deben pensar, esos otros habrían hecho lo mismo. Silencio. Lo único, lo importante, lo perentorio es mostrarse sin fisuras. ¿Responsabilidades, dimisiones? Ah, eso era antes de ocupar despachos y pisar moqueta, ahora estamos aquí para-mejorar-la-vida-de-las-personas. ¿De qué personas?

Fotografía: Ryan McGuire.

HASTÍO

Otro golpe. Más cerca, aquí mismo y a propósito de la DANA de la Vega Baja del pasado septiembre, ahí anda el gobierno valenciano casi medio año después, especialmente PSOE y Compromís, haciendo política gestual, instalados en el debate fatuo del dónde nos reunimos para hablar del tema con el presidente de la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS) y, si fuera menester, poder echarles culpas y responsabilidades propias. Que si mejor en las Cortes Valencianas, que en Murcia no, no vaya a ser que alguien piense, olvidando, orillando lo fundamental, que los daños han roto proyectos de vida y que el futuro para muchos de ellos es tan negro y emponzoñado como el agua turbia que arrasó haciendas, sueños y vidas. Y en ese debate impúdico del dónde y el cuándo, de organizar comisiones y reuniones para parecer que se hace algo, se va diluyendo la esperanza, el cobro prometido, se van esfumando las promesas que parecen ahora, claro, solo fueron dichas para ocupar titulares pero que nunca tenían la verdadera intención de ser cumplidas, porque todo, seguro, dirán, es muy complicado. Y cansado. Ya solo falta que digan también, como vienen diciendo a casi todo, que, además es-que-no-hay-dinero.

Efecto de la DANA en la Vega Baja (Fotografía: Tony Sevilla).

Y ante estas y otras escenas parecidas, ya casi solo queda mirar al cielo. Y esperar que ya nunca más las montañas maltratadas se traguen trabajadores inocentes, que los proxenetas de dentro y fuera dejen en paz a las niñas porque solo son niñas, y aguardar también que ese mismo cielo no vuelva a devolvernos con furia el maltrato con que le tratamos aquí abajo, en la Tierra. Otra cosa, sería muy posiblemente pedir demasiado. Ya digo, víctimas: olvido, infamia y hastío.

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Pepe López

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