Reportajes

Recuerdo de don Agatángelo

Agatángelo Soler Llorca (Fuente: Alicantepedia) / Explanada de España, Alicante. Fotografía: YaGeek (Fuente: Wikimedia).

Uno de los alcaldes que los alicantinos deben recordar con más cariño es, sin duda, don Agatángelo Soler Llorca. Hizo mucho y muy importante por nuestra ciudad y su amor por la “terreta” fue total.

De entre los que peinamos canas, hay un cierto número de alicantinos que lo conocieron en vida y que incluso coincidieron con él. No era extraño encontrarlo paseando por el centro de la ciudad (en su escaso tiempo libre), en la  farmacia de la calle Mayor (era farmacéutico) o en su entrañable zona de veraneo.

Era de familia profundamente católica y de convicciones conservadoras. Tuvo una buena formación, y fue alumno muy destacado del Colegio Maristas, de Alicante, ubicado entonces en lo que es hoy la Avenida de la Estación (entonces, calle Mola) frente al Palacio de la Diputación Provincial. Muy implicado en los movimientos estudiantiles de la época, fue líder en ellos. En el año 1933, se le nombró Vocal de la Federación de Estudiantes Católicos de Alicante.

Espíritu abierto y colaborador

Falangista convencido, y muy “joseantoniano”, era realmente crítico entre tanto político falangista acomodaticio que, dentro del Movimiento Nacional, no seguían muy fielmente el pensamiento joseantoniano. Eso le valió disgustos y enfrentamientos, pues sus ideas eran muy “genuinas”. Siempre hago la comparación de don Agatángelo con don Adolfo Suárez, otro gran personaje. Ambos procedían del Movimiento, pero su talante innovador les granjeó la admiración de sus coetáneos. Don Adolfo Suárez era Secretario General del Movimiento, pero fue artífice de la transición democrática junto al Rey don Juan Carlos I. Don Agatángelo, falangista de pura cepa, combatiente en Rusia con la División Azul, Procurador en Cortes, Miembro del Consejo Nacional del Movimiento…, fue el modernizador de nuestro Alicante dando un impulso esencial a la ciudad y transformándola para la nueva era turística que ya iba iniciándose en España.

Agatángelo Soler Llorca (Fuente: Memoria digital de Elche).

Ayudó a muchos republicanos, para redimirlos de las sanciones que el régimen franquista les impuso tras la guerra civil, en una tarea loable, prueba de su generosidad y apertura. Entre los que gracias a su ayuda fue redimido de las sanciones franquistas figura el arquitecto José Guardiola Ortiz, autor de Conduchos de Navidad, libro prologado por don Agatángelo.  Don José y don Agatángelo llegaron a ser amigos inseparables. Mantuvo en el cargo de Cronista de la Ciudad al republicano Francisco Figueras Pacheco, reconociendo las grandes cualidades de este ilustre alicantino.

Igualmente, muestra su generosidad y espíritu abierto el que fuera personalmente a recibir en el aeropuerto al exalcalde republicano Lorenzo Carbonell y preparara en el Club de Regatas un agasajo-homenaje en su honor. Tanto Lorenzo Carbonell como don Agatángelo, tienen su nombre inscrito en el callejero alicantino.

En época dura, no eran pocos los republicanos que acudían a la farmacia de don Agatángelo a pedirle ayuda y a veces medios que les permitieran una mejor subsistencia.

Acaso seguía el pensamiento del Fundador, aplicado a su ciudad: “La revolución es necesaria. Nuestra revolución es la del espíritu contra la materia. De la armonía contra el número. De la calidad contra la cantidad. De los cuerpos sociales contra las colectividades puramente numéricas. De la nación viva contra la patria sin alma”.

El alcalde Agatángelo Soler lee el fallo del premio Carlos Arniches, ca. 1955. Fotografía. Eugenio Bañón (Fuente: Archivo Municipal de Alicante).

Mi recuerdo de don Agatángelo

Yo era adolescente y estudiaba en el “Jorge Juan”, cuando pude ver en persona a don Agatángelo. Recuerdo, por ejemplo, en una ocasión, en un espectáculo taurino, que entraba con su “séquito” en un palco de al lado del que yo, con mi familia, disfrutaba como invitado. De baja estatura, de insigne calva, con sus gafas de intelectual, pasos cortos y rápidos y mirada enérgica, toda su figura reflejaba voluntad. Asimismo, se le podía ver en la Farmacia de la calle Mayor, donde servía diligentemente los productos que la clientela demandaba. En ocasiones, con mi familia, iba a comprar a ese establecimiento. Recordemos que don Agatángelo era licenciado en Farmacia y diplomado en Toxicología.

Mi padre, José Moratinos Pérez, que a la sazón tenía en Alicante un importante cargo en Defensa e Interior, siempre me hablaba elogiosamente del alcalde y era un ferviente admirador de su obra y su figura. Creo que en más de una ocasión coincidieron y trataron temas de sus respectivas jurisdicciones.

