Al paso

Un milagro permanente durante 488 años

Fuente: Aciprensa.

Mientras los años y los achaques me lo permitan prometo que cada mes de diciembre escribiré un artículo sobre un milagro que tuvo lugar el día 12 del mes doce del año 1531. Faltan dos lustros y dos años (doce años) para que se cumplan los 500 años (¡vaya añada!) del milagro de la Virgen de Guadalupe. De este hecho extraordinario, al que no encuentran explicación humana cuantos científicos e investigadores de varias universidades estadounidenses (algunos de los cuales trabajaron para la NASA), debería informarse a toda mujer y a todo hombre del planeta Tierra. Porque, entre otras cosas, nos confirmará en la creencia de que somos polvo, pero también inmortales.

No es el único acontecimiento sobrenatural que se ha producido a lo largo de los últimos dos mil años, pero sí uno de los más llamativos. Las apariciones marianas más excepcionales en el continente europeo fueron las de Lourdes (Francia) y Cova de Iría (Portugal). En uno y otro santuario se han producido y siguen dándose curaciones milagrosas, atestiguadas por médicos y científicos. Testigos excepcionales hay varios, pero citaré dos por su especial relevancia: los premios Nobel de Medicina de 1912, Alexis Carrel, y de 2008 (hace sólo once años), Luc Montagnier, a quien ha fichado China para dirigir un instituto de investigación que lleva su nombre, investigador especialmente famoso por haber descubierto el agente causante del sida, el VIH, virus de inmunodeficiencia humana. Carrel fue echado de la Universidad de Lyon por creer en los milagros, pero fue fichado por la Universidad de Chicago y la Rockefeller. Era agnóstico y se hizo católico. De los enemigos de los fenómenos religiosos escribió Montagnier que intentan imponer sus dogmas de ‘intelectualidad superior’ frente a aquello que no entienden. Y les invita a “conocer el asunto con más rigor científico y menos conclusiones precipitadas y anticientíficas”.

Fotografía: Marcaroni (Pixabay).

La singularidad del milagro de Guadalupe está en que se consuma cada día en la permanencia de una imagen y una tela de fibra de magüey (una especie de ágave mejicano) que no debieron durar más de 50 años. La tilma del indio Juan Diego, en la que guardó las rosas (castellanas y en diciembre) que la Virgen le invitó a cortar en el montecillo Tepeyac para que las llevara al obispo Juan de Zumárraga en prueba de su aparición y deseo de que se le hiciera una ermita allí, sigue igual de flamante casi 500 años después.

No sólo eso, sino que los científicos de la NASA y otros muchos (entre ellos el Nobel de Química Richard Jun, testifican que la tilma no tiene pintura; no hay pinceladas; no hay materiales terrestres conocidos adheridos a la fibra; no hay pigmentos y los colores siguen tan vivos como hace años y años; no están adheridos a la tela sino que flotan a escasísima distancia. No hay explicación humana posible. Firman con sus nombres el libro ‘La túnica de Juan Diego’: Phillips S. Callaghan y Jody Brant Smith.

Otro investigador contemporáneo, José Aste Tonsmann, ha estudiado, con todos los más modernos instrumentos oftalmológicos, los ojos de la Virgen de Guadalupe, tras haberse hecho pública una fotografía en la que parecía apreciarse una figura humana pintada en uno de los ojos de la Virgen. Ha publicado un libro en que narra su trabajo y el resultado es sorprendente: no una sino doce figuras humanas entre las que se cuentan el obispo Zumárraga y quienes le rodeaban cuando el indio Juan Diego abrió su tilma ante ellos. Cayeron las rosas y en la tela de magüey apareció la imagen y en los ojos de la Virgen se reflejaron quienes la miraban, como ocurre con los ojos de los vivos.

No es sitio éste, por falta de espacio, para contar más hechos extraordinarios en torno a la Virgen de Guadalupe, pero merece la pena narrar uno que tuvo como triste protagonista al anarquista español Luciano López, quien, en 1921, hizo estallar, cerca de la imagen, una bomba potente escondida en un gran ramo floral. Entre los enormes destrozos causados, una cruz de hierros retorcidos, cruz que se conserva en la basílica mejicana. La imagen no sufrió ningún daño y el cristal que la protegía (que no era blindado, no los había entonces) quedó intacto también.

Yo soy de los que piensan que el universo y su género humano en especial son creación de Dios y no fruto de la casualidad como han dicho Stephen Hawking y otros científicos muy respetables, pero faltos de la humildad que exige a ellos el Nobel Luc Montagnier: “Conocer el asunto con más rigor científico y menos conclusiones precipitadas y anticientíficas”.

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Ramón Gómez Carrión

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