¿QUÉ?

                          ¿QUÉ, SEÑOR ? 

 

 

        Cuando miro hacia adentro, veo poco. Extiendo la consulta al entorno, pongo los ojos del alma en lo de fuera y tampoco veo gran cosa. Apenas, horizonte, sitio, geografía. Y una poca gente en movimiento. Debe ser muy poco lo que hay. Y en medio de este poco, yo, desinteresado, sin gran motivación, desconcernido,  casi, por todo. Ni mi yo ni mi circunstancia…. Tendré que mirar hacia arriba, ocuparme de Lo Alto, y buscar allí lasmotivaciones que me desasisten. Soy y estoy y hago ambas cosas,  para algo. Debo tener algún sentido. Y estar y ser, aquí y ahora, por alguna razón. No puedo ser una chapuza de Dios.

       ¡Si el Espíritu Santo del Señor me procurara aunque fuese un mínimo barrunto…! Tanta cosa, Dios y tanto ruido y un puro disiparse de todo. El amor. Ya lo se. El amor…Pero hasta eso me arrebatan…

 

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PRIMERA FASE CONCEPTUAL

                             PRIMERA FASE CONCEPTUAL                    

 

         La realidad virtual nos da una virtualidad irreal…La realidad real no es inteligente. La realidad virtual es solo inteligencia, abstracción, técnica y ciencia, sensitivamente accesible y real. La realidad virtual tiene la virtud de no ser real. Es solo mentalidad dirigida a la sorpresa  de los sentidos .Antes, discurríamos, desde lo inicialmente captado por los sentidos. Todo pensamientohabía sido,  en principio,  percepción sensitiva. Se empezaba a pensar con los sentidos…Pensar era, prácticamente, sentir meditado. Primero sentías. Luego, sentías que pensabas. Y mas allá, pensabas que sentías.

         El pensamiento abstracto es la mayor concreción del pensamiento. Parece una paradoja. Y es la base primigenia del concepto. Las abstracciones son pensables. Y pensarlas, es, por ejemplo, hacer ciencia o poesía o religión. . .     

 

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EL MISTERI

EL MISTERI

     Yo estaba allí. En medio de lo que  pudo y debió seguir llamándose “La Festa d,Elx” y denominamos hoy el “Misteri”. Seguramente, porque hay mucho de misterioso en su prodigiosa identificación con el pueblo en cuya sensibilidad secular ha podido pervivir como un bien cultural vivo, como una porción de belleza hecha carne de historia, como un acto litúrgico popular y casi callejero, (puertas del crucero abiertas y azul del cielo entrando por las ventanas superiores, haciendo el cielo de vitral de aire), en que se entremezclan templo y ágora, liturgia y tradición, teatro y sacramento, ara y escenario, presbiterio y coliseo, clero y pueblo fiel, toda la iglesia convertida en un medieval corral de comedias, la representación en medio, circunvalada de gentío, silencioso, respetuoso, enamorado, y por encima del conjunto, como un incienso que todo lo impregnase y presidiera, la mas ingenua, sencilla y tierna gracia del cielo asentándose en cada corazón expectante y arrebatado. Yo vivía y escuchaba lo que sucedía. Las voces, blancas, infantiles y las recias, varoniles, abrían grietas de luz en el alma que parecía estar entresoñando aquellas escenas apasionantes. Apasionantes de auténtica y real Pasión. Se oían tracas, a lo lejos, como subrayando cada momento cumbre. Yo sesteaba sueños de cristiandad. Eran las seis de una tarde de calor justiciero. El Misteri me penetraba, me incluía, me absorbía y arrastraba y yo me dejaba tomar, con los vellos de punta, viviendo en una historia viejísima desde mi hoy y ahora adormecido e inundado.

