Impulso irresistible

Rezar con la conciencia de ser amado sin merecerlo

(Imagen: Gerd Altmann).

En las procesiones que van ocupando las calles, sin poder ni querer evitarlo, tenemos dificultades por el sonido del ambiente que impide que hablemos a las imágenes que veneramos en esos momentos de modo directo y personal, pues también nos gustaría oír las marchas procesionales de profundo sentido, los rezos colectivos cuando los hay y los emocionantes vivas, aclamaciones y aplausos a los tronos y a sus portadores. Es toda una sinfonía que se escucha por las calles del recorrido, con el silencio y el recogimiento del que se es capaz por parte de los participantes y de los que se acercan a ver aquello que se viene haciendo por las primaveras de los pueblos católicos. Pues bien, ya estamos a sus puertas, y el Papa Francisco nos ha dado sus pinceladas para que vayamos siempre actualizando nuestros sentidos y sentimientos. Y nos dice con calor: “Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado y déjate salvar una y otra vez”. “Porque el cristiano reza con la conciencia de ser amado sin merecerlo”. La oración puede asumir formas distintas, pero lo que verdaderamente cuenta a los ojos de Dios es que penetre dentro de nosotros hasta llegar a tocar la dureza de nuestro corazón para convertirlo cada vez más al Señor y a su voluntad, que guió al pueblo de Israel.

Es profundo el mensaje del Papa Francisco al recordarnos que, en Jesús crucificado, a quien Dios hizo pecado en favor nuestro, ha llegado esta voluntad hasta el punto de hacer recaer sobre su Hijo todos nuestros pecados, hasta “poner a Dios contra Dios” (como ya dijo el Papa Benedicto XVI). Porque Dios ama también a sus enemigos. Poner el Misterio pascual en el centro de la vida significa sentir compasión por las llagas de Cristo crucificado presentes en las numerosas víctimas inocentes de las guerras, de los abusos contra la vida tanto del no nacido como del anciano, de las múltiples formas de violencia, de los desastres medioambientales, de la distribución injusta de los bienes de la tierra, de la trata de personas en todas sus formas y de la sed desenfrenada de ganancias, que es una forma de idolatría. Hoy sigue siendo importante recordar a los hombres y mujeres que deben compartir sus bienes con los más necesitados, como forma de participación personal en la construcción de un mundo más justo. (…) Fijemos la mirada del corazón en el Misterio Pascual. Dejémonos reconciliar con Dios de una manera más sincera. Y pongamos este titular al revés: No nos merecemos quedarnos tan tranquilos si no rezamos con toda piedad y devoción.

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Demetrio Mallebrera

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