Opinión

Monologuistas: humor explícito

Marina Torrecilla durante su actuación en Clan Cabaret.

Que un monólogo consagre el momento cumbre del teatro universal dice bien de la capacidad de atracción de las palabras varias, seguidas, pronunciadas por una misma voz. Oímos “ser o no ser” y sabemos que viene de corrido una cavilación razonada, estructurada, poética, seductora para la inteligencia. A Hamlet le adjudicó Shakespeare el monólogo por excelencia, pero no es el único que ha elevado el teatro a las alturas. Desde los griegos la humanidad ha asistido a admirables parlamentos y a soliloquios que funden literatura y reflexión. Un monólogo en el escenario es sólo campo abierto a intérpretes valientes: porque concentra toda la atención en sus palabras, en la expresión, en sus gestos. Lo demás no cuenta. Por lo pronto, es como si el resto del mundo quedara a oscuras.

Los monólogos son una argucia antigua. Su origen se nos pierde. Y a veces se cuelan diálogos en falso, con ensamblajes de dos monólogos entre interlocutores que no se escuchan. Pero es evidente que los monólogos, aunque sean remotos, han adquirido ahora un reconocimiento actual, agradecidos por el público. Seguramente porque los que se imponen son los humorísticos. Como aquellos que escenificaba Gila, antecedente a subrayar por construir los suyos con el humor inteligente del absurdo.

Frente al monólogo dramático, frente al trágico o filosófico –el de Hamlet, pero también el de Segismundo cuya vida era sueño, o el de Olga a quien Chéjov forzó a proclamar aquello de “pasará el tiempo, y nosotros desapareceremos para siempre, nos olvidarán”, adelanto clásico de la cinematográfica primicia del “todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia” que le anuncia el replicante Batty al policía Deckard en Blade Runner –, frente a estos monólogos del canon se admiten en nuestros días los de humor sin medias tintas. Porque el humor mantiene su acreditación como salida eterna que nos salva, abastecido de risa crítica sobre el modo en que vive cada tiempo.

Y esa diversión ligada al arte escénico tiene durante veinte años su lugar y su sesión en la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos de Alicante. El lugar es Clan Cabaret, y la sesión concentra a monologuistas que escenifican su estilo de ganarse al público. Este año, al cumplir la cita su veinte aniversario, han sido seis mujeres –Tere Arnedo, Marina Torrecilla, Ana Peiró, Olga García, Natalia Bravo, Judith Campo– las que han fundido autoría teatral con interpretación. Invitándonos a reírnos del entorno, a reconocernos como sus habitantes. Practicando en grupo el humor explícito, que es otra gran filosofía.    

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José Ferrándiz Lozano

Profesor universitario de Ciencia Política y miembro de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios. Premio internacional de Periodismo Miguel Hernández. Director del IAC Juan Gil-Albert (2015-19).

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