Opinión

Pisar Alicante

Primero, una batallita. En 1988, con el cambio de identidad corporativa que devino en Caja de Ahorros del Mediterráneo y que tuve la oportunidad de vivir en primera persona, el diseñador Josep María Civit, de Taula de Disenny de Barcelona, proponía que las nueva sucursales -y aquellas que hubiera que reformar- concitaran un conjunto armonioso de sus fachadas (rótulos luminosos, cristaleras…) y su interior, en el que mobiliario (desde sillas, a sofás, alfombras, papeleras, plantas, persianas…), constituyera un despliegue estético del símbolo adoptado y sus colores. Incluso el suelo se diseñó ex professo de color negro, con unas briznas de colores y una línea metálica dorada que separaba las piezas a lo largo de las instalaciones. Muchos años después, por lo que se, el único avance que se ha propuesto en este campo de “identificación de interiores” es añadir un “aroma corporativo” que se instale en los ambientadores y que refuerce la imagen de las empresas.

A ras del suelo, también las ciudades pueden tener su significación y potenciar su imagen, tanto de cara a sus vecinos como a sus visitantes. Alicante hizo una apuesta con el diseño de la Explanada, siendo alcalde Agatángelo Soler, con un mosaico similar al del paseo de Copacabana de Río de Janeiro, inaugurado allá por 1958. Y esa imagen, la de Alicante, nos transporta, nos multiplica, nos identifica.

Pero hay otros suelos en la ciudad que también son parte de nuestra identidad: calzadas y aceras. Calzadas en los que la pintura de los pasos de cebra o de los espacios donde no debe aparcarse se han desteñido que alientan la confusión; aceras donde se multiplican los diseños de enlosado -vean, si no, la céntrica avenida de la Constitución, por poner un ejemplo-, donde se resuelve provisionalmente con un parche de cemento que se convierte en definitivo, donde las trampillas “bailan” al son de las pisadas de los viandantes, donde con cuatro gotas se generan charcos incómodos…

Bajo nuestros zapatos también puede diseñarse la ciudad, definiendo un enlosado coordinado de colores y texturas, que no resbale, que no sea poroso ante la suciedad, que nos sea propio. Parece incoherente que en una provincia exportadora de mármoles y granitos no se haya encontrado el “piso” que nos de seguridad y nos identifique.

Si acaso, lo único que nos define son los restos de las defecaciones perrunas, que aunque muchos ciudadanos intentan recuperarlas… algo siempre queda.

Otrosí: Hay una forma sencilla de informar al Ayuntamiento de incidencias en la vía pública a través de internet. Practiquémosla. Otra cosa es que nos hagan caso.

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Toni Gil

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