Al paso

Los robotitos se han vuelto locos

Miembros del Gobierno de la legislatura actual (Fotografía: Pool Moncloa / Fernando Calvo).

El gran robot no cesa en su manipulación para acabar con la España de la Transición y sacarnos (o que nos echen) de la Unión Europea

En definitiva de lo que se trata es de acabar con el Poder Judicial y de que sea el Ejecutivo sociocomunista el que asuma plenos poderes desde un Legislativo en el que el PSOE sanchista y el Podemos comunista de Iglesias, con apoyo de partidos independentistas (alguno heredero y homenajeador de terroristas) lleven a cabo lo que anunció en otro tiempo Alfonso Guerra: “A España no la va a conocer ni la madre que la parió”. La creación de lo que se está denominando nuevo ‘Ministerio de la verdad’ forma parte del entramado político para la consumación de un nuevo régimen dictatorial. Adiós España, adiós. “Libertad ¿para qué?, dijo Largo Caballero, partidario de una revolución como la rusa de sóviets y bolcheviques, dictadura del proletariado, pura y dura. Lo llaman democracia del pueblo y de la gente, pero al pueblo y a la gente le niegan la libertad, la igualdad (a no ser la de la miseria material y especialmente la moral e intelectual) y la fraternidad.

Son robots, pero animados, con ánima, es decir, con alma a mi juicio, si no perversa, poco compasiva. Ya dije, hace tiempo, que Pedro Sánchez parecía un robot. No gesticula ni cuando intenta sonreír, porque no tiene sonrisa, solo prejuicios que han pasado de un socialismo socialdemócrata a un sociocomunismo que no habla de futuro en hermandad sino de vuelta a un pasado de odio y confrontación, aunque siempre utilice palabras como concordia, colaboración, hombros arrimados de todos para construir un país mejor tras la pandemia, un país que no es la España de siglos y de la democracia del 78, sino la que sueñan los comunistas de Iglesias y otros anti-España.

Pedro Sánchez es el gran robot y su consejo de ministros es consejo de robotitos que no cesan en su manipulación para acabar con la España de la Transición, la de la concordia, la de los mejores 40 años de su historia. El robot ni se inmuta diciendo mentira tras mentira sobre el presente y, de vez en cuando, sobre el pasado, como cuando sale a reivindicar la figura de un socialista nefasto y protagonista destacado en los años de la Segunda República, Largo Caballero, al que el Ayuntamiento de Madrid, gobernado por PP, Ciudadanos y Vox le han dejado sin calle en la capital de España (de la que fue concejal muchos años) aplicándole la Ley de Memoria Histórica del PSOE de Zapatero. Le han hecho tomar un poco de su propia medicina y le ha sabido fatal a Pedro Sánchez.

Irritado el robot, ha declarado solemnemente que se trata de una infamia fascista contra quien llegó a ser presidente (como él) de la Segunda República (Sánchez lo es del Reino de España porque aún no ha conseguido llegar a la Tercera República, pero todo se andará si no so se subsana la estulticia de muchos electores). Esto ha proclamado Pedro Sánchez: “Podrán quitar sus placas (también han retirado la de otro socialista guerracivilista, Indalecio Prieto), pero nunca podrán borrar su memoria, en favor de la libertad y la justicia social, del corazón de los madrileños”.

Esta vez, el robot programado para decir lo que dice, ha estado mal aconsejado por sus inspiradores más cercanos, Iván Redondo, Carmen Calvo y compañía. Miren las lindezas que pronunció Largo Caballero (solo una muestra porque hay más y se pueden leer en internet): “Si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la Constitución tendremos que conquistarlo de otra manera” (Año 1933.  La República duró de 1931 a 1939). “No creemos en la democracia como valor absoluto. Tampoco creemos en la libertad” (Declaraciones en Ginebra, año 1934). “Dudo que se pueda conseguir el triunfo desde la legalidad. Y en tal caso habrá que obtenerlo por la violencia. Tenemos que luchar como sea hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa sino la bandera roja de la Revolución Socialista” (Declaraciones en El Liberal). “Tenemos que recorrer un período de transición hasta el socialismo integral y ese período es la dictadura del proletariado” (Noviembre de 1933).

No es de extrañar que su caminar hacia la dictadura del proletariado le llevara a maquinar contra la República gobernada en 1934 por el centro-derecha que ganó las elecciones de 1933. Largo Caballero fue encarcelado acusado de ser uno de los principales inspiradores de la Revolución de Asturias que tuvo que ser sofocada por el Ejército, igual que la minirevolución de Cataluña de Companys.

Con la llegada al poder del Frente Popular en 1936 Companys fue de nuevo rehabilitado y presidió la Generalitat mientras que Largo Caballero consiguió llegar a presidente del Gobierno central, aunque solo durante algo más de ocho meses entre 1937 y 1938. Los últimos años de la vida de Largo Caballero fueron muy duros. Exiliado a Francia, los ocupantes nazis alemanes le enviaron a un campo de concentración del que fue liberado en 1945, pero su estado de salud estaba fatalmente deteriorado y murió en París ese mismo año.

La dinámica en que ha entrado el PSOE desde que Zapatero puso en marcha la Ley de Memoria Histórica ha sido nefasta echando por tierra el espíritu conciliador de una Transición exquisita consolidada por los trece años de Gobierno del PSOE con Felipe González y Alfonso Guerra. Zapatero y Pedro Sánchez se equivocan. No quieren dejar la historia a los historiadores. No quieren que los españoles transiten por nuevos caminos y su flirteo con la extrema izquierda podemita ha propiciado el triste resurgimiento de la extrema derecha. Echamos y echaremos de menos la alternancia de PP y PSOE en el camino fecundo de la Transición. Los dos partidos dieron políticos con alma conciliadora. Ahora abundan los robotitos que se han vuelto locos, robotitos sin alma o, lo que sería peor, con alma malvada teledirigida desde el averno… con el peligro de sacarnos (o que nos echen) de la Unión Europea.

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