Trescientas... y pico

Sopa de pijos

Íñigo Errejón, Pablo Iglesias, Alberto Garzón e Irene Montero, a su llegada al Congreso de los Diputados (Fuente: eldiario.es).

La venganza se sirve fría y la sopa caliente. O eso dicen. La izquierda tiene el armario lleno de venganzas frías servidas en cálidas madrugadas. Que se lo digan si no a un comunista de pro como Manuel Vázquez Montalbán que dedicó una de sus obras de la saga de novela negra Pepe Carvalho al tema: Asesinato en el Comité Central. Si nadie lo remedia -y nadie lo va a remediar- la izquierda a la izquierda del PSOE se apresta a repetir la historia de sus traiciones y enfrentamientos jaleada por el altavoz mediático que añora el bipartidismo.

Según gusto y condición, residencia, latitud, edad, sexo, estado civil… en el 10N podrá usted servirse un tazón completo de sopa andaluza con tropezones y reminiscencias gaditanas al gusto Teresa Rodríguez/Kichi. El caldo madrileña al modo Iñigo Errejón será otro menú, con toque federalizante por aquí y otro puntito patriótico por allá, pero, eso sí, solo para gustos exquisitos y puntito snob. La sopa gallega también será servida calentita. Caldo al más puro estilo galego, de no saber bien si es de ir o de venir, de quitar o de poner, con ecos impostados de un nostálgico Nunca Mais reconvertido en marea de pueblo y de aldea, qué digo, de calle o de barrio. Reyezuelos de acá y de allá. Otra más. Sopa comprometida (Compromís la llaman) con una pizca de salsa errejonista. Un tanto desvaída tras cinco años en el mostrador. Un plato que tanto vale para un roto como para un descosido, que un día parece sosa y al otro salada, sopa al fin al modo país valenciano, o comunidad valenciana, o vaya usted a saber qué, porque en esta tierra de razzias berberiscas y reinos de taifas la cosa de las palabras nunca fue tarea fácil.

Es lo que hay. Sabores y más sabores que unir al ya viejo y desabrido gusto de la sopa nacional-catalana cocinada por Ada Colau en el baúl de los desahucios que fueron y que ya pareciera dejaron de ser.

Vinieron -decían- a cambiar el mundo, pero el mundo pudo más. Querido Vázquez Montalbán, resucita. Te necesitamos. Para tratar de  entender, otra vez, de qué va este mejunje de pijos (y pijas) progres cocinados a traición y a plena madrugada.

FIN

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Pepe López

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