         Setecientoscincuenta años de historia. Tres tercios de milenio. En Elche el tiempo es largo. Ciudad bimilenaria. Jaime conquista las ciudades y sobre cada mezquita eleva una iglesia, siempre dedicada a Santa Maria, la Virgen de la Asunción. La “dormida”. Todo el siglo XIII es “dormicionista”. El siglo del rey Jaime. Y el siglo de sus Vírgenes de la Asunción, de sus nuevos templos, todos, de Santa María. Yo, en el siglo XXI, no dormido o adormecido sino soñando despierto y no creyéndome lo que vivía en plena reconstrucción piadosa. Cultura palpitante, erudición chiquita, voces angelicales, argumento elementalmente teológico que roza lo sublime, divino culebrón en dos partes, con un día por en medio. La última porción de vida de la Virgen. Su deseo de “dormir” para recuperar al Hijo, manifestada a las Marías y los ángeles y, luego, a los apóstoles. La asistencia de estos, venidos, milagrosamente, por doquier. La preeminencia de Juan, su padre adoptivo desde la Cruz, “el de la palma”, pese a la presencia de Pedro, el “jefe”. La “dormición”, la guarda honrosa de su cuerpo, la subida de su alma, que baja un ángel del Cielo a recoger. La bajada al día siguiente, para reinstalarla en su cuerpo y subirla, gloriosa y coronada a medio camino, hasta el lugar del Hijo. El episodio hostil de los judíos, enseguida ganados a la causa…La elementalidad hecha un corpus de litúrgica cultura, belleza literaria y  grandiosidad musical. Un bien inmaterial de la Humanidad entera, Patrimonio, desde ya, de todos los hombres de todas las tierras.                                                                                    

         Datan esta joya entre los siglos XIV y XV.  Estamos, pues, ante una obra de arte con medio milenio de antigüedad, escrita y cantada en un valenciano viejo de expresiones bellísimas como aquella que llama a parir o tener el Hijo, “infantarlo”. Conservada maravillosamente por la sensibilidad religiosa y el buen gusto artístico de un pueblo excepcional, el que apacienta millares de palmeras, como un Olimpo de palmas, un océano de manos estrelladas y verdes, un universo de homenajes. El palmeral inmenso de todas las palmeras. Palmeral de palmeras que se diría en ponderativo hebraico. Como Rey de reyes o cantar de los cantares.

        Me calaba, me impregnaba, el auto sacramental, el drama litúrgico, musical religioso, la singular y extraña “opereta” de Dios. La música del Misteri, una música absolutamente misteriosa, me acariciaba el alma. Me tenía como en andas. Me metía en ella, en si misma, y me envolvía e incorporaba trascendentemente. Bellísimas las canciones de la Vespra, aquel gregoriano de voces blancas, desarrollando unas melopeas mediterráneas, árabes, griegas, isleñas, que saben a flamenco en la prolongación de las vocales y en el arrastre de los sonidos repetidos. Se producía eso que los del sur, metidos en faena lúdica, llaman “el duende”. Los cantos de san Juan, llenos de grandeza, me ponían recia la disposición intelectual. El Ternari, bellísimo, conjunto de barítono, tenor y bajo, entremezclando sus voces como en una armonía salomónica y retorcida y columnaria, interpenetrada, envolvente, sonando a un solo triple, me producía la impresión de estar escuchando, cantando armoniosamente, a la  mismísima Santísima Trinidad. Cantándole Los Tres, en Uno, a la Madre. Y los coros de la Festa, ya todas voces viriles excepto en la subida y bajada del Araceli, en que continua el semigregoriano blanco, blanquísimo, dulce y embriagador de los angelillos que bajan el alma de la Virgen y suben luego a la Madre de Dios despierta, hasta su coronación emocionantísima y desaparición final entre los cielos, arrebataban todos mis sentidos. Cantaban los apóstoles, Tomás, recién llegado de su India (este Tomás siempre o dudando y teniendo que meter la mano comprobadora entre llagas cicatrizadas o llegando tarde a lo grandioso) y cantaban  los judíos, primero en la reyerta y luego en la conversión. Y a mí me parecía cantar entre ellos, de puro emocionantemente concernido que me sentía por el sonoro encantamiento.

          Yo creía haber cambiado el mundo actual, reciente, contemporeaneo, por un puñado de antigüedad o historia. Y vivía lo cambiado. Y participaba en su realidad. El Misteri me incluía en su prodigio de elegantísima ingenuidad, de recia ternura, de popular integración, que ocurre entre el pueblo y para el pueblo y en el que el pueblo  participa Y yo era ese pueblo. Pocas emociones he sentido en mi vida como la del momento de la coronación, abiertas las puertas del cielo, cayendo una lluvia de oropel  sobre las docenas de brazos de discípulos y judíos elevados a Lo Alto, un mar de manos abiertas, como picos o realces de la corona del conjunto humano, que asiste a la coronación de la Virgen, mientras asciende la Señora, viva, ya coronada, a reunirse con su Hijo.

