Opinión

Sobre el belén gigante del Ayuntamiento

Fotografía: Rosa Vegara.

Gloria a Dios en las alturas y paz en las tierra a los hombres de buena voluntad

Las Fiestas de Navidad, Año Nuevo y Reyes de este año (y comienzos del próximo), van a ser unas celebraciones muy especiales, por varios motivos.

Lo que en términos genéricos llamamos “Navidad”, comienza ya prácticamente cuando se inicia diciembre. Se iluminan las calles, los puestos de castañas exhiben ese sabor especial entrañable y familiar, surgen los belenes, los grandes almacenes pregonan el mensaje (en verdad, algo “comercializado”) de la dulce Navidad, las familias se reúnen y celebran la Nochebuena, la Nochevieja… En fin, todo un conjunto de aspectos que se concretan en esa bella palabra: “Navidad”. Y uno de esos aspectos es el belén.

La primera celebración navideña en la que se montó un belén para la conmemoración del Nacimiento de Jesucristo fue en la Nochebuena de 1223, realizado por San Francisco de Asís, en una cueva próxima a la Ermita de Greccio (Italia). Se celebró la misa nocturna acompañada de una representación simbólica de la escena del Nacimiento, mediante un pesebre, con el buey y la mula, basándose en la tradición cristiana, los Evangelios apócrifos y una lectura de Isaías.

En Alicante, la Diputación y el Ayuntamiento ponen lelenes, la Asociación de Belenistas nos deleita con ese belén tan esencial que tantos años se ha expuesto en la Plaza de la Muntanyeta, y se proclama la buena nueva en nuestra España (todavía) cristiana.

Representación de la primera Nochebuena, 1223 (Fuente: Pinterest de Elena Vargas).

El Ayuntamiento ha tenido la idea de montar en esa plaza emblemática que lleva su nombre, un belén gigante. Un San José enorme, y una Virgen y el Niño, igualmente de grandes dimensiones. Viene a ser como una monumental Hoguera, estilo fogueril, pero al tiempo considero que, aun dentro de ese estilo, es una obra de arte (como tantas “fogueres” de Sant Joan).

Manuel Jiménez, concejal de fiestas del Ayuntamiento lucentino, afirmó que “queríamos colaborar en la magia de la Navidad de una manera diferente y conseguir algo que nadie tuviera… y (este récord) favorecerá el comercio y la prosperidad de la ciudad”.

¿A qué record se refiere el concejal? Lo veremos a continuación.

La composición monumental consiste en tres figuras de hasta más de 18 metros de alto y así entra oficialmente en el Libro Guinness de los récords, superando ampliamente el anterior récord logrado en México hace veinte años. San José mide exactamente 18,5 metros de altura, la Virgen María tiene una altura de 10,46 metros y el Niño Jesús está acostado en un pesebre de 3,25 metros. Se trata de una propuesta del artista fogueril José Manuel García Esquiva, “Pachi”, y fue elegido el conjunto por un jurado que valoró especialmente la orientación de las miradas de los rostros, el cromatismo del conjunto y el estilismo.

En el centro de la escena está el Niño Dios, que aparece, como antes decíamos, recostado en un pesebre y a quien se le puede ver arropado para el frío, pero siempre con  sencillez. Presenta un gesto alegre y afable a fin de “recibir” a cuantos a Él se acerquen. El artista ha querido, en su creación, representar esa expresión cercana y jovial que tienen los niños. El nacimiento de Jesús Niño es el motivo y el eje diamantino de las fiestas de Navidad.

El estilo se basa en el Modernismo alicantino de principios del siglo XX, y toma como referentes a los escultores lucentinos Vicente y Daniel Bañuls (padre e hijo) y José Gutiérrez (discípulo del segundo).

Por otro lado, esta composición se sitúa en la línea de los grandes escultores que Alicante y su provincia han dado al mundo del  Arte. Así, mencionemos, por solo hacer un resumen, a escultores de prestigio como, además de los antes citados, los hermanos Blanco, Gastón Castelló  (pintor y además gran escultor de las Hogueras), Remigio Soler, Arcadio Blasco, Lorenzo Ridaura o Eusebio Sempere. El último de los citados, recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, galardón de renombre  Internacional.

Fotografía: Rosa Vegara.

El coste, realmente, es elevado. El Ayuntamiento pagó 14.900 euros por participar en el Guinness con el belén gigante, esa “Sagrada Familia”… Además, hay que añadir diversos costes, como esos 70.400 euros por la realización y el montaje, en el primer año, y esos 23.000 euros en los dos años siguientes (almacenaje, restauración y montaje). Piensa nuestro Consistorio que se trata de una inversión y que la enorme repercusión internacional del hecho atraerá un importantísimo turismo. La juez Lena Kuhlmann calificó telemáticamente que Alicante bate el récord anterior, de México  (las figuras de Monterrey) y se inscribe así el conjunto en el Guinness con la denominación oficial de “The largest Nativity scene figurines”.

