Balones a la olla

SÍ, pero no… El amor insatisfecho entre Quique y Enrique

Enrique Hernández (Fuente: Hércules de Alicante C.F.).

Viene al caso el titular, por la relación nuevamente rota, entre Enrique Ortiz y Enrique Hernández. El propietario del Hércules C.F. y el hasta hace pocas fechas presidente de la entidad, al que familiarmente se le llama Quique. Como a esas Dolores, a las se les llama Lola.

Hace unos días nos sorprendimos, aunque también todos los estamentos lo esperaban, afición incluida, con la marcha de Quique Hernández del club y su nueva dimisión. Apenas cuatro meses ha durado en el cargo en esta ocasión y, como ya hiciera la primera, se ha marchado por incomprendido, por promesas y compromisos que le dicen y luego no obtiene y sobre todo porque en esa relación en la que parece llevarse a las mil maravillas con Ortiz, hay un tercero. Naturalmente el socio de Ortiz, Juan Carlos Ramírez.

Si habláramos de una infidelidad matrimonial a modo de triángulo amoroso, es evidente que Enrique es el marido, Juan Carlos es la mujer que está en casa y que, después de tiempo, ya sólo siente por ella afecto; después aparece Quique, él es la amante. Por Quique es por quien Enrique perdería la cabeza, se deja llevar, le regala, le promete, le compra, pero al final no se atreve y, aunque solamente sea por formalismos, vuelve a casa con la mujer, mientras Quique sigue siendo «La Otra»; da igual que le otorgue el cargo de presidente, le haga consejero, embajador o le compre una corbata.

No creo que Quique debiera haber vuelto en esta segunda etapa, por mucho que le prometieran independencia, manos libres y permiso para hacer y deshacer, al menos eso dijeron; pero ya que lo hizo y regresó, sería deseable que esta fuera la última. Que abandone a Enrique y se busque una relación formal con alguien que le quiera. Seguramente habrá muchos y al final será feliz, él lo merece por ser buen chico. Su categoría personal y moral, su caballerosidad y su señorío no podrían ya soportar otro ir y venir, otro entrar y salir, otro voy y vengo. Su seriedad debe estar por encima de todo, sobra de reconciliaciones y abandonos. Cualquier nuevo capítulo, reedición o vuelta a empezar convertiría ya el caso en un sainete camino de una ópera bufa.

En esta ocasión la espoleta que ha hecho saltar por los aires la relación viene por el hazmerreír público, llevado a cabo con la contratación de hasta dos directores deportivos, que finalmente se permitieron el lujo de decir: NO.  Ya es raro, y con uno de ellos sin trabajo, que ofrecieran una negativa cuando el sueldo parece que no era el problema. Sea como fuere, tanto Carmelo del Pozo como Miguel Melgar pasaron de la oferta en la que parece no había mucho margen de independencia o manos libres para los ejecutores y encargados de llevar a cabo el proyecto.

Después del enésimo ridículo se marcha el presidente, sabedor de la influencia de Ramírez en Ortiz y que el empresario vasco a él no lo traga. La cosa ya podría rayar hasta en temas personales y de pura empatía, podría no soportar ser accionista, poner dinero, no ser querido por la afición y encima que todas las bondades y bendiciones de la prensa y el público sean para el valenciano de Anna. Bien distinto hubiera sido una relación solamente entre Enrique y Quique, pero es lo que tienen los triángulos amorosos, en ocasiones pueden acabar en perversión e incluso alcanzar el sadismo.

Hay una antigua canción que cantaba Lolita Flores, titulada SÍ, PERO NO.

También ha sido versionada por otros artistas. El estribillo venía a decir más o menos lo siguiente:

«Sí, pero no. Tú dices que me quieres, pero no, que no, que no.

Sí, pero no. Tú dices que me quieres, pero no, que no, que no.

Porque tu amor me hiere.»

Los dos Enriques se han vuelto a herir y se han hecho daño. La cosa es que la nueva liga podría comenzar para mitad o finales de septiembre y, a día de la fecha, el Hércules no tiene presidente, no tiene director deportivo, tampoco tiene entrenador, media plantilla está fuera por conclusión de contrato o finalización de cesión por otro club. Cabe preguntar la salida porque Ortiz también utilizó a Hernández para hacer aquel anuncio, de que ponía el club a la venta y se marchaba. Todo se ha diluido, todo ha quedado en nada. Pero con lo que vivimos esta abortada e interrumpida temporada en el Rico Pérez, no sé con qué ánimos puede el matrimonio Ortiz-Ramírez volver al palco y enfrentarse a peñas y afición y que a las primeras de cambio puedan venir mal dadas. Entiendo que ahora ya no habrá ni periodo de gracia, ni cortesía de primeros cuatro partidos. Las gradas se pueden convertir en un polvorín.

Nosotros, mientras pasa algo de aquí a septiembre, podemos ir tarareando y aprendiendo aquello que cantaba Lolita:

«SÍ, PERO NO, TÚ DICES QUE ME QUIERES, PERO NO, QUE NO, QUE NO, PORQUE TU AMOR ME HIERE».

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Ferrándiz

Se puede ser de equipos muy grandes, muy famosos, ganadores de muchos títulos, pero nosotros somos del Hércules. Modestia y orgullo pueden ir de la mano. En nuestro corazón habita ese pálpito blanquiazul. Sentimos al Hércules, como sentimos la Explanada, el Postiguet o la Cara del Moro. Macho Hércules.

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