       Aquí todos mis azules se me acumularon  y se me hicieron, indefectiblemente, elcheros, indefectiblemente, ilicitanos. Elcheros de por vida. El misterio azul de la Virgen azul, bajo las ventanas abiertas, azules de cielo, entrando en el techo azul por la portezuela mecánica dispuesta por el montaje escénico. Más concernido, como ya tengo dicho, por el azul, que nunca. Vivía el Misteri haciéndome cristiano y elchero del siglo XIV. Como si volviera a unos orígenes gloriosos impresionantes. Desde una ciudadanía culta y prestigiosa que cuida y venera sus tradiciones. Una sociedad civil y religiosa que había hecho de su buen gusto un milagro de sensibilidad y de su sensibilidad una obra de arte, a lo largo de la historia.

        El Misteri, ese bien cultural, ese tesoro espiritual, esa joya impalpable, ese primor moral mas allá del tiempo, gala del alma inmediata, disponible, me apartó de todo durante dos dias, 14 y 15 de Agosto, que viví como uno solo, desaparecido todo el resto previo y la doble asistencia, resumida en una sola vivencia. La Dama se toca. Tiene cuerpo, forma, dimensión.  Realidad material. Se puede llevar y traer. Traer, parece que un poco menos. Las palmeras se trasplantan. El Misteri  incorpóreo, inmaterial, todo espíritu, idea, concepto piadoso, querencia, amor, devoción, sentimiento puro de sentimiento puro, se me hacia misterio propio, misterio intimísimo, carne de mi alma y alma de mi vida espiritual. Impalpablemente real. 

        Yo, ya lo he dicho, tengo muchos pueblos. Soy rico en geografías. La de  Biar, donde nací. La de  Novelda, donde se consolidó mi infancia. La propia de Madrid, donde transcurrieron juventud y principio de edad adulta, y tuvieron lugar todas las cosas importantes de mi vida, estudios, boda, hijos, comienzo de mi actividad periodística y literaria, milicia, muerte de mi madre, que allí descansa. Ahora, por  propia designación, me hago elchero, si Elche me acepta, por devoción. No es que me lo haga yo. Me lo ha hecho la integración en su Misteri. El Misteri me ha dado certificado de origen y código de barras. A ver quien me quita el titulo. Elchero orgulloso, coparticipe de sus misterios, por los siglos de los siglos…

       Yo escuchaba. Nunca serán del tiempo las cosas que oía. Eran de la eternidad. Pero escuchaba unos cantos y unas melodías absolutamente irrevocables. Como si me oyese a mí mismo en ellas. Como si yo mismo fuera Misteri, fuera angelillo, o judío o apóstol, o el Juan, “amado”, el de la palma alzada, que no se arrodilla nunca, como si fuera reumático. Por las altas ventanas, seguía entrando la luz azul de la tarde joven y el calor del medio Agosto. Ahora escribo pero me perece seguir en la misma disposición. Escribe el tiempo. Describe la historia. La historia con-vivida.  Escribe mi piadosa comunicación con lo oído y vivido y participado. Escribe el misterio de mi asuncion del Misteri. Inundado de belleza, de altísima hermosura, de ternura humildisima, de ingenuidad trascendente y celestial. Y de una musica que suena como las acordadas melodías que suponia Fray Luis entre los astros. He vivido las mecánicas estrategias de un montaje celestial y el desarrollo rústicamente primitivo de un drama sacro intemporal, con el mayor interés intelectual de que soy capaz, en esa especie de duermevela de mí sesteado sueño elchero, a la seis de la tarde veraniega, entre el calor del ambiente y el gentío, atemperador de mi realidad irreal, de mi inclusión paisana, recientemente paisana, entre mis nuevos hermanos elcheros, trabajadores y protagonistas del prodigio. Decía Fray Luis” Cuando contemplo el cielo, de innumerables luces adornado” y diría yo, cuando contemplaba la coronación, el cielo fingido y abierto, las citadísimas ventanas de azul real y celestial en lugar de vidrieras y las innumerables luces de la dorada lluvia dorada, entre los brazos múltiples y alzados a lo alto de angeles, apóstoles y judíos, y me sonaba casi a lo mismo. Porque el techo de la iglesia es el cielo por donde se cuela al Empíreo María, santa María, la adormecida y nuevamente renacida y despierta. Las circunstancias extrañísimas de mi rara disposición de espectador, me han hecho vivir este Misteri no como un espectador de un Agosto de tercer milenio, sino como una parte integrante e integrada del drama sacro, de la presentación litúrgica, ellos, desde el centro escénico, junto al altar y yo desde una silla en el palco del Ayuntamiento. Creo que nunca volveré a ser el mismo. Porque el Misteri me ha misteriosamente transformado. Yo siempre he tenido fe. Y esperanza. Ahora tengo una inundación de amor. Caridad a raudales. Y se la atribuyo a esa transfusión de belleza, piedad, emoción religiosa y fruición cultural, que me ha propiciado el Misteri. Hasta, repito, convertirme en devotísimo elchero, desde hoy hasta cuando Dios quiera y disponga. Hasta que yo, tambien, a través de mi modesto misteri personal, llegue, como espero, junto a Él  y  la “adormecida” despierta para la eternidad. Su Madre y la nuestra y la que fué solamente mía, cuyo reencuentro será la alegría de mi muerte…Cuando Dios disponga…