En el acto de reconocimiento del récord (en el Salón Azul) estuvieron presentes, además del alcalde y concejales del bipartito y del partido que le apoya, directivos de diversas asociaciones de comerciantes y de la hostelería alicantinos, que valoran  esperanzadoramente este reconocimiento de tipo internacional, como elemento impulsor de la recuperación económica en este tiempo de pandemia y  crisis.

En la prensa nacional  e internacional, en las cadenas de TV y otros medios, el aldabonazo de la “Sagrada Familia” está siendo un  hecho. Veremos.

Y como casi todo en esta vida, el belén gigante del Ayuntamiento tiene sus detractores y sus defensores. Los detractores ponen una serie de “pegas”: el coste económico que supone su montaje en esta época de crisis, el considerar que hay detrás del belén un deseo de propaganda electoral encubierta, el que en nuestro país hay diversas religiones y creencias y todas deberían tener cabida en los actos y manifestaciones de esta índole, y así se podría continuar.

Los defensores esgrimen una serie de “virtudes”: se trata de un homenaje a las Hogueras -en este año en que no se han podido “celebrar” más que de una forma virtual y descafeinada, por la pandemia-, la belleza artística del conjunto al margen de otras consideraciones, el que supone una promoción de Alicante por lo espectacular y eso atraerá visitantes y reforzará nuestra imagen turística, el que representa un atractivo para la infancia por la novedad y la motivación de la composición, y así otro largo etcétera.

Sin ánimo de entrar en polémica voy a dar mi opinión sobre este hecho, sujeta como es natural a que no sea necesariamente compartida.

Como reza el dicho, “lo cortés no quita lo valiente”. Belenes, villancicos, cabalgatas, actos religiosos (esa misa del Gallo, por ejemplo) y otros puntos, no están reñidos con Papá Noel (o Santa Claus) o el Árbol de Navidad. Ambos aspectos son compatibles.

Lo cierto es que en España, la tradición de los belenes, a  mi modo de ver, trasciende lo puramente religioso, pues es un símbolo  de unión entre todos -“entre todos los hombres de buena voluntad”-, de potenciación de los valores humanos y familiares, de fomento de esa ilusión infantil entrañable, de esos buenos deseos de cambio a mejor, de hombres y mujeres (aunque después, pasada la Navidad, nos olvidemos un tanto de esas “semipromesas” fruto de la alegría de las Fiestas).

Fotografía: Rosa Vegara.

Y más necesario es lo dicho anteriormente, en estos tiempos de pandemia, de confinamientos perimetrales, de mascarillas y de tantos seres queridos que nos pueden haber faltado. Se necesita imbuir  a la población, de alegría y de esperanza, sana y constructiva. La iluminación de las calles es un costo, ciertamente, pero el tener iluminado y resplandeciente el conjunto de calles de la ciudad, especialmente el centro, revitaliza el comercio, los consumidores se acercan más a las compras y muchos establecimientos ven, al menos, algo paliadas sus maltrechas economías. No hay mal que por bien no venga.

El belén gigante del Ayuntamiento, así pues, en este contexto abierto y conciliador, buscando siempre el lado bueno de las cosas, a mí me parece una idea acertada. Rompe moldes y a nadie deja indiferente (sea o no partidario del mismo o de su concepto). Eso ya es algo positivo.

Lanzo mis deseos por todo aquello que sea  lo mejor para nuestra querida ciudad. Y con ese epicentro metafórico del Belén Gigante, quisiera que se viviesen unas Fiestas, a pesar de la pandemia, de alegría y unión entre todos. Más que nunca, son Fiestas de conciliación, de hermanamiento, por encima de ideologías y de prejuicios.

Que cada uno vea en estas fechas lo mejor, que piense en Santa Claus, en los Reyes, en las  celebraciones familiares, en el Árbol de Navidad, en aquello en lo que más crea. Porque aparte religiones y creencias, todo ese conglomerado de buenos sentimientos caben aquí.

Veamos el belén gigante con ojos puros, con ojos de niñez, y al ver esas figuras enormes, pensemos en Alicante, en “les Fogueres”, en nuestra Santa Faz, en nuestro himno tan bonito y que emociona…

¿Alicante se merece ese gran belén? Por todo lo arriba expuesto, yo creo que sí.

Sending
User Review
2.89 (9 votes)

José Moratinos Iglesias

Doctor en Ciencias de la Educación, diplomado en Psicología, profundo conocedor de la Psicopedagogía e Instructor de Tiempo Libre con sus estudios de Magisterio.

Comentar

Click here to post a comment

*

code

Patrocinadores