Contrastes

Vergüenzas en el escaparate

Un paseo por la fachada marítima de Alicante es el recorrido más habitual de los visitantes de la ciudad. Su impresión de lo que ven les hará repetir, recomendar destino, o bien lo contrario. Benjamín Llorens hace un repaso de la evolución de las construcciones que han ocupado tan privilegiado lugar y pone el acento en algunas deficiencias que a día de hoy empañan la estampa de la ciudad.

 

Resulta obvio que Alicante es una ciudad turística aunque entre nuestros gobernantes haya concejales a quienes eso no le gusta. Naturalmente están en su derecho, pero también resulta obvio que pensando así no cabe esperar que contribuyan a impulsar políticas para el desarrollo de nuestra ciudad como imán turístico. El resto de los municipes aceptan esa realidad y cabría pues esperar de ellos mayor implicación a la hora de potenciar y mejorar nuestros encantos. El «escaparate» debe lucir perfecto. Pero no lo hace. Viene esto a cuento del jaleo que se ha montado en torno al nuevo mamotreto que se está plantando (cual foguera provisional para los próximos 15 años) en el paseo del puerto y que actuará como oficina de turismo. Subvenciona el consell y el ayuntamiento lo aprueba con un gobierno de izquierdas (Psoe, Guanyar, Compromís) y lo ejecuta con uno de derechas (PP). En un momento u otro, como oposición o gobierno, todos han tenido algo que decir (incluso Ciudadanos) y nadie ha levantado la voz en contra hasta que el follón ha estallado en la calle. Las redes sociales arden y los medios de comunicación se hacen eco del jaleo.

En pleno escaparate alicantino hay vergüenzas históricas a las que ya no hemos tenido más remedio que acostumbrarnos. La destrucción del Raval Roig, la casa Alberola partida en dos, la eliminación del Club de Regatas árabe o de la Comandancia de Marina, son algunos ejemplos -ya históricos- de vergüenzas en nuestro escaparate. Precisamente en el lugar que ocupó la comandancia de marina es donde ahora se instala la futura oficina, lo que entre otras cosas contribuirá a la mayor ocultación del edificio de Aduanas, el único con solera que queda por la zona.

Actual edificio de Aduanas a la entrada del puerto, a principios del siglo XX, luciendo en solitario (AMA).

Con el tiempo, en la explanada de entrada al puerto se levantó, frente al edificio de Aduanas, la Comandancia de Marina que durante cinco décadas se convirtió en una de las señas de identidad de Alicante, por lo singular del edificio y el lugar donde estaba.


En primer término la desaparecida comandancia de marina (hoy parking en subsuelo y paseo en superficie). Detrás el edificio de Aduanas que aún pervive (AMA).

Se trataba de dos edificios gemelos adosados que se percibían como un conjunto. De estilo neocolonial mediterráneo con clara influencias árabes, se levantó en 1943 y fue pasto de la picota en 1994.


(Imagen: Alicante Vivo)

Cuando se produjo el derribo, la muralla que forma el Meliá ya estaba bien instalada. El edificio de Aduanas, imperturbable, veía caer a su vecino, justo donde ahora se levanta la futura oficina de turismo, esa que el tripartito anunció en su momento con cornetas y tambores, esa que ahora no gusta a casi nadie. La historia del edificio de Aduanas es la de un superviviente, una proeza en una ciudad que no ha tenido mucho respeto con sus edificaciones históricas.

La futura oficina de turismo en construcción (Hojadellunes).

Casi allí mismo encontramos otra de las vergüenzas de nuestro escaparate: el apeadero del Tram al principio del paseo de Gómiz. Dependiente del gobierno autonómico, el tranvía dejó de llegar hasta allí en 2013. Eran los tiempos de gobernanza del PP. Desde entonces el Tram no llega al centro turístico de la ciudad, en una urbe -paradójicamente – tan turística. El apeadero más céntrico de la ciudad lleva más de un lustro en vía muerta, pero ahora que vienen elecciones el presidente de nuestra autonomía aprovecha para anunciar que eso se va a acabar. A partir de junio y con carácter provisional hasta septiembre el tram llegará a la plaza del Mar. Ya veremos después. Habrá que estar atentos pues no sería la primera promesa incumplida con Alicante del candidato Ximo Puig ya como presidente del Consell.

Apeadero de la plaza del Mar en vía muerta desde hace seis años (Hojadellunes).

Otra “joyita” de nuestro escaparate turístico es el reloj de la Torre Provincial. En esta ciudad es el único reloj digital de titularidad pública, por cierto bien visible, los demás suelen corresponder a farmacias y gestorías. Ubicado en lo alto de la transitada Rambla de Méndez Núñez lleva años de mal funcionamiento. Ya en 2016 le dedicamos un Contrastes (“Reloj no marques las horas”) para denunciar un mal funcionamiento en el que aún persiste. Responsable de su mantenimiento es la Generalitat Valenciana, nuestro gobierno autonómico. Pues bien, para quién no se haya fijado diremos que el relojito anda, de momento, 25 minutos adelantado. Un error de bulto en el escaparate, una mala imagen para los ciudadanos de la terreta y quienes nos visiten. Y así lleva años. Los responsables de que funcione correctamente parece que lo han dejado estar (pura desidia) y en el ayuntamiento -gobierne quien gobierne – no debe parecer importante, aunque cuando se trata de señalar alguna deficiencia en quien primero se piensa como responsable es en la corporación municipal.

Torre Provincial en la Rambla (Hojadellunes)

No me resisto a terminar este paseo por algunas vergüenzas de nuestro escaparate turístico sin pasar por la Explanada para señalar otro “detallito” (una suma de detalles bien puestos construye un bonito escaparate, lo contrario afea la ciudad). Se trata del kiosko Olcina situado en el corazón del paseo, junto al templete, desde 1918 (eso es al menos lo que reza el letrero). En 2015, año en que el tripartito se hizo cargo de la ciudad, ya no abrió sus puertas al fallecer el arrendatario. En los siguientes cuatro años el ayuntamiento ha sido incapaz de encontrar quien explote una concesión tan céntrica. En 2017 desde estas mismas páginas de Hojadellunes.com propusimos que el kiosko se reconvirtiera en un “punto de información turística” o -en su defecto – se desmontara. Nada de esto ha sucedido, así que la suciedad y la mugre se apropian, año tras año, de este sarcófago abandonado en pleno corazón de nuestro paseo más emblemático.

Kiosko Olcina en la Explanada (no vende una horchata desde 2014). Hojadellunes.

 

Trasera del kiosko Olcina. Foto tomada el 27 de marzo de 2019. Hojadellunes.

Una ciudad turística que se precie no debería tener vergüenzas en su escaparate, pero cuando las tenga la solución es bien sencilla: debe eliminarlas. No hacerlo se convierte en desidia y en la terreta parece que de eso vamos sobrados. Lástima.

Imágenes y Fuentes:

*Archivo Municipal de Alicante (AMA)

*Hojadellunes.
*Alicante Vivo.

 

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