Don Agatángelo y la ciudad

Gran amigo del arquitecto Francisco Muñoz, concejal y teniente de alcalde, y quien diseñó el “Riscal”, hizo con él un viaje a Portugal para asistir a un congreso. Allí le llamó la atención, en la plaza del Rossio de Lisboa, un pavimento espectacular en forma de olas, que copiaría (o más bien adaptaría) para Alicante, en la Explanada. Fueron millones de teselas de tres colores, que aún hoy en día son símbolo e imagen de nuestra ciudad. A él se deben, además, los ascensores del Castillo de Santa Bárbara y la rehabilitación del Castillo, la fuente de la Plaza del Mar, el Templete de la Explanada, el Aeropuerto entonces llamado de El Altet (fue uno de los impulsores), la denominación “Costa Blanca” (junto con la compañía de aviación BEA), la Traída de Aguas del Taibilla, la modernización de la fachada marítima de la ciudad suprimiendo los balnearios del Postiguet y dándole la imagen que hoy tiene esta zona, la creación del barrio de Virgen del Remedio, la creación del Matadero Municipal, los nuevos Polígonos de San Blas y de Babel, la cesión de terrenos de sus abuelos de San Vicente para la futura Universidad de Alicante, las importantes donaciones para la construcción de la Parroquia de San Blas y las obras de reforma de la Concatedral de San Nicolás y, en fin, tantas y tantas aportaciones  y  realizaciones…

Plaza del Rossio de Lisboa. Fotografía: Roede (Fuente: Wikimedia).

Fue nombrado Presidente de la Caja de Ahorros Provincial de Alicante. Asimismo, llegó a ostentar la Presidencia del Colegio de Farmacéuticos de Alicante.

A él se debe la creación de los prestigiosos Premios literarios “Arniches” (de teatro) y “Gabriel Miró (de novela), así como el Premio “Óscar Esplá” (de música), muestra evidente de su interés por la potenciación de la cultura en nuestra ciudad.

Tenía buena pluma, colaborando en los diarios ABC, La Verdad e Información (entonces, prensa del Movimiento). Dos libros fundamentales suyos, para conocer Alicante, son Un entierro a la Federica e Historias de la Plaçeta de Sant Cristófol. Prologó el libro Conduchos de Navidad.

Sería del mayor interés, y un merecido homenaje a don Agatángelo, que los jóvenes investigadores hicieran una recopilación de los artículos de don Agatángelo en la prensa, y se publicara una obra, “Artículos Completos”, con los mismos. Lanzamos esta idea por si nuestras instituciones (Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, Ayuntamiento…) recogen el guante.

Explanada de España, Alicante. Fotografía: YaGeek (Fuente: Wikimedia).

Tuvo duros enfrentamientos con los tecnócratas de la llamada “dictablanda”, pues su concepción chocaba con ese pensamiento tan técnico y “frío”. Su discusión con López Rodó, ministro franquista, pasará a la historia. Dejaría de ser Procurador en las Cortes por su divergencia con el régimen.

Una vez terminado su mandato (fue alcalde de 1954 a 1963, sustituyéndole don Fernando Flores Arroyo), se retiraría a un querido lugar de veraneo, su chalet en la Albufereta, y cada vez se le veía menos por la ciudad, habiendo hecho ya su misión portentosa. A disfrutar de la familia, de su embarcación (su “Edna”, con sus relajantes paseos por la Bahía) y de su merecidísimo descanso. No aceptó otras ofertas para volver a la política. El nombre de la embarcación de recreo, lo puso en honor de su esposa, la cubana Edna María Díaz, con la que tuvo cuatro hijos.

Huella de don Agatángelo

Si hay dos nombres míticos en la modernización turística de la provincia, citemos a don Agatángelo, por supuesto, en Alicante, y a don Pedro Zaragoza, que convertiría Benidorm en lo que hoy es, un centro turístico de fama internacional. Eran dos buenos amigos y dos grandes emprendedores.

Hoy en día, nuestro Alicante parece que ha olvidado algo a este ilustre alcalde y farmacéutico, querido por todos, tirios y troyanos, independientemente de su ideología. Buena prueba de ello es que se le nombraría Hijo predilecto de Alicante. Este nombramiento tuvo la anuencia de los socialistas.

No obstante, su figura ha sido estudiada, de manera parcial o bien de un modo más completo, por importantes personajes, entre ellos, Miguel Castelló, María Dolores Marcos, R. Moreno, F. Sevillano, F. Moreno Sáez, S. Olives, S. Taylor, D. Veiga, P. Zaragoza y F. Vizcaíno Casas, por no citar sino algunos de los principales.

Fue un falangista atípico (para lo que se estilaba) y contestatario y devoto de José Antonio, con esa poética de la política, ese espíritu de grandeza (acaso algo utópico), que siempre le acompañaría.

Don Agatángelo Soler Llorca, gran alcalde y mejor persona, modernizador de Alicante, impulsor de su turismo, escritor muy culto, farmacéutico vocacional… En fin, ¡qué más podemos decir de él! Mucho más, pero baste lo aquí expuesto como un resumen de sus valores, su grandeza y su valía.

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José Moratinos Iglesias

Doctor en Ciencias de la Educación, diplomado en Psicología, profundo conocedor de la Psicopedagogía e Instructor de Tiempo Libre con sus estudios de Magisterio.

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