Trescientas... y pico

Podemos contra todos (¿y contra sí mismo?)

Portada del lunes 13 de febrero del diario nacional EL Mundo.
Portada del lunes 13 de febrero del diario nacional EL Mundo.

Podemos tiene capitán, pero no sabemos, no lo sabremos hasta pasado un tiempo, si también mantiene tripulación a bordo. Y fuerza capaz de llevar el barco a las puertas del cielo en palabras de Pablo Iglesias, su viejo/nuevo líder. Ese camino, tras Vistalegre II, es incierto, pero lo que sí parece claro es que de suceder tendrá que ser contra todo y contra todos. O casi. Incluso, puede, que también contra sí mismo.

En primer lugar contra los grandes grupos editoriales del país. De eso casi no había dudas. Desde el domingo último, menos. La prensa, la que engorda el OJD, ese artilugio del siglo pasado que mide audiencias y lectores con métodos antediluvianos, pero que tienen grandes lagunas a la hora de analizar y prever las corrientes de fondo del pensamiento de las sociedades modernas, dictaron sentencia contra el nuevo Podemos casi antes de que el coso donde esta formación política celebró su segunda asamblea ciudadana cerrara sus puertas. Esto –Todos contra Podemos- era algo previsible, pero a veces la operativa es tan descarada que casi se diría que acaba resultando obscena.

 Portada del lunes 13 de febrero del diario nacional EL Mundo. Portada del diario nacional El País del lunes 13 de febrero.

Portada del diario El Correo, del lunes 13 de febrero.

Sin un minuto de respiro y en un ejercicio periodístico vergonzante de sospechosa unanimidad, el Kiosco en mayúscula, ese lugar donde venden los grandes medios la información enlatada, dejaba, otra vez, todas sus vergüenzas (¿o debemos decir intereses?) al descubierto. Y es que las portadas de los principales diarios nacionales apuntaban claramente a la misma diana y en la misma dirección. Sin matices. Sin escapatoria posible. Sin lectura complementaria.

“Podemos toma la vía radical y da todo el poder a Iglesias”, titulaba El País en su primera página del lunes pasado.  “Iglesias arrasa a Errejón e impone la línea dura”, fue la apuesta a cuatro columnas de El Mundo el mismo día. Muy parecido al titular central de La Razón en portada: “Iglesias: todo el poder para purgar”. Otros, en la misma línea de flotación, fueron los titulares de El Periódico (“Iglesias, sin frenos”) o el editorial de La Vanguardia: “Podemos apuesta por la agitación”.

Portada de La Vanguardia del lunes 13 de febrero.

Casi todos los titulares parecían estar construidos desde el mismo consejo redactor. Ni un atisbo de eso que se esperaría de una prensa plural, libre e independiente como se reclama a sí misma. Nada de matices. Brocha gorda y tentetieso. Titulares y editoriales que dan que pensar si, ya puestos, el resultado de las votaciones y el debate era casi lo de menos. Y que el veredicto sumarísimo de culpabilidad estaba escrito con antelación y sin esperar al cierre mismo del cónclave.

Tanta unanimidad en el análisis, extensiva a la inmensa mayoría de tertulianos que peregrinan por todas las teles y radios del universo patrio, y en buena lógica a la previsible y renovada cruzada de las fuerzas económicas que gobiernan el país sin presentarse a las elecciones, hacen prever al menos dos consecuencias. Una, que la batalla contra un Podemos no domesticado va a ser harto cruenta y que la primera víctima puede ser la verdad. Más sal sobre una herida ya abierta y que fue creciendo conforme las previsiones demoscópicas de los podemitas iban acrecentándose. Y dos, pensar si tales análisis no estarán (otra vez) hechos más desde el deseo y el apriorismo que desde el frío dato de la realidad de lo sucedido allí, guste más o guste menos.

La espuma mediática y los intereses creados no nos permiten ver el mar de fondoQue nadie se extrañe, pues, si como sucediera otras veces contra Podemos y contra otros, ahora el PP lleva de nuevo la pelea política al fango y a las cloacas del Estado a las que tan aficionados son algunos de sus dirigentes cuando declaran la guerra sin cuartel a sus adversarios políticos. Y que nadie se extrañe que a esta pelea se acaben sumando también de alguna manera y a regañadientes Ciudadanos y el PSOE, en este último caso con mayor virulencia si el que emerge triunfante en mayo-junio tras su tortuoso camino de regreso hacia la Ítaca perdida, es el socialismo reinante Despeñaperros abajo. Por si había dudas y esperanzas de un futuro pacto de izquierdas que acabase con el reinado de Rajoy, el mismo lunes de autos el portavoz de la Gestora y lugarteniente de Susana Díaz, Mario Jiménez, trazó sus líneas rojas: (La victoria de Iglesias) “supone volar todos los puentes con el socialismo”.