          Algunas expresiones del anciano valenciano a veces, alternado con el latín, son singularmente seductoras. Como la que, según ya he consignado, llama al parir o dar a luz, “infantar”, traer el mundo un infante. Se da cuando los apóstoles, convencidos de la buena fé de los judíos, ya reducidos y queriéndose hacer perdonar,  les exigen que manifiesten su fé en la virginidad  de Maria, con estas palabras : “ Prohómes  jueus, si tots creeu /que la Mare del Fill de Deu /Tostemps fon verge, sens dubtar,/ans e aprés d,infantar”… Véase la finura de la significación de la Virgen, como “Mare del Fill de Deu”. Madre del Hijo de Dios. Equivale, casi, en una delicada y entrañable extralimitación teológica, a llamarla esposa de Dios, como hará, el texto, en otra parte. Aún, parece, no había comenzado la costumbre, exclusivamente valenciana de llamar, casi siempre, a la Virgen, que es solo la Virgen en el resto de España, en  cualesquiera  de sus advocaciones, por sistema, prácticamente, por sistema, La Mare de Deu. Y hasta, hermosísimamente, en el más grande diminutivo del mundo de las lenguas todas, la “Maredeueta”.

          La Madre que quiere morir para encontrar al Hijo, dice, maravillosamente, recorriendo el pasillo inicial del acto “ Trista de mi! Jo qué faré / Lo meu car Fill, cuan lo veuré? “Y ya junto al “cadafal”, en el centro escenarial, añade: “Gran desig m,a vengut al cor / del e meu car Fill ple  d,amor/ tan gran que no o podría dir/ on, per remei, desig morir”..

         Adviértase la finura intelectual y propiedad dramática de llamar a la Virgen Madre del Hijo de Dios. Mare del Fill de Deu.  La escena ocurre en la segunda mitad del siglo I. La Virgen María no será proclamada, dogmáticamente, Madre de Dios, hasta el siglo V, año 431, en el Concilio de, precisamente, Éfeso, la ciudad en que transcurren los hechos del Misteri, en la que ella residía en casa de Juan el más amado, a quien cede, al subir al cielo, la palma que este ya no abandona jamás, ni ante su jefe San Pedro. La ciudad de la tierra desde la que sube al cielo en cuerpo y alma. La Madre del Hijo de Dios. Como si hubiera sido uno de esos que ahora se dicen vientres de alquiler…Los autores del drama, situándose en el tiempo auténtico de la acción, manifiestan una finísima cultura y un respeto teológicos de primer orden. Y un atrevimiento conceptual no menos excepcional. La cosa ocurre cuando la Virgen no era todavía la Madre de Dios. Y los autores, que escriben el texto cuando ya sí que lo es, la tratan como lo que aún, en aquel entonces relatado, no era, oficialmente. Me parece grandioso. 

      Qué auténtica bendición de la mayor gracia bendita esta joya alicantina, que brillará por encima de los siglos de los siglos, llenándonos de gloria y admiración universal. 

 

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DEL PENSAR

                                              DEL PENSAR

       Pensaba que no podía pensar. Que el pensamiento no le servía para pensar. Que lo pensado es pensamiento, pero no su fruto. Que el pensamiento no piensa, no obstante lo cual, lo pensado es pensamiento…Entonces, ¿con qué cosa pensaba lo pensado? Si hubiera sabido contestarse , la respuesta habría sido consecuencia de un modo de pensar…La respuesta seria un pensamiento…Ya estábamos otra vez con el efecto pero ¿ y la causa?  Pensar produce pensamientos. Bien, pero ¿cómo se piensa?…Pues, (no tuvo mas remedio que admitir el atajo) se piensa, pensando. ¿De qué otro modo, si no?  “Pienso, luego existo”, dijo don Renato, el de las abscisas y las coordenadas. Yo le diría, mejor, que existo porque pienso.

