Al paso

Los nacionalistas vascos y catalanes no se ríen solamente de Pedro Sánchez

Foto de familia de la XXI Conferencia de Presidentes de las comunidades autónomas de España (Fotografía: Pool Moncloa/Fernando Calvo).

Lo de Pedro Sánchez es muy triste. Y muy indignante. Triste es ver al presidente del Gobierno ninguneado por los dos máximos representantes del Estado en el País Vasco y Cataluña. Se ríen de él y eso sería tolerable si no fuera porque Sánchez, con todas sus limitaciones humanas y políticas, representa a todos los españoles, por más que solo le votaran unos pocos más que al ‘popular’ (esa es otra) Casado. Urkullu y Torra tienen colmillos retorcidos y se las arreglan muy bien para clavarlos en el cuello de Pedro ‘el Insomne’ y ‘el Mentiroso’, lo suficiente para que, sin ahogarlo, les vaya soltando la pasta gansa que el resto de presidentes autonómicos ven pasar por delante de sus narices para olerla, pero sin tocarla, y menos para disfrutarla.

Urkullu no iba a ir a la reunión de presidentes de Logroño. Pero fue y todo el mundo sabe, porque se hizo oficial, que previamente, tras su amenaza, Sánchez le dio, en negociación bilateral de urgencia, lo que pedía: dinero que quitaban a las demás autonomías. Lo más penoso es que esas autonomías están regidas por mequetrefes que no saben, no pueden o no quieren plantar a Pedrito Sánchez y mandarlo al paro aprovechando la crisis del coronavirus.

La bandera del independentismo está llenando de millones las arcas de Euskadi y Catalunya. Sus presidentes sonríen, al menos Urkullu; Torra no sonríe nunca, porque lo han puesto ahí Puigdemont y sus esbirros para que ladre y ladre hasta el fin de sus días que no parece estar muy lejano. Nació como presidente falso y tiene fecha de caducidad. La pena es que no tenga fecha de caducidad el independentismo y menos mientras siga ‘el Insomne’ al frente del Gobierno con la cruz de la bilateralidad a cuestas. Pase que tengamos que soportar eternamente el independentismo xenófobo sin independencia. Pero es insoportable el sometimiento de los jefes de Gobierno de España a lo largo de la democracia constitucional, tanto socialistas como ‘populares’, a los caprichos de los gobernantes de las dos autonomías rebeldes.

¿Es excesivo pedir un poco de dignidad a quienes representan a España? El soberbio y engolado Pedro Sánchez es al caso más significativo del ‘Principio de Peter’. Ha sido elevado hasta el puesto más alto del país por un amasijo de votos de partidos minoritarios, sin que el presidente haya respondido nunca a las expectativas nacionales, sino únicamente a los intereses de sus apoyos: Podemos, PNV, ERC y otros que no buscan precisamente el bien de toda España.

El ‘musum’ (deformación familiar de summum, cosecha propia, de los Gómez) del presidente, tras el fracaso de Logroño, ha sido su reacción a las críticas de los presidentes por su sumisión a Urkullu y Torra: “No puede haber comunidades autónomas de primera y de segunda”. Lo ha dicho. Increíble, pero cierto. Se baja los pantalones ante Urkullu y Torra un día sí y otro también y, a renglón seguido, nos suelta ese axioma de la igualdad autonómica que lleva rompiendo desde antes de la mesa bilateral con el Govern de Cataluña y los chanchullos vascos. Para más inri se chulea y proclama que repartirá los millones de Europa para la reconstrucción de España como a él le venga en gana. No es solo un robot sociocomunista, sino un chulo y un caradura que no obedece a criterios objetivos y de solidaridad constitucional.

Sánchez no vive de realidades, sino de aplausos. “Ande yo caliente y ríase (o muérase) la gente”. Además le ha salido bien la inyección económica europea. Nos tenemos que alegrar por España, aunque eso comporte tener que aguantar la propaganda gubernamental inmisericorde que caerá sobre nuestras cabezas.

No lo va a tener fácil este (des)Gobierno de coalición, dada la situación internacional de la crisis, que no por la oposición, de la que se puede esperar muy poco a la vista de lo actuado hasta hora. Porque, si pésimo es el tándem Sánchez-Iglesias, no hablemos de los partidos opositores. Nunca tuvimos unos políticos tan mediocres en los últimos 42 años, los años de la democracia, que Dios quiera que nos dure otros 42. Pero sin Sánchez, sin Urkullu, sin Torra, sin Puigdemont, sin Junqueras, sin los Jordis y tantos otros que quieren hundir España y pregonan (los muy fementidos y traidores) que lo quieren ¡por el bien de sus hijos!

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Ramón Gómez Carrión

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