Impulso irresistible

Ofrenda de los vivos a los muertos

Imagen: Colectivo Profesional de Policía Municipal.

Como aún no se ha terminado la guerra que mantenemos contra un enemigo invisible aunque poderosísimo, que sabe más que nosotros (pobres víctimas, que tenemos el corazón y el cuerpo entero en un puño cada vez que citamos la bicha), incluso tiene aprendidos los códigos básicos de la diplomacia bélica en cada uno de los momentos en que los embajadores se reúnen para intentar caminos de esperanza a fin de acortar tiempos y maldades para llegar cuanto antes a un final negociado en donde no haya muertos ni heridos y pronto se pueda izar la bandera de la paz, porque la de la victoria no tiene mucho sentido después de tantos meses de conocerse diplomáticamente y fumarse anticipadamente los puros y las pipas de sabor café, tabaco, chocolate, y a Caribe que tanto molan últimamente. No creo que la gente esté por querer saber (aunque desea conocerlo todo y con minuciosidad de detalle) cuántos millones de dólares o euros gastados o invertidos entre viajes, alojamientos, comidas y sirvientes se han desarrollado las negociaciones). Lo que cuenta es que nuestros obuses de medicamentos destructores han debido de ser la mar de eficaces, pensando principalmente en el acortamiento de tiempos, tras unos meses de hospitalización de primera clase en los mejores hospitales de este país, desde donde se nos han ido al otro mundo unos cuantos miles de nuestros soldados de vanguardia (que estaba en tal destacamento por razón de edad) en una guerra en la que los años son grados.

Las autoridades de este país, empeñadas en que no quede ni olor de pólvora ni más malos recuerdos de los que ya han sido enterrados, se han tomado un nuevo tiempo de prevención, para que así sigan sonando los últimos instrumentos de queja (las caceroladas) puesto que hay quejas sobre gestión y comportamientos, y las tonadas a coro, populares y esperanzadas, que son una mezcla de gratitud hacia los sanitarios que se han desvivido en esta guerra, y de pequeña oración por los que ya se han ido.

Leíamos en un titular de puntual información sobre este particular en la prensa española que, a pesar de los sucesos por los que todas las familias estábamos pasando, “la primavera vino como siempre, abundante, a pesar de no haber tenido primavera”. A la estación más perfumada, florida, abundante y estruendosa en aromas, sonidos, luces y colores no ha habido enemigo que la venciera. La primavera, además de los cantos de las flores y de los ruiseñores, y del siseo de los arroyuelos, siempre se dejaba mecer por el canto de alabanza de las romerías y las excursiones, con sus vivas y con sus acciones de gracias.

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Demetrio Mallebrera

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