          Sin perjuicio de que, dado que somos máquinas de comer y reproducirnos, también podría haber dicho el monsieur, “Coito, ergo sum.“   

 

 

 

 

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LOS REYES CATÓDICOS

LOS  REYES CATÓDICOS

       Era un príncipe, ya talludo, que se resistía a casarse,  preocupando con su conducta a sus padres, los reyes, y a los súbditos de su Reino, en general. No cumplía con su prácticamente única obligación, la reproductora, en aquella granja dinástica en la que solo parían sus hermanas las infantas. Hasta que un día descubrió a su cenicienta en la pantalla de la televisión. Era la presentadora del telediario principal, del príncipe de los telediarios, el de las 9 de la noche. La imagen tanto tiempo soñada, se la encontró asomada a la ventanita de la que llaman caja tonta. La joven era muy hermosa. La cámara se enamoraba de ella y el príncipe se enamoró del amor de  los focos. Luego, todo fué tan rápido, anuncio, petición de mano y demás protocolos, que ni tuvo tiempo la bella profesional de darlo como noticia en el último de sus telediarios. Periodista como era, y buena, se quedó sin protagonizar la  primicia de su propio enamoramiento y compromiso..Ya no comentaría más el discurrir informativo dela Historia. Desdeahora, empezaba a hacerla ella misma…

 

 

 

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METAFÍSICAS

                                       METAFÍSICAS…

       Discutían la Naday el Ser. Dijo la Nada: “Yo soy tu déficit”. A lo que objetó el Ser: “Y yo tu plenitud, tu Todo. Sin mí, tú no puedes ni ser pensada. Es más, desde tu real realidad, la de tu presunto absoluto vacío, no podrías decirme nada, porque yo no existiría. Este propio diálogo te desautoriza. ”A lo que arguyóla Nada: “En el supuesto, porque esto no son sino abstracciones mentales, de que yo, realmente, esté hablando con algo que tenga entidad. De que, además, desde la Nada, se pueda expresar algo. De que la Nadapueda dar de sí, cosa alguna. Que ya sería un algo.” “Y ese algo sería yo”, añadió el Ser, recrecido. “ “En el supuesto de que tuvieras que deberme tu entidad”, insistió la puñetera… 

 

 

 

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RAZONEMOS

RAZONEMOS

 

         La ciencia calcula, experimenta y prueba. Crea mundos de realidad.  La filosofía reflexiona y levanta universos  de pensamiento. La poseía siente y ensueña. Crea, como jardines, zonas de belleza y armonía. Lo que prueba y concluye un teorema, lo medita y hace lógico un silogismo y lo hace hermosoy sensible una metáfora. Inteligencia, razón, sentimiento. Ética y estética íntegras del ser humano, hijas de su mente, su razón, su coraje y su alma…

         El pensamiento abstracto no tiene inspiraciones. Yo puedo emocionarme con el binomio de Newton. Llorar con Mozart. Reírme con Cervantes. Hay una matemática de la sensibilidad  que escapa a toda normativa.

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OPORTUNAMENTE

                             OPORTUNAMENTE

 

         Se debería morir, solo, por propia determinación. Determinación de lo terminado. No digo, suicidarse, sino tomar la decisión y pedirla a Lo Alto, cuando cumplidos todos los plazos y agotada toda justificada esperanza, resultara hasta íntimamente ecológico…Cuando lo contrario, pareciera impresentable…Porquevivir siempre, sin remedio posible, siendo, en una palabra, inmortal, también sería una triste gracia…De todo hay que descansar…Que fuera como decir, “Señor, ¿no te parece que ya está bien?”                                                                                                          

        De todos modos, la vida es muy corta y la inmortalidad muy larga. Aquí falla algo…Porque lo efímero es casi eternamente nulo. Somos, decimales de eternidad. Aquí, ahora, casi no somos……          

 

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EL PORTATIL, MAL LLAMADOL MOVIL

EL PORTÁTIL, MAL LLAMADO MOVIL

 

         Con el  portátil, me esclavizo a la comunicación. Ya no me libro, como antes, del teléfono, ni saliendo de casa. La calle, el mundo, ya no son mi burladero. Hablar en público, por el móvil, es como confesarse a gritos.

Yo diría que hasta un detalle de mala educación.              

        Por culpa del telefonino ya soy un hombre localizable. Eso es una pérdida de libertad e independencia. Claro, que puedo llevarlo apagado. Pero eso es como sentarse en un coche sin gasolina o no fumar pero llevar cigarrillos.

             Lo que más me molesta del chisme es que no se donde llevarlo. Porque no soy partidario de la mariconera. No me gusta andar por ahí con bolsitos o pequeñas mochilas. ¡Estaría bueno!  En el bolsillo de la camisa, me cuelga como una teta. Y en el del pantalón, me golpea la entrepierna como una pistola.                                                                                                                 

           El móvil te convierte en una pared arrancada, que circula.

