Trescientas... y pico

Los ERE y Gürtel que están por venir

De los ERE -también de la Gürtel- se ha escrito y dicho todo. O casi. Pero, a veces con el gallinero tan revuelto por los intereses partidarios del cortoplacismo y el y tu más, puede que se pierda la perspectiva de fondo. Y que ahí sigan, sin respuesta, dos preguntas terribles: ¿Cómo es posible que en democracia haya ocurrido esto? Y corolario de lo anterior: ¿Podría volver a suceder?

Paul Preston acaba de publicar un libro que viene a ser algo así como una crónica de los últimos 140 años de corrupción en España. Su título no puede ser mas expresivo: Un pueblo traicionado: corrupción, incompetencia política y  división social. ¿Demasiado parecido a la realidad presente? Y, en la misma línea, el escritor y periodista alicantino Mariano Sánchez Soler ha reeditado y actualizado su obra Los Franco S.A. Un hecho junto a otro dan que pensar. Y duelen.

Una previa consideración para incautos. La corrupción no es un gen que lleve ADN español. Preston lo ha dicho en algunas de sus entrevistas para promocionar su libro. Quizás el elemento diferenciador nuestro puede que no sea tanto el nivel de corrupción como el nivel de tolerancia social a la corrupción. Habrá que recordar que Camps, Zaplana, Aguirre… ganaron mayorías absolutas en medio del lodazal de corrupción y pillaje del que estaban rodeados.

¿Cómo fue posible que esto sucediera? Seguramente una de las razones que hicieron que la corrupción en Madrid, Valencia, Andalucía, Cataluña, Islas Baleares, Murcia… acabara convirtiéndose en la forma de gobierno fue esto mismo. La tolerancia social. Pero seguramente hubo más. Nada de esto habría alcanzado el nivel que alcanzó sin una previa labor de voladura de todos los diques de contención y control de la gestión pública. Y en esa labor sí rivalizaron los dos grandes partidos que han gobernado este país desde la transición, PSOE y PP.

La criminal desprofesionalización, si se me permite el palabro, el señalamiento público y privado, el apartamiento de funciones, cuando no la persecución política de los funcionarios responsables de controlar y denunciar la corrupción, llámense éstos secretarios, interventores, tesoreros o jefes de área en los ámbitos de la administración municipal, autonómica y de las diputaciones, fue la primera gran decisión que permitió la riada que desbordó la corrupción casi sistémica. Sin esta voladura, sin este señalamiento, todo habría sido más difícil. Ya se sabe que los muros impiden que el agua, o la mierda, desborden. Y estos muros se derribaron a conciencia para controlar desde dentro los procesos administrativos que lo hicieron posible.

Pero esta operación de acoso y derribo no habría permitido la felonía y el latrocinio sin otra pata del mismo plan. Junto a esta voladura del papel de los controladores en las diferentes administraciones públicas españolas, éstas mismas administraciones públicas han padecido la carcoma de la llegada masiva de un ejército de asesores, pesebristas, enchufados y paniaguados, todos ellos nombrados por los partidos que se turnaban en el ejercicio del poder.

Sin ellos, sin esa banda de intrusos en la médula de la administración pública, la operación no habría alcanzado el nivel de latrocinio que, al menos y afortunadamente, vamos conociendo. Y un dato para no olvidar. Todos y cada uno de ellos debían su trabajo y su futuro a las siglas del partido al que decían servir. Esta, si se quiere, fue la mezcla que provocó desde dentro el vasto mapa de la corrupción en democracia y en los que Gürtel y ERE son solo la punta de ese iceberg. Un círculo diabólico donde todo fue posible porque se hizo todo lo posible para que así fuera.

El dirigente de Podemos Pablo Iglesias despachó cínicamente la sentencia de los ERE de la semana pasada con este tuit escasos minutos después de conocerse la sentencia: “El bipartidismo trajo corrupción y arrogancia. Llegarán más sentencias como esta que retratan una época. España ha cambiado y no volverá a tolerar la corrupción. Ahora se abre la oportunidad de defender la justicia social y garantizar la limpieza de las instituciones”.

Es, claro, una forma de verlo. La otra es reconocer que el problema no es, no fue, solo el bipartidismo. Que el problema está en reconocer que el caldo de cultivo que nos trajo aquí -ya saben, tolerancia social, nepotismo, administración paralela formada por la cohorte de enchufados- sigue casi intacta e incrustada a día de hoy en esa misma administración. También donde gobierna Podemos.

De modo que sí. Reconozcámoslo. Los ERE, la Gürtel, el 3 per cent… no son ninguna excepción. Han sido la regla en demasiadas ocasiones. Y pasó porque se hizo todo lo posible para que así sucediera. Y, si nada lo remedia, volverá a suceder. Al fin y al cabo y parafraseando a Preston, ¿qué son 140 años de corrupción en la historia de un país?

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Pepe López

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