Al paso

Moral cristiana y ética cívica

Prometía yo, hace una semana, un artículo para reflexionar sobre las coincidencias y las particularidades de la ética cívica y de la moral cristiana. Es un asunto muy complejo y muy sugerente sobre el que se han escrito multitud de ensayos y en el que han hecho incursiones varios Papas además de numerosos teólogos y filósofos (cristianos y laicos) preocupados por arrojar luz a la gente que no quiere pasar por la vida sin buscar respuestas a preguntas trascendentes. ¿Son muchos o son pocos? Son muchos los que critican la corrupción de los políticos que meten la mano en el tesoro público, pero nunca sabremos qué harían algunos de los escandalizados si llegaran al poder.

No faltan ejemplos de políticos críticos con la corrupción y que cayeron en ella cuando alcanzaron el poder, radicalmente enfrentados con los 30 artículos de la Declaración Universal de los Derechos humanos, casi todos los cuales están en consonancia con los diez mandamientos que Dios le grabó a Moisés en las Tablas de la Ley. Es verdad que la civil y civilizada ley de leyes no promulga amar a Dios sobre todas las cosas, pero si proclama el respeto a todas las creencias religiosas y los derechos, que son obligaciones a la vez, para la convivencia en paz y que resumen el mandato divino de amar al prójimo como a tí mismo.

Los diez mandamientos y los 30 derechos. Declaración Universal de los Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948. Treinta artículos que deberían ser de enseñanza obligatoria en colegios de toda España y de todo el orbe. Un extraordinario compendio de moral cívica, que, desgraciadamente, se incumple en casi todos los países y territorios y que desmonta los falsos requerimientos a las libertades de quienes pretenden ocultar intereses bastardos en acciones criminales y, por tanto, punibles. Representantes de más de 50 países de la ONU tardaron casi dos años en elaborar no diez sino 30 mandamientos para poner fin a cualquier tipo de fascismo, incluso de los nazismos que intentan ocultarse en un espurio y mendaz ‘derecho a decidir’, sí, ese al que acuden los políticos trileros, los nacionalistas independentistas de Cataluña y Euskadi junto a compañeros de viaje en otras latitudes.

Imagen: Marusicova

No dice nada del aborto ni de la eutanasia. Sí del respeto a la vida humana, derecho supremo. Pero tras el nacimiento. ¿No son humanos los fetos? ¿Acaso no desaparecerían los humanos si desaparecieran todos los fetos? ¿O apostamos por la clonación? Ésta es otra gran cuestión, por lo que habría que pensar en que la Declaración Universal de los Derechos Humanos necesita una reforma, algo así como la reforma pendiente y necesaria de la Constitución Española.

La religión cristiana, en contra de lo que muchas corrientes laicistas sostienen visceralmente, no sólo está en perfecta sintonía con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sino que añade un plus de enorme importancia: eleva a los hombres a la categoría de hijos de Dios. El Cristianismo no son los cuatro curas (u ocho, da lo mismo) pederastas. Hay que estudiarlo profundamente. No se le ama (como pasa con tantas otras cosas buenas) porque no se le conoce. La ética cívica se completa y se sublima con la moral cristiana.

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Ramón Gómez Carrión

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