           No puede ser normal una conexión desconectada. Es como un estar sin ser.

             Si fuera para mi único uso, en una necesidad…Pero resulta, mas bien, que es para que los demás lo utilicen contra uno, donde quiera que esté. Es una libertad renunciada. Una servidumbre voluntaria por la que, además, se paga…

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LA VOZ DEL SEGUNDO DÍA

Era una tarde de invierno, dura, en Novelda.  Segundo día de Navidad.

En Novelda, a unos doscientos metros sobre el nivel del mar, un cierto grado de humedad que le presta un río prácticamente inexistente, hay días de invierno muy fríos. Si no para el termómetro, sí para la piel humana. Aquel era uno de esos, además de gris y ventoso. Tenía lugar un entierro.  Entre la varia casi muchedumbre, pese a lo inclemente del día, acudieron dos amigos, Gaspar,  espiritista y hombre de extrañas manías y prácticas y Heliodoro, cartero, a despedir al tercero, muerto. El campo santo, inhóspito, parecía más cementerio que nunca.  Concluida la ceremonia, el trabajo de los albañiles, aislando al que se fue hasta con ladrillos y yeso, antes de la caída definitiva de la lápida, Gaspar, aterido, sin avisar a nadie,  se introdujo en la caseta del camposantero, a calentarse un poco en su chimenea de leña, mientras  Heliodoro curioseaba por entre las tumbas. Esta cotillería del vivo entre los muertos, muchas veces con su retratito de porcelana, evocador, junto a la constancia histórica de las fechas. Viendo y juzgando el aseo de las tumbas o su descuido. Absorto, el cartero oye una voz fuerte, que no era floja la de Gaspar, pero emitida más recia, como para ser oída desde fuera, quien sabe a qué distancia y además, afectada por la resonancia de su origen cerrado: “¡Liodoroooo!”.(Asi llamaban a Heliodoro entre los amigos, Liodoro). Heliodoro, da un respingo y exclama, “¡Colló!”. ( En el pueblo, la interjección se usaba, defectuosamente, muchas veces, en singular. Semi castrada). Mira a izquierda y derecha, se da la vuelta, y no ve nada ni a nadie. Se le recompone un poco el ánimo y sigue con su paseo curioso y  observador y ahora, algo mosqueado. Luego de un breve espacio de tiempo, se repite la llamada desde la caseta del sepulturero :”¡Liodorooo!”….

Ya no hubo más “collons”. A todo correr, el cartero alcanzó la puerta del Campo Santo y no se detuvo hasta la altura de las primeras casas del pueblo, cuando ya casi anochecía. Tenía buenas piernas, que entonces, los carteros, repartían el correo a pié, casa por casa, recorriéndose todo el pueblo.

Gaspar, el espiritista,  regresó solo, claro. Y muerto de risa por lo que se imaginaba sobre la  desaparición, no pretendida por él, de su amigo, el vivo. El que se consideró convocado por algún espíritu incómodo, en aquel corral de huesos en presunta paz…

Heliodoro, ante el sencillo belén de su casa, aún no bien repuesto del susto, meditaba sobre lo raro del episodio. En un día de paz y recogimiento, alguien, pensaba el buen cartero, desde Dios sabe que instancias o espacios, le había convocado, a gritos, el segundo día de Navidad. Se colocó nuevamente el abrigo y fue a referirlo a Gaspar, visitándolo en su casa. Gaspar no tenía belén montado. Era ateo y  librepensador.  Escuchó a su amigo la referencia del presuntamente  macabro sucedido y en lugar de tomarlo a broma  y confesarle la verdad del suceso, como tocado por una gracia que no conocía y en la que jamás se le habría ocurrido creer ni pensar, como llevado por una fuerza impropia de su descreimiento e indiferencia religiosa, se apiadó del cartero y le dijo: “Hoy, un día como este, solo podía ser el Niño recién nacido quien quisiera decirte algo. Eres cartero y, a lo mejor, deseaba confiarte algún mensaje para los hombres de buena voluntad.” Gaspar era un coñón, pero esta vez hablaba en serio. Le habría satisfecho, yo creo, que fuese realmente cierto lo que sugería al amigo.

Heliodoro le objetó: “Aquella no era voz de niño, sino ronca y fuerte y como emitida desde un sitio semicerrado y lóbrego. Aunque si hubiera sido la voz de un niño, aún me habría asustado más…”

Todo este intercambio de razones, en valenciano y esmaltado de varios “collons”. Era una gloria asistir a su conversación, el creyente, descreyendo y el no creyente, forzándole a creer.

