Opinión

Papá Noel se excede en el aguinaldo con los dirigentes del Consell

Durante todo el mes de diciembre y los primeros días de enero no han parado de llegar millares de cestas navideñas a los dirigentes de la Generalitat Valenciana y altos cargos,  sobre todo a los despachos de los conselleres. No sólo han sido productos alimenticios típicos de Navidad (turrones, pastas, uvas o mieles), vinos, licores o libros, sino objetos tan peregrinos como gafas de sol, bolígrafos de marca, pollos de corral, planteles de madroño, figuritas de pingüino o libros que nadie leerá en su vida. El palacio del Consell se convirtió por unos días en una cacharrería de productos más comparable a un bazar chino que a una distribuidora central de Amazon.

Curiosidades para el lector, apuntar que uno de los libros “best seller” que más han recibido en navidades los conselleres y cargos públicos ha sido el de “Historias de la revolución del uniforme ferroviario” (Habrá que ponerse al día en la moda por si avanza el plan presupuestario del corredor mediterráneo).

No todos los dirigentes del Consell han salido igual de beneficiados con el aguinaldo, pero claro está, el más mimado por el número de cestas acumuladas a la puerta de su palacio, como no podía pensarse de otro modo, ha sido el presidente de la Generalitat Ximo Puig, que se ha encontrado con regalos tan curiosos como  una lámina de “La virgen del bajo Aragón” (capricho aragonés), una réplica del reloj del andén de la estación de Toledo, el libro “Historia y revolución del uniforme ferroviario”, un bolígrafo Pierre Cardin y otro libro singular: “Memorias de San Pascual Bailón”, de Vicente Gimeno Estornell.

Las instituciones y las firmas comerciales siguen tirando en estas fechas navideñas la casa por la ventana para congraciarse con los dirigentes políticos. Una costumbre arraigada en el Franquismo y que se ha acomodado a sus anchas en los nuevos tiempos de la democracia. La norma establecida es que los responsables políticos compartan estos regalos con el personal de sus respectivos despachos o con organizaciones sociales, aunque en última instancia siempre queda al libre albedrío del responsable de turno por indefinición de la ley. No viene mal el refrán de “hecha la ley, hecha la trampa”.

La vicepresidenta Mónica Oltra, junto a los ya tradicionales dulces navideños que se envían (ni siquiera figura una botella de vino), se ha encontrado con dos pollos de corral y el juego de mesa “Asusta el miedo: por Todos los Santos, monstruos valencianos”. No se especifica en el Portal de Transparencia si los pollos estaban vivos, como era tradicional en su día por parte de los kiosqueros para su congratulación con las instituciones, o si venían pelados o cocinados.

La alicantina Mireia Mollà Herrera, consellera de Agricultura, Desarrollo Rural, Emergencia Climática y Transición Ecológica, pese al largo título del cargo, ha resultado menos agraciada con los Reyes Magos, con tan solo 20 regalos, en su mayor parte cajas con uva de mesa, conservas y turrones de Alicante.

Arcadi España García, conseller de Política Territorial, Obras Públicas y Movilidad, ha estado en una línea similar y se ha encontrado en las fiestas con el libro “Historia y evolución del uniforme ferroviario”, una placa conmemorativa del Cupón de la ONCE, Maratón Valencia Trinidad Alfonso, y una corbata.

Gabriela Bravo Sanestanislao, consellera de Justicia, Interior y Administración Pública, ha registrado 11 regalos, por valor más pobres incluso que los de Mireia Mollà, ya que se trata de agendas y libros de Derecho.

Chufas y libros

Rubén Martínez Dalmau, vicepresidente segundo del consejo, conseller de Vivienda y Arquitectura Bioclimática, ha sido agraciado con un bastón típico de la Feria de Xàtiva con grabado personalizado. En su visita al ayuntamiento de Alboraya recibió como obsequios un socarrat , una bolsa de chufas y los libros: «Recuperamos el pasado… construyendo una barraca valenciana”, “Mar, huerta y horchata”, “Alboraia un placer para tus sentidos”, “Rutas por la huerta de Alboraya “ y «Paseo de la Patacona Alboraya”.  En su despacho también se recibieron tres garrafas de aceite.

