A deshoras

Mendigos: el “fast food” de la política local

Fuentes: Canal YouTube de Juan José Rosales, Frecuencia Informativa (fotografía izquierda) y Plataforma Change.org (fotografía derecha).

El bipartito de Aspe (IU/PSOE) aprueba una ordenanza de convivencia cívica en la que se establecen multas de 750 euros para los mendigos que rebusquen comida, ropa u otros enseres en los contenedores. Obviamente, un mendigo no tiene ese dinero porque no tiene donde caerse muerto (me repito, sorry). El alcalde de Aspe se llama Antonio Puerto y es comunista: mero dato. Y gobierna con los socialistas cuya portavoz es María José Villa. La oposición (PP/Cs) ha venido a argumentar poco menos que la medida de marras es un atentado contra las personas que sufren riesgo de exclusión social, argumento que comparto. La derecha de Aspe es una derecha con rostro humano y tiene su corazoncito. La pobreza extrema es un problema estructural, y en países civilizados se resuelve con medidas paliativas: servicios sociales públicos, Banco de Alimentos, Cáritas, Cruz Roja… En Alicante, a 20 minutos de autovía, PP y Cs aprobaron hace poco otra ordenanza de convivencia cívica para penalizar la mendicidad, a los pobres/pobrísimos, a las mujeres prostituidas que hacen la calle, y ese tipo de cosas. Podemos (Xavi López), Compromís (Natxo Bellido) y, especialmente el PSOE (Paco Sanguino) vienen poniendo el grito en el cielo en estas últimas semanas contra la insensibilidad del Gobierno local, comandado por el reprobado Luis Barcala al que acusan de autoritario y manipulador. Es más: don Sanguino ha puesto como condición sine qua non para negociar los presupuestos que se revoque la ordenanza contra los parias, parios y paries, con multas de infarto. En Aspe la izquierda monta barra libre para cazar a los pobretones. En Alicante lo hace la derecha. ¿Alguna diferencia sustancial entre ambos casos? Ninguna. Estas pequeñas paradojas de la micropolítica son las que realmente me ponen (de los nervios), más allá de la cansina guerrilla Oltra/Puig, o de la bajada de pantalones de Manolo Mata (portavoz del PSPV/PSOE en Les Corts) que ha tenido que envainársela con la subida salarial (0,9%) para los tropecientos cargos del Consell. Los mendigos, mercadería barata, son el “fast food” de la política local. Alabado sea el Señor, que diría mi estimado Juan Carlos de Manuel. Y por siempre sea alabado.

Coda 1: ¿Qué pasaría si unos okupas se instalaran en el chaletón de Galapagar? Demagogia y humor en estos tiempos de cólera en los que Jiménez Losantos nos previene del Apocalipsis, ¡ay!

Coda 2: Si la edil alicantina de Hacienda, Lidia López, pidió perdón por soltar un bulazo, el cierre de la hostelería, su comandante en jefe, Luis Barcala, debería haber hecho lo mismo. Muerto el perro, se acabó la rabia.

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Antonio Zardoya

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