Impulso irresistible

Movilización de la buena gente

Fotografía: Truthseeker.

Ya nos gustaría estar celebrando las fiestas de tantos y tantos pueblos y ciudades que han preferido, llegadas sus tradicionales fechas, suprimirlas de momento; y ya el tiempo dirá si esto va a ir mejorando y estaremos en condiciones (morales, anímicas, ilusionantes) de retrasarlas o adelantarlas, o definitivamente suprimirlas por este año tan desafortunado que mejor es que caiga en el olvido de los presentes y de los futuros. Así cuando desde el futuro alguien vea el vacío de estos años veinte se preguntará si es que se habían secado los cerebros de los escritores, poetas y cantantes –acostumbrados que nos tenían a no fallarnos nunca así llovieran aquellas tempestades de los pasados años-, pero es que este año resulta que hasta se ha estropeado el color de moda que debería combinarse en la paleta de los pintores tan buenos como siempre hemos tenido. También tiene que llegarle a la posteridad que esto fue un drama con la gente muriéndose a chorros por las calles que estaban inundadas no sabemos ya si de sangre o de aguas desgobernadas y fuera de cauce. Pero es verdad: si va a resultar que para volver a la normalidad vamos a necesitar más dineros de los que han tenido que gastarse ahora por pura emergencia, no vale la pena invertir ni una peseta más. En eso, además somos muy negativos los españoles de la península e islas hispanas del Imperio romano que miramos con cara de pena las cifras y los billetes que parecen destinados a ser quemados, consumidos, arruinados en forma de cosechas perdidas antes de haberles metido el grano, gran dios de las cosechas de todos los años. Y si no lo ha visto, fíjese usted y verá cómo las fiestas que aún no se han suspendido ya lo están haciendo con decisiones de plenos municipales atribulados.

Ya lo dijimos en otra ocasión; pero creemos que hemos de decirlo otra vez. Que este festival es otra nueva experiencia, otra lección que nos damos a nosotros mismos. Salimos cada día con ganas de aplaudir, de aplaudir a los que saben tener aguante y saben valorar la labor de los currantes de tan delicados asuntos; con ganas de abrazarlos y colgarnos a sus cuellos. No hay que mirar más el futuro cuando el presente está aquí en el portal pidiéndonos a gritos que se muere, que le ayudemos, que le recemos, que le llevemos si es posible al hospital, o a enterrar cuando ya no hay nada que hacer. Estos días nos han hecho pensar como nunca. Y ahora nos va a quedar la resaca y las ganas de recordar, incluso evocar y revivir esos momentos. Porque han sido como signos de los tiempos que llevaban marcados a sangre y fuego eso que ya no olvidaremos: ¡cuánto que hemos pensado en los demás y que ahora los llevamos en la mente!

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Demetrio Mallebrera

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