Vicent Soler i Marco, consell de Hacienda y Modelo Económico, casi olvidado por Papá Noel, con 8 simples cestas.

Vicent Marzà Ibáñez, conseller de Educación, Cultura y Deporte, tres regalos, entre los que destacan unas gafas de sol U’Rock. En cuanto a Ana Barceló Chico, consellera de Sanidad Universal y Salud Pública, ha notificado como regalos significativos una caja de alcachofas, denominación origen Benicarló, el libro “La Cocina más tradicional de Alboraya”, un cuadro-adorno cerámico, un pañuelo Bandana y la autobiografía “La vida de Madame Guyón”

Rafael Climent, conseller de Economía Sostenible, Sectores Productivos, Comercio y Trabajo se ha encontrado con un vástago de madroño y el libro “Litoral Islas”. La cesta de Carolina Pascual Villalobos, consellera de Innovación, Universidades, Ciencia y Sociedad digital, ha sido más profesional, con el libro de fotografías de puentes de Alcoy, Memoria de logros, premios y reconocimientos a Tecnidex y a Manuel García-Portillo, el libro de ilustraciones “Belén de Tirisiti” de Jordi Raül Verdú.

Rosa Pérez Garijo, consellera de Participación, Transparencia, Cooperación y Calidad Democrática, dio entrada básicamente a la cultura con libros como “La residencia de señoritas, 1936-1939” y los números 2 y 3 de la revista LIO-Lecturas del Instituto Obrero, Revista de Pensamiento y Acción Social. Y Emili Josep Sampío Morales, subsecretario de Ximo Puig, especifica como regalo un ejemplar del libro «Gracias por la propina», dedicado por el autor y una maleta de cabina.

La mayoría de altos cargos no ha registrado regalos en el Portal de Transparencia, como es el caso de Esther Ortega Borderia, directora del gabinete del presidente; Daniel Maestro Cañon, subsecretario de Mónica Oltra, especifica una figurita pingüino hecha manualmente; María José Mira Veintimilla, secretaria autonómica de Modelo Económico y Financiación, con Vicent Soler, anota un plantel de madroño

Oficios desaparecidos

La práctica del aguinaldo en España estuvo vigente hasta principios de la década de 1980, cuando muchos de los oficios que lo practicaban habían desaparecido. Los profesionales que durante el año habían ofrecido sus servicios a los hogares españoles entregaban una tarjeta en la que felicitaban las Pascuas y las fiestas de Navidad esperando una propina a cambio. Ataviados con sus mejores galas, carteros, lecheros, barrenderos, modistas, serenos, carboneros, el hombre del hielo y muchos más… se presentaban en los domicilios particulares y los vecinos les daban la voluntad, el popular aguinaldo.

La normativa del Buen Gobierno de la Generalitat establece que: “Las personas sujetas al presente Código tienen prohibido aceptar cualquier regalo, favor o servicio en condiciones ventajosas que vaya más allá de los usos habituales, sociales y de cortesía, por razón de su cuantía o causa, o que pueda condicionar la neutralidad u objetividad de su cometido. La entrega de los regalos u obsequios que se reciben por razón del cargo enmarcados en los usos habituales, sociales y de cortesía será pública”.

Los ayuntamientos españoles son más estrictos que las administraciones autonómicas sobre los regalos. Por ejemplo, en el Ayuntamiento de Elche no permiten los regalos de cortesía de más de 50 euros, incluso si son pequeños regalos que durante el periodo de un año superen ese montante. Todo aquel que reciba un obsequio deberá comunicarlo al registro municipal, que está también disponible en su portal de transparencia. Otras ciudades como Valencia y Alcoy tienen bases de datos públicas parecidas.

El consistorio de Segovia es todavía más austero: pone el límite de lo aceptable en 30 euros y establece que los regalos perecederos con un valor superior a esa cantidad se donarán a organizaciones benéficas. En Paiporta (Valencia) el tope baja hasta los 15 euros. Está claro que hay que avanzar más sobre los regalos navideños en pro de la honestidad de los cargos públicos porque ya se sabe que “A nadie le amarga un dulce aunque tenga otro en la boca”.

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Alfredo Fernández

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