Y es que, vistos los resultados, los análisis, los vaticinios, quizás cabría hacerse algunas de estas preguntas: ¿Qué habría pasado si Iñigo Errejon, el preferido del Kiosco, hubiese sido el ganador de la pelea? ¿Qué, si la diferencia de fuerzas (60 a 34 en porcentaje de voto real) entre los dos principales contendientes, hubiese estado mucho más desequilibrada? ¿Cuáles habrían sido las portadas, los editoriales, los argumentos de estos mismos periódicos? Casi da frío intelectual pensarlo.

Congreso de Vistalegre II de Podemos celebrado el 11 y 12 de febrero. Foto: PODEMOS En esta deriva de la pre-verdad instalada en la que andamos metidos hace mucho tiempo a bordo de la acrecentada Brunete mediática anti-Podemos, ahí está como paradigma la crónica del telediario de TVE del mismo domingo. En ella se comparaba, por contraste y sin citar Vistalegre (no hacía falta), “el buen clima y ambiente” que reinaba a esas mismas horas en el congreso del PP, nada que ver tampoco –como se dijo allí- con el mal y desapacible tiempo, este sí meteorológico (¿?), que había ese día en Madrid. Que dicha crónica haya motivado una queja formal de ¡¡2.225!! trabajadores del Ente televisivo ante el Congreso de los Diputados por grosera manipulación, solo es, o parece, la excrecencia de esta misma tesis que pre-juzga, y que, a la hora de informar, se limita a buscar la metáfora que explique ese pensamiento previo de palo y tentetieso.

Contra sí mismos. También es muy posible que esta pelea tenga que llevarla a cabo Podemos contra sí mismo. Y no es que no hubiera razones para que todas esas crónicas antes citadas describieran el efecto montaña y rusa y precipicio en el que parece andar constantemente la organización surgida al rescoldo de las protestas en las plazas en 2011. Sí, la había. Y bastante. Ellos solos han dado razones suficientes para eso y más. Y no está claro que, pese a las palabras allí expresadas por sus líderes recogiendo el eco de la militancia, ya saben ¡Unidad, humildad, unidad!, vayan a ser capaces de no ser ellos sus principales enemigos. Eso no está nada claro. Pero el debate no es, no debería, ser solo ese, el único que muchos quieren hacer ver. El debate aquí expuesto y la pregunta que se trata de responder es si cuando se habla de Podemos importa más el argumentario previo que diseccionar lo que en verdad ocurre en cada momento. Esa es la cuestión.

Porque, ya puestos, podría suceder que en esa batalla de “Podemos contra todos” o “Todos contra Podemos” podría darse un factor que lo distorsionara casi todo, incluidas las palabras dichas hasta aquí. Es esa corriente de fondo que recorre el mundo occidental y los regímenes democráticos y que tan desorientados tiene a los partidos políticos tradicionales, a los grandes medios de comunicación, a las empresas demoscópicas del stablisment y a las viejas y oxidadas estructuras de la democracia representativa surgida tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Es justo eso lo que ya ha ocurrido otras veces y que podría ocurrir en España, aunque aquí, por el contrario y fortuna, el fenómeno esté claramente escorado hacia la izquierda.

Hablamos del imprevisto triunfo del Brexit en Reino Unido; del fallido referéndum constitucional de Italia que obligó a la dimisión de su primer ministro Matteo Renzi; de la no prevista, por improbable, victoria de Donald Trump en EEUU contra la opinión del 99% de los grandes tabloides del país y de la casi total unanimidad de las encuestas. O, ya a futuro, de la amenaza que supone la ultraderecha en Francia y Holanda en los comicios que hay a la vuelta de la esquina de la mano de las clases medias a las que previamente se les ha cegado su futuro…Esos factores, como mínimo, entiendo, deberían ser tenidos en cuenta a la hora de analizar y explicar lo ocurrido en Vistalegre II.

Y no porque Podemos y esas otras “realidades políticas alternativas” citadas sean en sí mismas fenómenos sociológicos parecidos, ni porque se puedan hacer traslaciones automáticas, sino porque, seguramente, los sistemas de análisis y predicción política y sus voceros, los mismos que aquí no anticiparon la crisis, que no entendieron el 15M hasta pasado mucho tiempo después, los que seguían llamando de forma harto insistente y despreciativa perroflautas a gente que simplemente estaba harta del pasteleo del bipartidismo, están posiblemente también hoy en permanente cuarentena y revisión en tiempos tan líquidos como los que vivimos en palabras del tristemente fallecido Zigmunt Bauman.

Y es que, a veces, como puede estar sucediendo aquí, la espuma mediática y los intereses creados de algunos no nos permiten ver y observar de cerca con herramienta y precisión de cirujano el mar de fondo de lo que realmente puede que esté sucediendo debajo de esas portadas tan miméticas. Más o menos como sucediera en Vistalegre II.

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Pepe López

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