Insistió Gaspar, como si hablase por su boca de hombre de poca fe nada menos que el Rey de su nombre, empeñado en atribuir al Niño el origen de las voces  y a su amigo el regalo de aquella presunta llamada celestial: “Las   cosas de vuestro Dios son inescrutables. A lo mejor adoptó esa voz de hombre hecho, para acomodarse a la que esperaba de tí, respondiéndole. Tal vez era el Padre Eterno. Me dan ganas de volverme contigo a tu casa y preguntarle al  mañaco del belén qué mensaje quería comunicarte. Que no se diga que yo creo en estas cosas más que tú, que tu dudas, hombre piadoso y buen cristiano y yo, descreído, soy quien tiene la fe. “

El recuerdo del episodio del  campo santo, se confundió en sus mentes y sus almas, y su revivencia, ante el pequeño belen de “en ca Liodoro”, fué como la materialización de un villancico  que cantaron los dos hombres en silencio, meditando sobrela Navidady sus misterios.  No seré capaz de decir que Gaspar se convirtiera, pero el eco de aquella voz, que era la suya, la suya propia, empezó a resonar también dentro de él, como si ante el más santo de los campos de la vida, el de un hogar cristiano celebrandola Pascua, se estuviese produciendo una llamada muy alta, a las puertas de su alma, hasta entonces, relajada y negligente.  Los dos amigos se miraron fijamente, se dieron un abrazo y sin decirse palabra más, se despidieron  con un “hasta mañana” , que ambos, en lo hondo de sus conciencias, sabían que iba a ser distinto..Ya no sería el segundo dia de Navidad. Sería el primero de una navidad nueva y contínua,  que haría  de su amistad, algo distinto y, probablemente, compartida, desde entonces, con el presunto titular de  todas las llamadas importantes de la vida.  ¡Mira que si alguien, desde Gaspar, llamó al propio Gaspar, con su misma voz, aunque dijese “Liodoro”…para recuperarlo, en Navidad, en la familia de los cristianos, para devolverlo, entre tanto muerto, a la fe en el Jesús que nacía…!

Heliodoro se quedó en su casa, ante su belén, mas asistido del espíritu dela Navidadque nunca  y Gaspar caminaba, cabizbajo, hacia la suya, situada en los Garroferets, dudando de sus dudas y como estrenando certidumbres…El Niño, en el belén de Heliodoro, no sonreía, porque era de barro. Pero desde el Cielo,  lleno de ternura,  pensaba en la ocurrencia de aquel  par de hombres mayores,  de Novelda y se sorprendía, una vez más, por los designios de su Padre…

 

 

 

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¡ QUIEN PUDIERA VOLVER A LA SELVA !

¡ QUIEN PUDIERA VOLVER ALA SELVA!

 

         Me repugna el Banco pero lo necesito. Sin él no podría tener agua, luz, teléfono, gas, recibir mi pensión ni  pagar mis impuestos, ni mi Canal  Plus ni mi seguro médico. Tendría que volver al árbol.  La sociedad me impone el trato con entidades que detesto, que, además, me cobrarían hasta por respirar.

       Todas las compañías que me procuran  los servicios indispensables para mi vida en sociedad, hollando mis derechos como cliente, que tanto dicen considerar, se niegan a cobrarme de otro modo. Soy esclavo de mis servidores y rehén  de sus indeseados colaboradores financieros. Una situación odiosa…

        Si son, bancos y empresas que me sirven, la misma cosa, participada escandalosamente. Especulación y mercado. Dráculas de mi sangre en comisiones e intereses. Y soy tan desdichado que no puede vivir sin ellos.

        ¡Que razón tenía, hace tanto tiempo, Diógenes!

 

 

 

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CONFUSIÓN

Leía  a Santo Tomás de Aquino. “ La inteligencia es la cosa humana más amada por Dios.” Pensó en las Bienaventuranzas, en los pobres, los simples, los ingenuos, los perdedores y, como el Tomás evangélico, se sintió necesitado de meter la mano en alguna llaga..

Concluyó que la inteligencia era la cosa más amada por el gordo y sapientísimo aquinense. Consideró que la cosa humana mas amada por Dios era el amor. La inteligencia no era ninguna tontería. Una potencia del alma. Pero el Amor era de la misma sustancia que Dios.

