Trescientas... y pico

¿Rajoy? De entrada, sí

Mariano Rajoy durante la pasada campaña de las elecciones gallegas
Mariano Rajoy durante la pasada campaña de las elecciones gallegas

La mitología nos muestra cómo Saturno devoraba a sus hijos. Más o menos igual parece suceder ahora en el socialismo patrio. Pedro Sánchez y sus huestes han resultado ser sus víctimas más sangrantes pero no está claro que vayan a ser las últimas. En la pira sacrificial que en silencio culpable ya preparan los viejos saturnos socialistas aguarda -“Lo mejor que puedo hacer es estar callado”, dijo el miércoles pasado- un tal Mariano Rajoy, el hombre que siempre hace lo que mejor sabe: esperar a ver desfilar delante suyo los cadáveres de todos sus enemigos.

La vieja guardia socialista, los centinelas de todas las esencias, no han resistido la tentación. Lo que ellos lograron no parece estarle permitido a sus vástagos. Los isidoros, guerras y demás cachorros surgidos del Suresnes pretransición del 74, se rebelaron y vencieron a los viejos socialistas carcomidos por el tiempo, el exilio y la dictadura. Si de ellos fue el mérito de abrir las ventanas al nuevo socialismo europeo que ha gobernado y colaborado a cambiar este país en democracia, también podría suceder que de ellos fuera la decisión de cerrarlas.

Sucede que ahora, con el reloj gubernamental casi fuera de hora, asistimos a esta postrera rebeldía inversa contra el tiempo y el destino. Ahí están los, si se me permite, susanos, rubalcabos, fernández, valencianos… urdiendo cual saturnos enloquecidos su enésima sesión de antropofagia familiar. Creen estar convencidos de que sacrificando al Pedro Sánchez del NoesNo, el hijo de todos ellos, cierran el círculo mitológico y vuelven ellos a ocupar el pedestal que -deben pensar- la historia les sigue debiendo. Pero la historia, ya se sabe, cuando se repite es casi siempre para empeorarla.

Verles a todos bajo la alargada sombra de Felipe González debe ser desalentadorVer en la cúspide del nuevo organigrama del poder socialista a un grupo de venerables y veteranos de guerra con el pecho lleno de medallas, es, o parece, solo la prueba de que en el PSOE el tiempo puede viajar hacia delante, pero también hacia atrás. Ver -decía- al frente de una tropa desnortada y descabezada al propio presidente de la gestora (Javier Fernández, 68 años), al nuevo portavoz en el Senado (Vicente Álvarez Areces, 73), o, por poner otro ejemplo, al incombustible Ramón Jáuregui (68) como nuevo líder en el Europarlamento, gente toda ella que si algo tiene en común es que no saben qué es vivir lejos de la sombra, el dinero y la influencia del partido, parece en sí mismo un cuadro demoledor. Y de tonos oscuros, muy oscuros, que presagian tragedia.

Pedro Sánchez, exsecretario general del PSOEItem más. Verles ahí a todos ellos bajo la alargada sombra de un desfigurado Felipe González, otra vez repartiendo doctrina y leyendo catecismo en todos los oráculos mediáticos, debe ser, imagina también uno, desalentador. Muy desalentador. En especial para quienes desde dentro creyeron que el rumbo construido a fuerza de votos era, cierto, magro en resultados pero el único posible.

Y, sobre todo, debe ser muy desasosegante para la propia militancia, para quienes un día creyeron que el relevo generacional, lo natural, que sea el hijo quien mate al padre, era no solo saludable, sino el único camino de salvación de unas élites partidarias que habían demostrado igual capacidad de servicio a la causa como incapacidad de denuncia interna.

La historia nos enseña que cuando devoramos a nuestros hijos cegamos las vías al porvenirAsí que, ahora, cuarenta años después, emerge con fuerza del baúl de los horrores la imagen de aquel otro golpe de timón, aquel Otan, de entrada, no…, pero sí de salida, una foto que parece dejar escapar del armario todos los demonios familiares.

Se diría que estamos, otra vez, ante un cambio brusco en el puesto de mando y en el rumbo del barco. Sólo que ahora con la nada desdeñable diferencia de que hace esos mismos 40 años la rebelión fue empuñada por quienes encarnaban el futuro, por un joven capitán, Felipe González nada menos, justo lo contrario de lo que sucede estos días.

Felipe GonzálezEl de ahora, el volantazo que hace temblar las estructuras del socialismo, lo azuzan los mismos de entonces, viejos y (permítaseme la licencia) carcomidos socialistas y cuya enseña mas visible conocida hasta aquí -¿Rajoy? De entrada, sí- parece causar sarpullidos y vómitos entre gran parte de la tropa de a bordo. Ver sino las más de 70.000 firmas que dicen recogidas contra la planeada abstención, contra la previsible alfombra roja al autor del más demoledor de los SMS escritos en democracia, aquel ignominioso “Luis, aguanta, sé fuerte” que todo lo embarra.

Y navegar así, y mantener la embarcación a flote, bien lo saben ellos, y bien lo sabe el timonel en jefe impuesto por los sublevados Javier Fernández, cuando reconoce que tiene la sensaciónde ser entendido más fuera que dentro del partido, no va a ser tarea fácil. Sobre todo porque más allá de toda mitología lo que la historia real nos enseña también es que cuando devoramos a nuestros propios hijos lo que en realidad estamos haciendo es cegar las vías al porvenir. ¿De eso se trata? ¿De tapar con cemento las ventanas? ¿De confundir el futuro con el pasado?

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Pepe López

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