Cultura

Teatro que desgarra

Fuente: https://teatrokamikaze.com/

«Jauría» de Jordi Casanovas

Todo llega. Tras la cancelación de «Jauría» de Jordi Casanovas en el Teatro Principal, prevista para la malograda temporada de primavera de 2020, al fin el coliseo alicantino ha albergado una de las funciones más aclamadas por crítica y público en la pasada/truncada temporada. No en vano, ha sido galardonada recientemente con los Max 2020 a Mejor Espectáculo de Teatro y a Mejor adaptación o versión de obra teatral. Además, obtuvo el Premio Contra la Violencia de Género 2019, del Ministerio de Igualdad.

«Jauría» es una dramaturgia a partir de la transcripción del juicio realizado a La Manada, construida con fragmentos de las declaraciones de acusados y denunciante. Un proceso judicial que deja en evidencia a través de la palabra, no solo la crudeza y horror de un suceso tan terrible como una agresión sexual, si no el calvario y la penitencia sufridas por la propia víctima en su cruzada por conseguir justicia.

En la era de los hashtags, y como consecuencia de esta terrible crisis pandémica, el mantra #laculturaessegura parece estar calando en el público, que no dudó en acudir al teatro a ver este espectáculo, y que salió de la sala portando otra almohadilla igual de certera #laculturaesnecesaria. «Jauría» es un espectáculo necesario, sin más. Es el tipo de espectáculo que sostiene, en los que amamos el teatro, el convencimiento de que hay que seguir contando historias.

Jordi Casanovas, que ya ha demostrado en muchas ocasiones su talento como autor, hace un magnífico ejercicio arquitectónico. Con las brutales piezas literales de este macabro relato, Casanovas construye una estructura imponente que conduce al espectador, sin tregua, por un itinerario emocional sin adornos ni obstáculos. No es menos brillante el trabajo de dirección de Miguel del Arco que sortea la dificultad de trabajar con un texto que, por su naturaleza, carece de retórica, durante 85 minutos que no caen. Además, consigue un efecto de conexión directa en las entrañas del espectador, lo que sucede en el escenario, y el horror vivido por la víctima aquella terrible noche en Pamplona durante los Sanfermines. Todo esto en un marco escénico impecable que visten Alessio Meloni con la Escenografía y el Vestuario y Juan Gómez Cornejo en la Iluminación.

Y dando la cara, un acertadísimo elenco que encabeza María Hervás y que completan Álex García, Franky Martín, Ignacio Mateos, Martiño Rivas y Raúl Prieto.

Trabajo muy fino y complejo, con desdoble de personajes incluido, el que ejecutan estos seis intérpretes que llegan, traspasan y se quedan en un público ojiplático que solo reconecta con la realidad cuando, ya despojados de sus personajes, los actores se abrazan mientras reciben el aplauso final.

Público en pie, respiraciones contenidas (y no por las mascarillas) y una incómoda sensación de fragilidad que, sin embargo, es lo que nos hará volver una y otra vez al teatro.

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Marina Torrecilla

Licenciada en Publicidad y RRPP.
Especialista en Comunicación de Artes Escénicas.

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