Y pensó, también, que Darwin había leído el Sermón dela Montaña, del revés…

 

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CROMÁTICA ASAMBLEA

                               CROMÁTICA ASAMBLEA

 

 

        Estaban reunidos todos los colores. Debatían sobre sus naturalezas y esencias. A propósito de su varia y copiosa intervención en el orden de las cosas del universo. Todo tenia su color. Hasta, casi, las sensaciones o sentimientos, que se suele pintar roja a la ira, verde a la esperanza, morada a la tristeza y negro al luto o la pena.  Pero ellos trataban de las cosas creadas, de la materialidad objetiva de lo hecho y sugerido por Dios. Dios siempre presente…

        Decía el azul, el falso e importantisimo y omnipresente azul, el débil y frágil azul que apenas existia, pese a que se aplicase su tonalidad  a las cosas mas extensas de la naturaleza: “ Yo soy el color de las cosas más importantes, que no lo tienen. El color de las trasparencias. Soy el color del espacio, del aire, que en si, no lo tiene y el color del agua, el color del mar, que es la máxima representación material de la falta de color… Realidad mentida pero color absolutamente real, que ven los ojos de los hombres. No que lo imaginan….”                                                                                                    

        Dijo el negro: “ Yo soy el color de todo, cuando deja de serlo. La suma de todos vosotros. De todos vosotros que dais el vuestro a cada objeto o ser  de la vida, viviendo. Que cuando muere, todo se viste de luto, todo se ennegrece. Soy, pues, o debo ser, el color de la eternidad. El color resumen, resultado final, definitivamente último.”

        Y cuando le tocó el turno al verde, salió por el siguiente tenor: “ Yo soy el color de la vida. El de la clorofila, esa fábrica de material orgánico y funcional, que convierte la  luz en vida. La fotosíntesis es una máquina que procesa material orgánico, una manera que tiene el sol de hacerse vida en el laboratorio de las hojas. Desde que el mundo es verde hay oxigeno y desde que hay oxigeno hay vida, esa suerte de pequeña combustión que da calor a la existencia…

        Ante estas magnitudes de importancia cromática, el amarillo, el rosa, incluso el propio blanco, que participaba de la transparencia y el azul, que se sentía primo hermano de aquel,  un tono en camino hacia lo azul,  medio azulado, se conformaron con ser los colores que asumen todas las flores, esa tropa de criaturas que constituyen el fondo de mayor belleza de todo lo creado que, además, son el atractivo fecundador y la fase previa de todos los frutos, no se atrevían a hablar. Y el caso es que eran y se sabían, no menos importantes. Y si no, el rojo, el color de la sangre, esa arquitectura liquida que circula, como la savia en los árboles,  por todo el alcantarillado de la vida animal… Pero se callaron. Tampoco se trataba de un debate acalorado…

        Era un primor ver a tantos colores, a todos, reunidos y diferenciados, (más rico aun el conjunto que un paisaje manchego en primavera) , bien avenidos, tratando, sosegada y respetuosamente, de sus asuntos…

 

 

 

 

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APACHE

 

 

 

                                    APACHE

     Era un indio americano, del Norte. De los poquísimos que quedaban. Hombre observador y dado a filosofar, se decía, mientras fumaba su pipa y asistía al desarrollo de la nueva sociedad  americana:  “ Es asombroso asistir al modo espectacular como estos  hombres blancos, venidos de fuera, que nos desplazaron a nosotros, no quieren aceptar a unos negros, a quienes trajeron a la fuerza… Tiene cierta triste gracia, observado desde los ojos de una criatura testimonial, como yo, residuo de lo que Dios quiso que hubiese en estas tierras…Yo, el único americano, viendo como riñen, en mi país, los descendientes de unos europeos y africanos, que arribaron a nuestras costas a reducirnos a extinción…”

 

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PODEMOS Y DEBEMOS

 

                           PODEMOS Y DEBEMOS

 

         No hay que tratar de mejorar la realidad. Un amanecer es insuperable y perfecto. Un ocaso, no puede ser más grandioso. Hacer más hermosa la realidad equivaldría a querer ser mas dios que Dios. Mejorarle la obra. “Todo embellecimiento de larealidad es una impiedad”, decía Schopenhauer. Sería como orar del revés. Y agradecerle a Dios que nos agradeciese Él a nosotros como habíamos perfeccionado su obra..Lo mejor que se puede hacer con la realidad es respetarla…Es nada menos que real, de realismo y de realeza, de realeza divina…La obra del Rey dela Creación.

        Solo la irrealidad es perfectible. La ficción. La posible obra del hombre. Y ahí sí que se puede ser exigentes y esperanzados. Tenemos dones. Podemos hacer grandes cosas. Adelante, pues. Podemos y debemos.  

 

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